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Cuando el pelo desaparece: por qué los gatos tienen calvas en la piel

La alopecia felina no suele ser solo estética: detrás puede haber picor por pulgas, alergias, hongos como la tiña o incluso lamido compulsivo por estrés

¿Por qué los gatos sufren alopecia?

¿Por qué los gatos sufren alopecia? / Envato

Marta Clavero

Marta Clavero

Ver zonas sin pelo en un gato es más frecuente de lo que parece. En veterinaria se habla de alopecia, y la clave es entender que no siempre significa que el pelo se caiga: a veces el animal se lo arranca o lo rompe por picor o por lamido excesivo.

El problema, además, es que muchos gatos disimulan el prurito mejor que los perros, así que el dueño puede no ver rascado evidente aunque sí aparezcan calvas.

Las causas más habituales y cómo pintan

Incluyen desde pulgas y ácaros: una sola picadura puede desencadenar dermatitis alérgica en gatos sensibles, con rascado y zonas despobladas, a menudo en el lomo, la base de la cola o los muslos, hasta alergias ambientales o alimentarias, que provocan picor crónico, lesiones en la piel y pérdida de pelo por rascado o lamido persistente. También está la tiña (dermatofitosis), un hongo que suele producir placas circulares con descamación y pelo quebradizo; es importante porque puede contagiarse a otros animales y, en algunos casos, a personas. Otra causa frecuente es el estrés con sobreacicalamiento: algunos gatos se lamen de forma repetitiva hasta dejar áreas simétricas sin pelo en vientre, ingles o patas, un cuadro conocido como alopecia psicógena o autotraumatismo, que se diagnostica tras descartar causas médicas. Y, aunque menos habituales, existen otras posibilidades como la fricción por collares o arneses, tumores cutáneos o síndromes asociados a enfermedad interna; por eso, si el problema persiste, conviene una exploración completa.

Señales de alerta para no esperar

Pide cita si hay calvas que aumentan, costras, enrojecimiento, mal olor, descamación, o si el gato está más irritable o se esconde. También si convive con niños, mayores u otros animales y aparece una lesión compatible con tiña.

El diagnóstico suele empezar con historia clínica y exploración de piel, buscando parásitos o signos de infección; a veces se necesitan pruebas específicas (por ejemplo, para hongos) porque distintas causas se parecen mucho a simple vista.

En casa, lo más útil es no probar remedios al azar (pueden irritar más) y revisar lo básico: control antiparasitario correcto, cambios recientes en el hogar (rutinas, mudanzas, obras, nuevos animales) y si el gato pasa más tiempo lamiéndose.

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