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Italia, primer país en abrir la puerta a permisos laborales pagados para cuidar a mascotas enfermas

Una propuesta de ley plantea reconocer hasta seis horas al año por enfermedad del animal y dos días por su fallecimiento

Visita al veterinario.

Visita al veterinario. / Envato

Marta Clavero

Marta Clavero

¿Se puede pedir una baja laboral porque el perro o el gato están enfermos? En España, de momento, no existe un permiso específico para estos casos. Pero el debate empieza a abrirse paso en Europa y Italia es el país que más cerca está de reconocer por ley este tipo de ausencia laboral.

El Parlamento italiano estudia una propuesta que permitiría a los trabajadores disfrutar de permisos retribuidos para atender a sus animales de compañía. La medida no sería una baja laboral como tal, sino un permiso pagado similar a los que ya existen para determinadas situaciones familiares.

El texto plantea conceder hasta seis horas al año cuando la mascota esté enferma y dos días laborables al año en caso de fallecimiento del animal. Para poder solicitarlo, el perro o gato tendría que estar identificado con microchip y registrado, y el trabajador debería presentar un certificado veterinario que acreditase la enfermedad o la muerte.

Empresas ya incluyen el permiso

La iniciativa refleja un cambio social cada vez más evidente: los animales de compañía ocupan un lugar central en muchos hogares y son considerados por sus dueños como parte de la familia. Algunas empresas italianas ya han introducido permisos similares en sus acuerdos internos, pero la novedad sería convertirlo en un derecho reconocido por ley.

En España, el Estatuto de los Trabajadores contempla permisos por enfermedad grave, hospitalización o fallecimiento de familiares, pareja de hecho o convivientes que requieran cuidados, pero no incluye a las mascotas. Por eso, salvo que lo permita el convenio colectivo o la empresa, quienes necesiten atender una urgencia veterinaria suelen tener que recurrir a vacaciones, asuntos propios o permisos no retribuidos.

La propuesta italiana todavía está en trámite parlamentario, pero marca una posible vía de futuro: adaptar la conciliación laboral a una realidad cada vez más presente en los hogares europeos.

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