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Dibujos animados especiales para perros: por qué los peludos se quedan hipnotizados ante la tele

Los puedes encontrar en Youtube y se llaman 'Bluey': ofrecen una paleta de colores compatible con la visión canina y movimiento claro en las actuales pantallas que ya no parpadean como antes

Perros enganchados a 'Bluey', la serie australiana adaptada para la visión canina.

Perros enganchados a 'Bluey', la serie australiana adaptada para la visión canina. / Youtube

Marta Clavero

Marta Clavero

La escena se repite en miles de casas: alguien enciende la tele para que el perro tenga compañía y, de repente, el animal se queda mirando fijamente a la pantalla. En los últimos meses, el fenómeno se ha asociado a un título muy concreto: Bluey, la serie infantil australiana protagonizada por una familia de perros.

En redes se ha hecho viral la idea de que funciona porque sus colores están pensados para la vista canina. La explicación, sin embargo, es más amplia y tiene que ver con cómo ven los perros, cómo leen el movimiento… y con el salto tecnológico de las pantallas modernas.

Bluey no nació como un producto para mascotas. Es una serie preescolar creada por Joe Brumm y producida por Ludo Studio para ABC KIDS, con distribución internacional vinculada a BBC Studios (y presencia en plataformas y canales infantiles según el país).

Entonces, ¿de dónde sale lo de 'para perros'? De un uso cotidiano: dueños que ponen episodios o maratones de Bluey porque notan que su perro se calma o presta atención. Un reportaje de ABC en Australia recogía casos de propietarios que dejaron un maratón 24/7 y volvieron a casa con el perro tranquilo, e incluso totalmente concentrado delante de la pantalla.

A eso se suma el ecosistema de vídeos en YouTube con títulos del estilo “Bluey for dogs” o “dibujos para perros” o "Cartoons for dogs" a veces de varias horas, que prometen entretenimiento canino.

¿Por qué funciona?

Para empezar, los perros no ven los colores como nosotros: distinguen mucho mejor azules y amarillos y bastante peor los rojos y verdes, así que una animación con tonos azules, amarillos y contrastes simples puede resultarles más fácil de interpretar. A eso se suma un factor clave que explica por qué este fenómeno parece más frecuente ahora: las pantallas modernas ofrecen imagen más nítida y más fluida, y los perros detectan mejor que los humanos ciertos parpadeos y cambios rápidos; con televisores antiguos, muchas escenas podían verse menos estables para ellos. Y, por encima de todo, está lo más básico: en Bluey aparecen perros en primer plano, con movimientos claros y estímulos visuales directos, algo que suele captar más su atención que dibujos con personajes muy abstractos o colores menos útiles para su visión.

Aun así, no funciona igual en todos: hay perros a los que les interesa y otros que pasan de largo, y algunos se activan demasiado si oyen ladridos o se excitan con el movimiento. Si se quiere probar en casa, la receta es sencilla: volumen bajo, ratitos cortos y observar si el perro se muestra tranquilo; si se estresa, ladra sin parar o no puede desconectar, mejor retirarlo. En resumen, lo de Bluey no es un truco mágico: es una mezcla de paleta compatible con la vista canina, personajes caninos reconocibles y tecnología de pantalla que hoy les permite seguir mejor lo que ocurre.

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