En el II Encuentro Técnico sobre Personas Desaparecidas celebrado hoy en Arrigorriaga (Vizcaya), Lorente recordó que la Guardia Civil, junto con la Universidad de Granada, puso en marcha en 1999 como experiencia pionera en el mundo el proyecto Fénix, que ya ha logrado identificar los cadáveres de 181 desaparecidos gracias a la creación de dos bancos de ADN.

No obstante, afirmó que el número de personas desaparecidas encontradas con o sin vida habría aumentado de haber en España una mayor coordinación entre los distintos cuerpos de policía y entre éstos y las fuerzas de seguridad extranjeras.

Este profesor de medicina legal de la Universidad de Granada recordó que, de los cadáveres de las 181 personas que han podido ser identificadas gracias al proyecto Fénix, tres pertenecían a turistas de Inglaterra, Alemania y Noruega, cuyo rastro se perdió de forma inesperada en sus vacaciones.

Además, consideró que las policías españolas carecen de los suficientes expertos en localización de individuos en paradero desconocido y aseguró que, aunque quizás las comisarías de las grandes ciudades puedan tener especialistas en esta materia, faltan en las áreas de menor población.

Este experto en la investigación de ADN mantuvo que la coordinación policial y la especialización de los efectivos son muy importantes por la necesidad de "actuar desde el principio" en la búsqueda de estas personas.

Según explicó, casi el 90 por ciento de los casos de desapariciones se resuelve en las primeras dos semanas desde que la persona perdida ha sido vista por última vez.

Ante una pregunta de representantes de la agrupación de familiares de desaparecidos Inter SOS sobre la necesidad de aumentar el equipo de biólogos que en España se encargan de identificar los 4.500 restos óseos de personas desconocidas, el doctor reconoció que este trabajo se desarrolla de forma "lenta", por lo que apostó por incrementar los recursos.

El director del Laboratorio de Identificación Genética de la Universidad de Granada abogó por la necesidad de que aumente la sensibilidad social sobre las desapariciones como forma de atraer la atención de la clase política y aumentar los medios para resolver los casos.

A su juicio, la atención social sobre este problema se centra en sucesos concretos, como la búsqueda del niño de siete años Yeremi José Vargas, que permanece desaparecido en Canarias, pero no abarca el conflicto de carácter "humano" que supone el hecho de que de continuo falten personas de forma sorpresiva.

También apostó por cambiar las leyes para garantizar que una persona pueda desaparecer de forma voluntaria pero sin causar el "dolor moral y físico" que deja en sus familiares cuando no saben qué ha sido de su destino.