El desesperado adiós de una familia de Vigo para reducir el conflicto en casa: sus gatos no se soportan
Una usuaria busca adopción responsable para Limón tras dos años de intentos de convivencia con Hannah: «Se odian entre sí» y el veterinario recomendó reubicar al macho por el impacto del estrés

El gato Limón. / Facebook
La publicación apareció en un grupo de mascotas de Facebook y, en pocas horas, empezó a sumar apoyos. No era el típico mensaje de «busco hogar» sin explicación: era el relato, en primera persona, de una decisión tomada «con todo mi dolor» y después de agotar, asegura, prácticamente todas las vías posibles para lograr que dos gatos compartieran techo sin conflicto.
La autora explica que vive con su pareja en un piso pequeño y que, hace dos años, decidieron adoptar a Limón, un gato «feral» que, según cuenta, procedía de la calle. En casa ya vivía Hannah, una gata de cuatro años. La idea inicial era sencilla: que se hicieran compañía. La realidad, sin embargo, fue otra.
«A día de hoy no conseguimos que ambos se acepten mutuamente, ni siquiera que se ignoren», resume en su mensaje. Y detalla el origen del problema: «Limón ataca a Hannah en cuanto tiene oportunidad».
El conflicto, siempre según su testimonio, ha ido escalando con el tiempo hasta condicionar la vida cotidiana en el domicilio. La solución provisional fue drástica: dividir la vivienda en dos estancias para evitar encuentros. «Un piso ya pequeño de por sí», añade, convertido ahora en un tablero de turnos, puertas y barreras para que cada animal tenga su espacio sin riesgo.
No fue, insiste, una decisión tomada a la ligera. En su publicación enumera una lista de medidas que intentaron durante meses: dos etólogas distintas, medicación para ambos, reintroducciones progresivas «desde cero», separaciones con metacrilato, malla o verja, refuerzos positivos con premios, feromonas e incluso flores de Bach.

Limón. / Facebook
El resultado, afirma, no cambió la dinámica. «De verdad que ya no sabemos qué más hacer», escribe, antes de reconocer la conclusión a la que llegaron tras consultas veterinarias. «La recomendación del veterinario el último año, debido a las consecuencias del estrés en Hannah, es, tristemente, darlo en adopción».
«No es un juguete temporal»
En el texto, la autora anticipa la polémica y el juicio social que suele acompañar estas decisiones. «Sé que este post va a generar críticas lógicas», admite, al tiempo que intenta contextualizar la medida como un último recurso y no como un abandono.
Su propuesta es una adopción responsable y con seguimiento. Limón, indica, tiene entre cuatro y cinco años, está identificado con chip, castrado y con vacunas y desparasitaciones al día. Y promete apoyo a la familia que lo acoja: «La familia que lo adopte cuenta conmigo para toda su vida», señala, incluyendo ayuda en vacaciones, acogida temporal o apoyo ante posibles gastos veterinarios.

La publicación de la dueña de Limón. / Facebook
También describe el carácter del animal con un tono afectuoso y muy personal: Limón es, asegura, «hiper cariñoso», «bueno con personas», «limpio» y juguetón, con sus «horas de juego loco». El punto de incertidumbre está, precisamente, en lo que ha desencadenado el conflicto doméstico: «Lo único malo, que no podemos asegurar cómo será con otros gatos…».
En su petición insiste en la idea de permanencia: «Es una vida, no un juguete temporal». Y resume el deseo que guía la búsqueda: encontrar una familia «ideal» que lo quiera «como nosotros» y lo cuide con rutinas de juego y atención diaria.
Apoyos, empatía y lágrimas
La publicación no pasó desapercibida. Según explica la autora en los comentarios, decenas de reacciones respaldaron su postura y le transmitieron comprensión ante una decisión tan dura como poco entendida fuera del contexto. En una de sus intervenciones llegó a reconocer el impacto emocional de ese apoyo: que ese respaldo «la ha llenado de lágrimas», agradecida por los mensajes de empatía en un momento especialmente delicado.
«Creo que es una buena decisión, estas pensando en el bienestar de los gatos aunque te mueras de pena, yo creo que es lo mejor para ellos y que es una buena decisión, te deseo mucha suerte», se relataba en una de las reacciones, coincidentes con la mayoría.
El caso ha reabierto, una vez más, un debate frecuente en redes: qué hacer cuando la convivencia entre animales se vuelve insostenible. Ella lo plantea como un dilema entre males, con la prioridad puesta en el bienestar de ambos gatos y, en particular, en el deterioro que el estrés estaría provocando en Hannah.
«Si me ayudáis a difundir o me ayudáis con este tema, os estaré infinitamente agradecida», concluye en su mensaje, abriendo la puerta a dudas y conversaciones en el propio hilo.
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