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«Bebés peludos»: la cultura que convierte a perros y gatos en hijos y el riesgo de olvidar que son animales

Más allá del apodo cariñoso, el concepto engloba prácticas como la celebración de su cumpleaños, ropa y accesorios a la última, interpretar conductas animales como si respondieran a lógica humana o exagerar sus cuidados

Cada vez está más extendida la cultura del 'bebé peludo' o lo que es lo mismo, tratar a tu mascota como un hijo.

Cada vez está más extendida la cultura del 'bebé peludo' o lo que es lo mismo, tratar a tu mascota como un hijo. / TikTok

Marta Clavero

Marta Clavero

La expresión «bebés peludos» (del inglés fur babies) o perrhijo se han instalado en redes sociales, publicidad y conversaciones cotidianas para describir a quienes tratan a sus mascotas como si fueran hijos. El fenómeno no es marginal: España cerró 2024 con alrededor de 9,3 millones de perros y 1,6 millones de gatos registrados, frente a unos 8,0 millones de menores de edad, según una reconstrucción de datos realizada a partir de registros veterinarios y cifras del INE.

En Galicia, el crecimiento del censo de animales identificados también da pistas del cambio de hábitos. El Registro Galego de Identificación de Animais de Compañía (Regiac) supera los 800.000 animales censados, con predominio claro de los perros. En el área de Vigo, el censo canino está en torno a las decenas de miles de animales registrados, en una tendencia que se estabiliza tras el impulso posterior a la pandemia.

¿Qué es exactamente la «cultura de los bebés peludos»?

Más allá del apodo cariñoso, el concepto engloba prácticas y expectativas: celebrar «cumpleaños», crear perfiles de «petfluencers», interpretar conductas animales como si respondieran a lógica humana y, en algunos casos, tomar decisiones de cuidado (dieta, rutinas, intervención veterinaria) guiadas más por emociones humanas que por necesidades etológicas.

En el ámbito profesional veterinario, este giro ha sido descrito como un fenómeno «rentable» que puede empujar a parte del mercado hacia más pruebas y tratamientos, no siempre alineados con el interés del animal. Una obra colectiva impulsada por profesionales de la veterinaria alerta de que el antropomorfismo «alentado» puede derivar en sobrediagnóstico y sobretratamiento, con sufrimiento añadido.

Cada vez son más habituales los 'petsinflucencers'.

Cada vez son más habituales los 'petfluencers'. / TikTok

Por qué puede ser peligroso tratar a la mascota como un hijo

Especialistas en comportamiento animal llevan años advirtiendo que si bien el vínculo puede fortalecerse, al mismo tiempo, puede deteriorar el bienestar del animal si se confunden sus necesidades con las humanas. La Universitat Oberta de Catalunya (UOC) señala que el exceso de «humanización» se asocia a problemas de comportamiento como ansiedad, agresividad y, especialmente, trastornos de ansiedad por separación cuando el animal no sabe gestionar periodos de soledad.

La lógica de «como a un niño» puede traducirse en premios constantes, sobrealimentación, menos ejercicio o rutinas poco estimulantes. Aunque cada caso es distinto, el patrón que preocupa a veterinarios y etólogos es la sustitución de necesidades básicas como olfateo, juego, socialización, exploración por «mimos» que no siempre equivalen a bienestar.

Decisiones médicas no siempre justificadas

El debate profesional sobre la «cultura fur baby» pone el foco en el riesgo de tratamientos de alto impacto motivados por la presión emocional del propietario o por la idea de que lo «más avanzado» es automáticamente lo mejor. La recomendación que se repite en ese entorno es volver a una medicina centrada en calidad de vida y proporcionalidad.

A estos riessgos se suma la posibilidad de sufrir el efecto 'boomerang', ante expectativas irreales y el consecuente abandono. Cuando el animal no responde como el «hijo» imaginado, aumenta el riesgo de frustración y renuncia. En España, las protectoras estimaron más de 292.000 perros y gatos recogidos en 2024, la cifra más alta desde 2020, con «camadas no deseadas», «pérdida de interés» y «cambios de domicilio» entre los motivos más citados.

Claves para cuidar sin «humanizar»

Veterinarios y etólogos suelen resumirlo así: vínculo sí, proyección no. Rutinas estables, ejercicio, enriquecimiento ambiental, socialización adecuada y decisiones sanitarias basadas en evidencia y calidad de vida, no en culpa o comparación con la crianza humana. En un momento en que las mascotas ganan peso en los hogares y en el mercado, la advertencia es sencilla: tratarlas como parte de la familia no es el problema; el riesgo aparece cuando se olvida lo esencial, que no son niños, sino animales con necesidades propias.

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