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De escapista a solidario: Pinki, el perro gallego que se hizo viral por plantarse en la plaza del pueblo

El animal se hizo popular por sus paseos por libre y su comunidad ha impulsado una tienda de camisetas y bolsas con la promesa de destinar parte a ayudar a otros animales

Pinki con su dueño, el creador gallego Javier Otero.

Pinki con su dueño, el creador gallego Javier Otero. / Instagram

Marta Clavero

Marta Clavero

Pinki tiene fama de hacer lo que le da la gana. Y, precisamente por eso, se ha convertido en uno de esos personajes inesperados que internet adopta con entusiasmo: un perro gallego que, según muestran vídeos difundidos en redes, se escapa de casa para plantarse tan tranquilo en la plaza y disfrutar del paseo a su manera.

La escena -su dueño encontrándose con su mascota después de su excursión improvisada- fue compartida ampliamente y acabó convirtiéndose en contenido viral.

A partir de ahí, la historia dio un salto más: la viralidad se transformó en merchandising. La familia detrás de Pinki, vinculada al creador gallego Javier Otero Mouriño, vecino de Carril y conocido en redes por su vida rodeada de animales (@anubis.dimitri), ha puesto en marcha “La tienda de Pinki”, con camisetas y accesorios inspirados en el perro.

El proyecto se presenta con un enfoque solidario y con el tono gamberro que ha hecho famoso al can. En la web del creador se resume así: «Pinki es un golfo por fuera pero blandito por dentro y quiere ayudar a otros animales a tener una vida digna», y aunque «le encantaría quedarse con los billetes», promete compartirlos con quienes necesiten ayuda.

La tienda ofrece distintos diseños y precios (camisetas y tote bags), y detalla que los pedidos se preparan en un taller en Vigo y se envían con mensajería.

Camiseta con la frase más famosa de Pinki, vestida por su dueño.

Camiseta con la frase más famosa de Pinki, vestida por su dueño. / La tienda de Pinki

Entre el vídeo del paseo por libre y la venta de camisetas, Pinki se ha convertido en un símbolo simpático de esa Galicia de pequeñas historias que saltan de la plaza al móvil. Y, de paso, en una excusa para que miles de personas -las que se ríen con sus escapadas y las que comparten sus clips- puedan aportar a una causa animalista sin salir del carrito de la compra.

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