A seis metros bajo el suelo, camuflada tras una de las características paredes de la Cidade da Cultura, descansa el corazón digital de Galicia. A pesar del poético nombre con el que la Xunta rebautizó a las nuevas instalaciones de su Centro de Proceso de Datos Integral (CPDI), la finalidad a la que se ha destinado la cola del edificio de Servicios Centrais del Gaiás es mucho más prosaica de lo que su nombre sugiere. Millones de datos y aplicaciones procedentes de todos los departamentos y centros que conforman la Administración gallega están destinados a depender del óptimo funcionamiento de estas instalaciones, diseñadas para funcionar casi como un bunker capaz de resistir cualquier tipo de imprevisto, ya sea por causas naturales o humanas.

Aunque el CPDI empezó a funcionar el 20 de septiembre y está lejos de operar a pleno rendimiento, la envergadura de las instalaciones, pensadas para poder llegar a duplicar si fuese necesario su capacidad actual, impresiona. Y es que el nuevo centro de datos de la Xunta tendrá que aglutinar en un solo edificio todo el material tecnológico e informático necesario para garantizar el funcionamiento interno de la administración a todos los niveles y dar soporte a su amplísima carta de servicios. No en vano los planes son integrar las funciones que actualmente se reparten entre un total de 80 centros de proceso de datos, instalaciones pequeñas y dispersas por toda Galicia sin la capacidad de crecimiento que se le presupone a una administración en la que lo digital cada vez tiene más peso.

De momento y tras seis meses de pruebas in situ, el DOG dixital y la web institucional de la Xunta son los únicos servicios que ya se prestan físicamente desde el Gaiás. Pero una vez que se complete el proceso de "migración" (que tardará en consolidarse unos dos años y tras el cual solo quedarán operativos dos centros de respaldo -en Conxo y San Caetano- para tener por duplicado "los servicios más críticos") el nuevo corazón digital de la Xunta albergará unos 2.000 servidores y más de 3.000 aplicaciones. Así lo explica Adrián Lence, director del área de Infraestructuras y Telecomunicaciones de la Axencia para a Modernización Tecnolóxica de Galicia (Amtega), un organismo que, al igual que aspira a hacer el CPDI, "aglutinó" en su día a todos los departamentos de informática de la Xunta para ajustar costes y optimizar recursos. Esa misma filosofía inspiró al Gobierno gallego a la hora de buscar una nueva ubicación para su CPDI, que por la vía de la eficiencia energética, el ahorro en nuevas infraestructuras y el mantenimiento está llamada a ahorrarle a las arcas públicas tres millones anuales cuando funcione al 100%.

La elección de parte del edificio de Servicios Centrais para albergar el centro neurálgico de las comunicaciones internas y externas de la Xunta no fue casual. Mar Pereira, directora de la Amtega, explica que aunque inicialmente las instalaciones no se pensaron para darles este uso, el Gaiás ofrecía unas instalaciones nuevas, amplias y con capacidad de crecimiento e incluso contaba con algunas ventajas logísticas muy convenientes para el proyecto. La más importante de estas ventajas, según explica Adrián Lence, era la de garantizar al CPDI una conexión eléctrica "por triplicado" ya que la Cidade da Cultura obtiene energía de dos subestaciones diferentes y, a mayores, el Centro de Datos alberga su propio grupo electrógeno, con autonomía "de hasta 24 horas". Este dato resulta fundamental para una infraestructura de estas características, donde una de las "claves" es el suministro. "En el CPDI todos los elementos están redundados para evitar problemas pero en el caso eléctrico están triplicados", explica Lence, que aclara que un "corte del suministro" puede ser fatal y una "caída de tensión" podría hacer que se caigan servicios o se dañen equipos. "Se trata de poner los medios para que si hay algún fallo interno, el ciudadano ni se entere", resume.

La climatología del Gaiás también se ha convertido en un inesperado aliado para la climatización, el otro factor clave para que el CPDI funcione como un reloj. Y es que incluso ahora, que está todavía a medio gas, los pasillos de la sala de servidores desprenden mucho calor. Mantener estas dependencias y los equipos a la temperatura adecuada es una ardua tarea. Para ello, una máquina "enfriadora" aprovecha la temperatura exterior para enfriar el agua, que distribuye después por tuberías a las máquinas climatizadoras para que la conviertan en aire frío. La función de estas máquinas es fundamental ya que, como cualquier corazón, si el CPDI dejase de latir el daño podría ser fatal. "Si fallasen los sistemas de refrigeración de la sala de servidores, en menos de quince minutos la temperatura pasaría de 50 grados", advierte Lence.