Wikelski, profesor del departamento de Ecología de la universidad estadounidense de Princeton, expuso en su ponencia en estas jornadas organizadas por la Fundación Migres y que hoy se clausuran en Algeciras (Cádiz), que las últimas investigaciones apuntan a que las aves migratorias se orientan mediante unas "brújulas magnéticas" de su organismo que "calibran" cada día con la puesta de sol.

El punto del horizonte en el que se produce el ocaso del sol determina cada día el valor del acimut, una medida astronómica que fija el punto cardinal oeste y que observan los marinos para orientarse mediante la navegación astronómica.

Las investigaciones expuestas por Wikelski, realizadas en grandes rutas migratorias de dos especies de pequeños zorzales en EEUU, marcados con radiotransmisores y brújulas a las que se les alteraba el norte magnético, avanzan esta hipótesis.

Con todo, este científico estadounidense admite que la teoría de que las aves migratorias se orientan con el magnetismo de la tierra para encontrar cada año sus zonas de cría o de invernada no se puede generalizar, porque cada especie puede reaccionar de manera diferente o combinar varios métodos de orientación.

Otros científicos, como Ian Newton, del centro de Ecología de Cambridgeshire, no descartan que las aves se orienten con el sol durante el día y con las estrellas, por la noche, aunque esta teoría no explica cómo pueden hacerlo en jornadas muy nubladas.

También llama la atención de los ornitólogos las grandes rutas migratorias de aves marinas, que recorren miles de kilómetros sin ninguna referencia visual terrestre.

Wikelski admite que "aún nos queda mucho por investigar" y que puede que especies diferentes usen métodos distintos para orientarse o que combinen varios, en función de las condiciones geográficas y meteorológicas de sus migraciones.

Lo que sí sostiene este científico estadounidense es que casi todas las especies de aves migratorias estudiadas sólo comienzan su ruta cuando la temperatura supera los 20 grados centígrados y el viento no supera los 10 kilómetros por hora.

Este ornitólogo, impulsor del proyecto Icarus para crear un gran banco de datos mundial sobre las migraciones de aves, sostiene que es importante conocer mejor este fenómeno, porque influye en la vida humana, como demuestra la gripe aviar, por lo que reclama más inversión pública para estas investigaciones.

En su opinión, el uso de pequeños satélites podría ayudar mucho para conocer mejor cómo, dónde y cuándo emigran las aves.

"El seguimiento de las aves y de otros animales por satélite hoy es tecnológicamente posible, ya que existen transmisores que pesan apenas un gramo y emiten durante un año; el problema no es tecnológico, sino económico", concluyó.