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Crónica rosa

El problema es a quién se invita

La polémica empezó en los Goya y siguió en Málaga y el debate es el de siempre: si hay más ‘influencers’ que actores. El cine debería elegir a gente que entienda dónde está

La ‘influencer’ Ona Gonfaus. | FILMMAGIC

La ‘influencer’ Ona Gonfaus. | FILMMAGIC

Laura Fa

Anoche había un nueva cita con el mundo del cine. En los Óscar, además del espectáculo obvio, también se analizan los vestidos imposibles, las preguntas incómodas, los momentos virales, los gestos de las nuevas parejas, las miradas entre los ex… y, sobre todo, a las Mamarazzis nos pica la curiosidad de ver el papel de los influencers. En España llevamos días discutiendo si pintan algo en este tipo de eventos. La polémica empezó en los Premios Goya, y siguió en el Festival de Málaga y el debate es el de siempre, que si hay más influencers que actores, que si no saben de cine, que si esto degrada la industria, que si quitan espacio a otros profesionales… Pareciera que nadie los quiere allí. Nadie excepto las marcas y ellos mismos, que sacan rendimiento directo con su presencia. Cobran por asistir y posicionan su propia imagen personal. Ellos son los grandes beneficiados. Ellos y las marcas que representan, pero ¿y el sector? ¿Y el cine?

Antes de indignarnos demasiado quizá conviene recordar que las alfombras rojas nunca han sido solo del cine. En los años 80, 90, y hasta en la actualidad, es habitual ver a supermodelos paseándose por festivales. No son actrices, no presentan películas. Pero nadie parece escandalizarse. ¿Por qué? Porque representaban la industria de la moda, muy pegada al cine. La diferencia es que ahora el papel de las modelos se ha sustituido por las influencers. Y eso parece molestar más.

Hay que aclarar que en casi todas las ocasiones acuden invitadas por las marcas que patrocinan estos eventos. Las alfombras rojas funcionan también como escaparate publicitario y en 2026, nos guste o no, la audiencia ya no está solo viendo la gala por televisión. Está en TikTok, en Instagram y en cualquier red social. Para una marca, que un creador con millones de seguidores grabe un par de stories desde un festival puede tener más impacto que media entrevista en televisión. Así que invitar influencers tiene toda la lógica del mundo.

Ahora bien. Que tenga lógica de marketing no significa que todo valga. Ahí es donde aparecen momentos surrealistas. En el Festival de Málaga se hizo viral una entrevista de la influencer Ona Gonfaus. Le pidieron algo básico en un evento relacionado con el cine: que recomendara alguna película. Su reacción fue un «una película…, qué rollo», medio en broma, y cuando le insistieron en que dijera alguna española acabó mencionando «la última de Ocho apellidos…», que se estrenó en 2023. El vídeo corrió por redes y se convirtió en el símbolo perfecto de todo este debate.

Pero hay una pequeña paradoja. Lo más comentado del festival no han sido ni las películas ni los premios. Lo ha sido este momento viral. Así que el sistema, aunque sea en negativo, funcionó. Generó clics y titulares. El cine necesita a las marcas. Las marcas necesitan visibilidad. Y las alfombras rojas son el lugar donde se encuentran. Lo que quizá falta es algo bastante básico: coordinación. Si el cine quiere mantener el prestigio de sus festivales y las marcas quieren aprovechar su impacto, lo lógico sería alinear objetivos. Elegir a gente que entienda dónde está y qué está cubriendo. Si vas a una alfombra roja de cine… igual conviene saber algo de cinePorque si no, el problema no es que haya influencers, el problema es a quién se está invitando.

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