Miguel de la Fuente sigue contandonos su periplo en un tren de literas

Emilio C. Colero

Miguel de la Fuente sigue contandonos su periplo en un tren de literas

En un tren litera, como aquellos que, en otra época, daban servicio en España, salimos de Odesa en dirección a Járkiv, 12 horas de viaje para cubrir una distancia de 700 km. La UZ (empresa estatal de ferrocarriles) ha reorganizado una y otra vez su red manteniendo los servicios bajo los bombardeos rusos. El ferrocarril ha sido el cordón umbilical para el éxodo de los refugiados y para la evacuación, sobre todo de poblaciones del este y sur del país. Su papel ha sido enorme, sin precedentes en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. En la estación de Járkiv nos estaba esperando Iván, un joven de 19 años, de casi dos metros de altura, perteneciente al servicio de comunicación del ejército, que también acababa de llegar, en otro tren procedente de Hostomel, una población a las afueras de Kiev, la capital de Ucrania.

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