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Rescate en las alturas: escala un árbol en el Club de Campo de Vigo para salvar a un gato que llevaba cuatro días atrapado

La responsable de la protectora de Nigrán La Isla de Tali, Natalia Rodríguez, escaló el árbol sin «experiencia, conocimientos ni equipo de seguridad: solo guantes, una cuerda y una bolsa para poder bajarla»

Natalia Rodríguez, responsable del refugio La Isla de Tali subida a un árbol del Club de Campo de Vigo durante el rescate.

Natalia Rodríguez, responsable del refugio La Isla de Tali subida a un árbol del Club de Campo de Vigo durante el rescate. / Cedidas

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Este fin de semana el Club de Campo de Vigo, en Coruxo, fue testigo de un rescate de altura. Natalia Rodríguez, responsable del refugio de animales La Isla de Tali, se armó con una cuerda, guantes y valor para escalar un árbol y rescatar a un gato que llevaba 4 días allí atrapado.

Según relata la propia Rodríguez, los trabajadores del club ya habían advertido a distintas autoridades y números de emergencias. En esos días, solo la Policía Local acudió al lugar, pero señalaron que el rescate escapaba de sus competencias. Por su parte, los otros organismos, en palabras de la rescatista improvisada, «respondió que no se consideraba una urgencia y que, en verano, únicamente podían actuar ante situaciones de vital importancia, sin ofrecerles ninguna alternativa».

Durante los primeros días, la gata maullaba sin parar. Sin embargo, el domingo el animal ya no se movía, no respondía y no podían comprobar desde abajo si seguía allí. Sobre cómo llegó hasta ese lugar el animal, los trabajadores del lugar creen que pudo subir asustada por un jabalí, ya que estos animales frecuentan la finca y por las noches aparecen por la zona.

Un rescate de altura

Mientras otros pasaban la tarde del domingo en la playa, a ella y su pareja les tocó un plan algo diferente: «escalar unos diez metros por un árbol, sin conocimientos [...] para salvar la vida de una gata». Es importante recalcar lo de sin conocimiento.

Desde la protectora de Nigrán y a pesar de que, insisten, están «saturados con más de 50 gatos y más de 200 animales en total, sostenidos únicamente mediante donaciones privadas», no dudaron en ir a ayudar. «Cuando vimos la altura, pensé que no sería capaz. No tenía experiencia, conocimientos ni equipo de seguridad: solo guantes, una cuerda y una bolsa para poder bajarla», señala.

Con la ayuda de su pareja, que se encontraba en la base del árbol con una cuerda para darle soporte, la joven escaló entre cortezas y ramas en una subida que no le resultó sencilla. «Me quemé en varias zonas, no paraba de temblar e hiperventilar por el miedo y el esfuerzo, pero sabía que rendirme significaba dejarla morir allí», relata Tali.

Al llegar hasta donde se encontraba atrapado el animal y comprobar que todavía seguía con vida, llegó otra fase complicada en su tarea, asegurar a la gata en la bolsa y emprender el descenso. El felino, asustado por la situación, llegó a romper la bolsa, lo que obligó a la joven a tener que utilizar solo una mano como agarre en varios tramos del descenso.

Con el animal ya a salvo, la rescatista no pudo evitar ponerle un nombre: «La hemos llamado Atenea, por lo que simboliza: valentía, fortaleza y supervivencia». Llegó al refugio deshidratada y «muerta de hambre», pero una vez pasado el miedo del descenso, Atenea «no dejó de ronronear».

Más allá de la emoción del rescate, desde el refugio insisten en querer contar esta historia «porque salvar una vida, aunque sea la de un animal, sí debería considerarse una urgencia». «Una vez más, una entidad privada sin medios ni obligación legal tuvo que asumir un rescate extremo porque, moralmente, sabíamos que si nosotros no íbamos, ella no tendría ninguna otra posibilidad», aseveran.

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