Bozal, ladridos y ascensor: las normas que deben cumplir los dueños de perros en Vigo y en la comunidad de vecinos
Los canes potencialmente peligrosos están obligados a llevar siempre bozal en espacios públicos, mientras que en las viviendas pesan las reglas de convivencia: ruidos, suciedad y uso de las zonas comunes

Un Pit Bull con correa y bozal. / E. P.
¿Tiene su perro que llevar bozal cuando sale a la calle en Vigo? ¿Y qué pasa con el ascensor, el portal o la escalera de la comunidad? La respuesta no es un simple «sí» o «no» y depende tanto de la normativa estatal como de la ordenanza municipal y de las reglas internas de cada edificio
A nivel estatal, la obligación de llevar bozal se centra en los llamados perros potencialmente peligrosos (PPP), regulados por la Ley 50/1999 y el Real Decreto 287/2002. Estas normas establecen que los perros catalogados como potencialmente peligrosos deben ir siempre con bozal y sujetos con correa no extensible de un máximo de dos metros en los lugares y espacios públicos.
En esta categoría se incluyen, entre otras, razas como Pit Bull Terrier, Staffordshire Bull Terrier, American Staffordshire Terrier, Rottweiler, Dogo Argentino, Fila Brasileiro, Tosa Inu o Akita Inu, además de sus cruces, así como perros que, sin ser de estas razas, hayan sido declarados peligrosos por su conducta agresiva o por sus características físicas.
La reciente Ley de Bienestar Animal, en vigor desde 2023, no ha derogado todavía este sistema: mientras no se apruebe el nuevo desarrollo reglamentario anunciado por el Gobierno, el Real Decreto 287/2002 sigue vigente. En la práctica, esto significa que los perros potencialmente peligrosos siguen obligados a llevar bozal en la calle, parques, plazas, playas y cualquier espacio público en toda España.
Qué dice la ordenanza de Vigo
En el caso concreto de Vigo, la Ordenanza municipal para a protección e tenencia de animais fija una regla general para todos los perros: en las vías públicas, los animales deben ir siempre sujetos con correa o cadena y collar. El uso de bozal, sin embargo, no es obligatorio para todos por defecto. La norma prevé que el Concello pueda exigirlo cuando las circunstancias lo aconsejen y mientras duren esas circunstancias, por ejemplo en campañas puntuales, zonas concretas o para un animal determinado.
Distinto es el caso de los perros potencialmente peligrosos. La ordenanza viguesa considera infracción grave que un perro de este tipo esté en lugares públicos sin bozal o sin estar sujeto con cadena o correa adecuada. Para estos animales, la obligación es clara y doble: bozal obligatorio en la vía pública y espacios de uso público, y correa o cadena no extensible, de longitud reducida.
A estas exigencias municipales se suman las que marca el Estado para toda España: los propietarios de PPP deben contar con licencia administrativa específica, un seguro de responsabilidad civil y cumplir con las medidas de seguridad cuando salen a la calle.
No todos los perros grandes tienen que llevar bozal
Una duda frecuente entre los dueños es si los perros de gran tamaño o de determinadas razas no incluidas en la lista estatal están obligados a llevar bozal. Hoy por hoy, en Vigo no existe una obligación general de bozal para todos los perros grandes. Solo estarán obligados a llevarlo cuando sean perros potencialmente peligrosos según la normativa estatal o hayan sido declarados peligrosos por su conducta, el Concello de Vigo emita una orden o instrucción específica para un animal concreto, una zona o una situación determinada, o así lo establezcan las normas internas de un lugar privado o servicio (por ejemplo, determinadas clínicas veterinarias, residencias caninas o empresas de transporte).
En el transporte público, además, la normativa aplicable depende de cada operador (autobuses urbanos, interurbanos, trenes, etc.), que puede exigir bozal a perros de cierto tamaño o limitar el acceso a animales que viajen en transportín.
Perros y comunidades de vecinos
Más allá de la calle, una gran parte de la convivencia con los perros se desarrolla dentro de las comunidades de propietarios. Portales, ascensores, patios, garajes y escaleras se han convertido en el escenario habitual de los roces entre vecinos con y sin mascota.
