Francisco Puga no tiene fecha para dejar lo suyo. A sus 70 años recién cumplidos, o “60 y 10” como dice él, el gran impulsor de Delta Vigo, compañía especializada principalmente en aeronáutica, piensa todavía en el corto, medio y largo plazo de su empresa. Aunque tiene el relevo ya asegurado dentro de la familia, planea seguir hasta que el cuerpo aguante. Le gusta su trabajo, y una breve charla con él basta para dejarlo patente. El grupo que preside cuenta con 75 años de historia, una facturación de 50 millones de euros y una plantilla altamente cualificada. Algunos dentro de la firma le llaman “visionario”, pero él rechaza cualquier tipo de alabanza.