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Club de estilo

El oro de la cosmética africana

Nacida en Cuba de padres de Guinea-Bisáu, Katia Simone convirtió un remedio de su infancia, la receta ancestral del karité 100% puro, en la marca que ya está presente en 4.000 farmacias y que da empleo todo el año a 270 mujeres de una aldea en Ghana

Katia Simone muestra la famosa lata amarilla del oro africano de AOKlabs. | EPC

Katia Simone muestra la famosa lata amarilla del oro africano de AOKlabs. | EPC

Laura Estirado

Cuando Katia Simone (Cuba, 1988) habla, lo hace con la energía de quien ha levantado un imperio desde la intuición y la necesidad. Su historia podría empezar como tantas: emigrante, trabajos precarios, un bebé con alergias... Pero termina como pocas: con una marca que se abre paso en el sector farmacéutico y sueña con liderar el futuro de «la próxima gran tendencia mundial beauty, la cosmética africana», según avanzaba Vogue, la biblia de la moda, en un artículo a finales de 2025.

«Llegué a Sevilla con 19 años, cogí un autobús y me planté aquí con mil euros», recuerda Simone. Era 2007. Desde entonces, encadenó empleos en hostelería, reciclaje, radio taxi, hasta convertirse en encargada de una zapatería. «Lo mío es trabajar. Y aprender», resume con desparpajo.

El giro llegó con la maternidad. Su hijo nació con alergia a la proteína de leche de vaca y problemas dermatológicos. Y entonces apareció un ingrediente ancestral: la manteca de karité. «Es un producto que conozco desde pequeña, ha ido pasando de generación en generación. Siempre lo utilizamos para cuidarnos», explica. Katia empezó a compartir su remedio con otras madres, y el resultado fue inmediato: «Ahí el impacto y el boca a boca fue brutal».

Así nació el primer producto de AOKlabs, conocido como el oro africano, una manteca pura, sin refinar (es su producto estrella; desde su lanzamiento, en 2020, ha superado los tres millones de unidades vendidas a través del canal farmacia y de su propia web). «Solo es la materia prima, sin conservantes, sin formulación. Eso es lo que nos diferencia», dice Katia. Las semillas se convierten en aceites esenciales por primera presión en frío, una técnica que hace que no se pierdan sus propiedades naturales, «al contrario que en Occidente, donde se refina de manera industrial y se añaden derivados del petróleo. Se le quita parte del color, parte del olor y también, parte de sus beneficios», apostilla.

La compañía se fundó oficialmente a finales de 2020 por Katia Simone y su marido, Fran Morales, con una inversión inicial de 17.500 euros (la indemnización que le dieron a ella al dejar su último trabajo). En menos de cinco años de actividad ha protagonizado un crecimiento sostenido y escalable que la ha llevado, en 2025, a alcanzar una facturación anual de 2 millones de euros.

El oro africano de Katia está dentro de una latita redonda y amarilla, con el dibujo de ella misma sosteniendo a su hijo cuando era un bebé. «Al fin y al cabo, con él empezó todo, ¿no?», observa.

¿Y a qué huele África en una lata? Katia sonríe: «Hay personas que dicen que a chocolate blanco, otras a madera, a césped mojado... incluso aceituna. Estamos acostumbrados a que todo en cosmética lleve perfume, y ahí tuvimos que educar muchísimo».

«Hemos creado 12 formulaciones que cubren el 85% de las consultas dermatológicas más comunes: acné, manchas, estrías, efecto lifting...», cuenta Katia, cuya marca está hoy validada en el canal farmacéutico en España y Portugal, con 4.000 farmacias activas. El 35% de sus ventas proviene de este canal.

La clave del producto está en la materia prima, los ingredientes africanos: karité, moringa, baobab, marula y kigelia, siempre extraídos en frío. Pero el corazón del proyecto late en Ghana. Allí trabajan con una cooperativa que empezó con 69 mujeres y hoy suma 269. «Ellas son las protagonistas. Esto es comercio justo real», destaca Katia.

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