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Cuando el gato no se queja: señales para detectar el dolor que esconden

Los felinos rara vez se quejan de forma evidente: el malestar suele expresarse a través de cambios discretos en la rutina, el movimiento, el aseo o el uso del arenero

Un gato duerme arropado entre mantas.

Un gato duerme arropado entre mantas. / Archivo El Periódico

Marta Clavero

Marta Clavero

Quien convive con un gato puede pensar que no pasa nada hasta que el problema se agrava. Por instinto, tienden a enmascarar el malestar, así que conviene fijarse más en lo que deja de hacer que en un síntoma aislado. Si antes subía al sofá de un salto y ahora duda, si se mueve con rigidez o evita caricias en una zona concreta, puede haber dolor.

También son pistas el aislamiento, la irritabilidad, dormir más de lo habitual o mostrarse inquieto sin motivo aparente.

Pistas en casa

El aseo es un termómetro: acicalarse menos (pelaje más descuidado) o lamerse de forma repetitiva un punto concreto puede indicar molestia. El arenero también alerta: entrar y salir sin terminar, esfuerzo, maullidos, evitar la bandeja o hacer fuera no debería normalizarse. Además, cada vez se usa más la observación de la «mueca felina»: ojos entrecerrados o tensos, orejas hacia atrás, hocico y bigotes rígidos y la cabeza más baja de lo habitual.

Un método práctico para casa consiste en observar al gato en dos momentos: primero en reposo, durante uno o dos minutos, fijándose en postura, tensión corporal y expresión; después, al moverse. Resulta muy útil grabar un vídeo corto caminando, subiendo a un sofá o usando el arenero. Ese material, además de ayudar a ordenar lo que se ve en casa, suele aportar información valiosa en consulta, donde muchos gatos aguantan todavía más por el estrés del entorno.

Cuándo no esperar

Hay señales de urgencia: dificultad para respirar, decaimiento extremo, dolor intenso, vómitos repetidos o intentos de orinar sin éxito (especialmente en machos). Y una advertencia final: nada de automedicación. Analgésicos de uso humano pueden ser peligrosos en gatos; ante sospecha de dolor, lo prudente es consultar al veterinario y, si ayuda, llevar vídeos de cómo camina, salta o usa el arenero.

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