La Ley de Propiedad Horizontal (LPH) prohíbe que en las viviendas o elementos comunes se realicen actividades «molestas, insalubres, nocivas, peligrosas o ilícitas». Esa cláusula se aplica también a las mascotas: un perro que ladra de manera insistente, genera olores por falta de limpieza, se pasea suelto por las zonas comunes o asusta a otros vecinos puede llegar a considerarse una fuente de «actividad molesta». En esos casos, la comunidad puede requerir formalmente al propietario para que cese la situación e incluso llegar a los tribunales si el conflicto se mantiene.
Lo que no puede hacer una comunidad de vecinos es prohibir sin más la tenencia de mascotas en las viviendas privadas. Las cláusulas de estatutos que vetan de forma absoluta los animales de compañía suelen considerarse nulas por los tribunales
Lo que, en cambio, no puede hacer una comunidad, en términos generales, es prohibir sin más la tenencia de mascotas en las viviendas privadas. Las cláusulas de estatutos que vetan de forma absoluta los animales de compañía suelen considerarse nulas por los tribunales, salvo supuestos muy excepcionales. Otra cosa distinta es que la comunidad regule el uso de las zonas comunes (ascensor, patios, jardines, piscina, etc.) y establezca condiciones concretas para la presencia de animales.
Para los propietarios de perros en Vigo, las claves para vivir tranquilos en su comunidad pasan por conocer la normativa, es decir, revisar la ordenanza municipal sobre animales, las normas internas del edificio y, si es el caso, las condiciones de transporte público que utilicen con su mascota; cumplir las obligaciones legales como poner bozal y correa corta para perros potencialmente peligrosos; correa para todos los demás en la vía pública y tener al día el seguro de responsabilidad cuando sea obligatorio o recomendable; por último, aplicar el sentido común en la comunidad: controlar los ladridos, cuidar la higiene en zonas comunes, respetar el descanso de los vecinos y evitar que el perro genere miedo o molestias innecesarias.
Mientras el debate sobre el futuro de la catalogación de razas y la reforma de la normativa sigue abierto, el marco actual en Vigo es claro: bozal obligatorio siempre para los perros potencialmente peligrosos en la calle y espacios públicos, correa para todos los demás y convivencia responsable en las comunidades de vecinos.
Normas habituales en los edificios
Aunque cada comunidad puede matizar sus reglas en los estatutos o en las normas de régimen interno, en la práctica se repiten una serie de obligaciones de sentido común para los dueños en cuanto al uso de zonas comunes:
- Llevar al perro siempre atado en portal, escaleras, garaje y jardines; no dejarlo suelto ni “aparcado” en el portal o en la azotea. Si el animal es potencialmente peligroso o está obligado por ley, el bozal suele exigirse también en estas zonas comunes, no solo en la vía pública.
- Ruido y ladridos:
- Evitar ladridos continuos, sobre todo en horario nocturno o de descanso. Dejar al perro solo largas horas si ladra sin parar puede suponer un incumplimiento de la LPH y dar lugar a reclamaciones de la comunidad.
- Higiene y limpieza:
- Recoger de inmediato cualquier excremento y limpiar los orines que el animal pueda dejar en garajes, patios o portales. Mantener la vivienda en unas condiciones que no generen olores intensos ni plagas que afecten al resto del edificio.
- Seguridad y control:
- Impedir que el perro se escape a otras viviendas, balcones o terrazas ajenas. En animales con tendencia a morder o asustar, o obligados por ley, usar correa corta y bozal también en el ascensor y el portal.
- Responsabilidad por daños:
- El propietario responde de los daños que cause su mascota, tanto a vecinos como a elementos comunes: desde una mordedura hasta un coche arañado en el garaje. En el caso de perros PPP, el seguro de responsabilidad civil es obligatorio; para el resto, es una recomendación casi imprescindible.
- A todo ello se suma la Ley de Bienestar Animal, que impone mínimos de cuidado: no se puede mantener al perro de forma habitual en terrazas, trasteros o espacios inadecuados, ni dejarlo solo sin supervisión más allá de determinados plazos. También obliga a garantizarle alimento, agua, atención veterinaria y un entorno adecuado.
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