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El hipo, de leve molestia a brutal pesadilla

Este movimiento del diafragma, generalmente benigno y transitorio, puede ser síntoma de otras enfermedades cuando las contracciones son muy persistentes

Radiografía del hipo // UPSOCL

Radiografía del hipo // UPSOCL

A quién no le ha pasado alguna vez estar tranquilamente tomando unas cañas y, de repente, aparece el hipo con su característico sonido. Normalmente, desaparece a los pocos minutos pero, otras, es complicado deshacerse de él y, aunque no suele ser peligroso, sí resulta muy molesto.

El hipo es un movimiento involuntario del diafragma (el músculo que se emplea para respirar), que se contrae de forma súbita. Estos espasmos van seguidos de un cierre de las cuerdas vocales, que dan lugar a un sonido particular: el temido ¡hip!, un gesto que realizamos por primera vez dentro del vientre materno.

Aunque no suele ser peligroso y suele desaparecer tal y como llegó, en los casos de hipo persistente (aquel que dura entre 48 horas y un mes) puede ser síntoma de otras enfermedades. "El hipo casi siempre es benigno y autolimitado, pero cuando una persona acude al hospital por un hipo de larga duración, que puede ser de varios días, lo primero que intentamos siempre es investigar sobre su causa", explica Javier de la Fuente, jefe de Medicina Interna de Povisa. El médico indica que este tipo de hipo prolongado "puede estar relacionado con una pancreatitis, diversas infecciones, procesos neurológicos e, incluso, tumores".

Pese a que desde el inicio de los tiempos se han buscado formas para detenerlo - ya lo hicieron en la Antigua Grecia Hipócrates y Galeno-, no hay una certeza científica sobre cuál es la mejor forma de acabar con el hipo. "Hay maniobras muy comunes que suelen funcionar aunque, en este aspecto, entra mucho la tradición y el folclore", comenta De la Fuente. Así, el doctor recomienda probar con técnicas sencillas como la inspiración profunda y aguantar el aire el máximo tiempo posible, respirar en una bolsa de papel o pegar un susto, siempre que no sean personas mayores. "Hay decenas de medidas curiosas además de estas; un médico inglés asegura que el mejor remedio es tomarse una infusión templada tapándose los oídos, otros hablan de picar hielo y beberlo de forma rápida, incluso hay algunos que apuestan por el masaje rectal y la eyaculación", cuenta el médico. "Todas estas medidas son la primera opción antes de pasar a medidas farmacológicas, que solo son recomendables en caso de hipo persistente y bajo prescripción médica", añade De la Fuente.

Cuando una persona lleva varios días con hipo sufre un estado de ansiedad importante. "En esos casos a veces tenemos que recurrir a sustancias psicoactivas, antidepresivos o anticonvulsionantes, pero siempre debe ser bajo estricto control médico", insiste.

El hipo puede deberse a la irritación del nervio que controla el diafragma. Estas irritaciones suelen producirse por comer demasiado deprisa, en exceso o alimentos picantes o muy condimentados. Estar nervioso, tener irritado el estómago o la garganta, padecer enfermedades que irritan estos nervios, como la neumonía o la pleuresía o incluso por un accidente cerebrovascular o tumor que afecte al cerebro. "Pero, más aún, hay casos de hipo relacionados con las neurosis; es decir, el hipo como un comportamiento neurótico, como una forma de somatización; en esos casos se realizan maniobras de distracción para conseguir que desaparezca", concluye el médico.

Aunque no hay constancia de que en Galicia se hayan realizado, sí hay casos en los que ha sido necesaria una cirugía de ablación del nervio frénico o, lo contrario, para la estimulación de dicho nervio, como único recurso para terminar con hipos en los que no se encontraba la causa.

La contracción más larga de la historia: 68 años

  • La duración media del hipo es de dos minutos, aunque es normal que su presencia se alargue durante mucho más tiempo, resultando verdaderamente molesto. Lo que no podría imaginar el estadounidense Charles Osborne es que su ataque de hipo iba a durar nada menos que 68 años, de 1922 a 1990, lo que le hizo merecedor de entrar en el Libro Guinness de los Récords y protagonista de numerosos programas de radio y televisión. En un primer momento, el ciudadano hipaba alrededor de 40 veces por minuto, un ritmo que se redujo a la mitad y que se detuvo misteriosamente un año antes de su muerte. A pesar de lo molesto que tuvo que ser, Osborne llevó una vida normal; se casó dos veces y tuvo ocho hijos. Por suerte se trata de un caso muy aislado: el hipo persistente o refractario sólo afecta a una persona de cada 100.000.

Javier de la Fuente | Medicina Interna POVISA

"Cuando el hipo es persistente hay que buscar la causa"

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