El perro que hizo invencible a un equipo de fútbol de Brasil: «Era él quien ganaba los partidos»
Biriba encarnó en 1948 el amuleto de un Botafogo que volvía a ser campeón de Río de Janeiro después de 13 años de fracasos. El can era la mascota de uno de los jugadores suplentes: se sentaba con él en el banquillo y entraba al campo para favorecer al conjunto carioca.

A la izquierda, Biriba posa para una foto de Ângelo Regato en un periódico brasileño. A la derecha, lidera al Botafogo en su salida al campo antes de un partido.
Un perro consiguió aupar a lo más alto hace casi ocho décadas al Botafogo, uno de los equipos de fútbol con mayor solera de Brasil y vigente campeón sudamericano. Al menos, esta era la creencia del presidente del club carioca por entonces, Carlito Rocha, un hombre profundamente religioso y supersticioso que hizo de la mascota de un jugador su preciado amuleto. Se llamaba Biriba y obró el ‘milagro’ en 1948.
Biriba era un can pequeño de dos años, mestizo y sin dueño, cuyos colores, blanco y negro, coincidían curiosamente con los del Botafogo. Su empedrado camino se encontró con el de Macaé, un defensa del equipo que decidió llevárselo a la pensión en la que vivía, en Copacabana. Una vez allí, la dueña del establecimiento se quejó de que el animal incomodaba al resto de huéspedes, por lo que el zaguero tomó la determinación de mudar al peludo al recinto en el que el Glorioso disputaba sus partidos. Todo ello, con el beneplácito de un Rocha ilusionado con la idea.
«Entraba en el campo, iba para la portería y hacía pipí, y entonces daba suerte, ¡de ahí salió un gol del Botafogo!»
«El presidente del Botafogo era supersticioso, vi que el perro tenía los colores del equipo, lo cogí y lo llevé para el club; fue un éxito tremendo, entraba en el campo, iba para la portería y hacía pipí, y entonces daba suerte, ¡de ahí salió un gol del Botafogo!», comentó años más tarde el propio Macaé a un especial de televisión que le dedicó TV Globo.
Todo ocurrió en 1948 tras un encuentro entre un conjunto de futbolistas que estaban a punto de formar parte del primer equipo del Botafogo y del Madureira, respectivamente. Tras un abultado 10-2 a favor, Biriba asaltó el campo como si también desease celebrar la victoria. Esta reacción convenció a Carlito Rocha: ya tenía su amuleto perfecto para la formación sénior en el Campeonato Carioca, el que disputan las escuadras del estado de Río de Janeiro, de enorme importancia antaño.
Desde ese instante, el cachorro ‘fichó’ por el club brasileño. Cada fin de semana, pisaba el césped junto a los jugadores en los prolegómenos ataviado con la ropa del Fogão y luego se colocaba en el banquillo junto a Macaé, que solía ser suplente. El papel del can estaba claro: correr por el verde cuando era necesario pausar el reloj y celebrar los goles con los suyos.

Abajo a la izquierda, Biriba le muerde la media a Nilton Santos (cuyo nombre heredó el actual estadio del Botafogo). La imagen corresponde a la victoria del equipo frente al Vasco da Gama que le dio el trofeo de 1948. / Archivo Botafogo
Un claro ejemplo de ello se fraguó en una cita frente al poderoso Flamengo. El conjunto blanquinegro iba perdiendo 1-3, y fue entonces cuando Biriba saltó al rectángulo de acción. Lo hizo «justamente en las ocasiones en las que más favorecía al Botafogo la paralización del juego», se relataba en la crónica del choque publicada en el diario O Globo. Finalmente, los locales acabaron dándole la vuelta al marcador: el duelo remató con un histórico 5-3.
Esta clase de proezas llevaron a pensar a más de uno que el éxito con la pelota y la presencia del can era un binomio que trascendía la mera casualidad. Lo que comenzó siendo «una superstición solo del presidente» terminó convenciendo a socios y futbolistas. «Los propios jugadores sabíamos que el perro era quien ganaba los partidos», añadió Macaé en la mencionada interviú televisiva.

El presidente del Botafogo, Carlito Rocha, con Biriba en sus brazos. / Archivo Botafogo
Como era de esperar, esta ‘estrategia canina’ molestaba a los rivales. Tanto que el Vasco da Gama le llegó a prohibir a Biriba el ingreso en su estadio, São Januário. Sin embargo, Carlito Rocha hizo caso omiso: accedió con la mascota en el ‘colo’ y, por si fuera poco, por el portón principal. «Nadie impide al presidente del Botafogo entrar a donde sea, y quien esté con él entra, sin dudarlo», espetó.
A partir de la irrupción de Biriba, el equipo consiguió 17 victorias y dos empates, números que lo llevaron a vencer el trofeo de Río y dar término a una sequía de 13 años. El perro llegó incluso a posar en la foto oficial de final de temporada y recibió como premio un collar de oro con el escudo de la entidad. Sirvió como talismán hasta 1950, año en el que Brasil se estrenó como anfitrión de un Mundial de fútbol y comenzó a dar nuevos pasos en su profesionalización. Sin embargo, el pequeño peludo continuó igualmente merodeando el entorno del club, según relatan los historiadores.

Biriba, en la zona inferior derecha, presente en la foto de equipo. / Archivo Botafogo
Biriba falleció una década después de aquella ilustre temporada, a los 12 años de edad. Le llegó su hora en compañía de su salvador, Macaé, y en la misma casa donde encetó el brillo de su 'estrela solitária', tras arrastrar graves problemas de corazón y de vista. Con todo, su huella todavía perdura. A día de hoy, la mascota del Botafogo es, precisamente, un cachorro llamado Biriba, a quien más tarde se le unió un ‘hermano’, Bira. Asimismo, a los seguidores botafoguenses se les conoce en Brasil como ‘cachorrada’.
Donde quiera que descanse, estará, sin duda, orgulloso de su legado. Su Botafogo rubricó hace unos meses la campaña más plena de su historia con un doblete único: ganó su tercera liga brasileña y, por primera vez, la ansiada Copa Libertadores -el equivalente a la Champions en Europa-.

Biriba como mascota del Botafogo en la actualidad. / Botafogo
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