Crónica rosa
Chino Darín y sus dos días de baja paternal
Pareció normal que el actor viajara a Argentina para reincorporarse al trabajo 48 horas después de que Úrsula Corberó diera a luz. ¿Y si hubiera sido al revés?

Chino Darín y Úrsula Corberó. | KEVIN RODRÍGUEZ
Laura Fa
Mientras en Argentina las reformas laborales ocupan portadas, con locuras como jornadas laborales de 12 horas, horas extras sin pagar, bajas médicas al 50%, reducción de las indemnizaciones y un largo etcétera, hay que percatarse también de un dato clave: la baja paternal allí es solo de dos días, la más baja de Sudamérica. Dos. Sí, dos. Ni 15 días, ni un mes ni nada. Dos. Y eso nos da un poco más de contexto para entender lo que pasó con Úrsula Corberó y Chino Darín. Su hijo Dante nació el lunes en la Clínica Corachán de Barcelona, no por casualidad. Decidieron que Barcelona era el lugar adecuado. Tenían abierto protocolo también en Buenos Aires y en Madrid. Podían haber elegido cualquiera de las tres ciudades, pero ella quiso Barcelona, donde reside su familia, su red de apoyo.
No descubriremos nada nuevo las Mamarazzis si señalamos que los primeros días, cuando las mujeres acabamos de dar a luz, lo que necesitamos es apoyo. Es uno de los momentos más vulnerables y donde más necesitamos soporte tanto físico como emocional. Y sí, se cuadraron fechas para que el Chino pudiera estar presente. Fue un parto programado, ella ya había cumplido los días, y se ajustó la agenda para que él pudiera estar presente. Dos días después, se marchó a Argentina por trabajo. Y aquí es donde nos ha chirriado el asunto. No por la marcha en sí, sino por el hecho de que nadie se preguntó el porqué de este rápido viaje. O si nos lo preguntamos, rápidamente la respuesta nos valió. Nadie cuestionó nada. Nadie. A todo el mundo le pareció normal que el padre se fuera para reincorporarse al trabajo. A todo el mundo menos a nosotras, que para algo tenemos esta mirada que tanto nos caracteriza.
Por un momento pensamos en qué hubiera pasado ante la posibilidad de invertir los roles. Es decir, que fuera Úrsula quien dejara a Dante y volviera al trabajo. Obviamente no a los dos días, eso es físicamente casi imposible, pero sí a las cuatro semanas, por ejemplo. Las redes se incendiarían: «¿Cómo deja a su hijo recién nacido?», «¿no es demasiado pronto?», «¿cómo compagina maternidad y trabajo?». Y sobrevolaría el concepto de mala madre por todas partes. Con el padre eso nunca pasa. Porque la ausencia del padre rara vez se interpreta como abandono. Se interpreta como compromiso laboral, responsabilidad profesional, prioridad razonable, cumplimiento del deber proveedor. Todo se lee siempre con una épica alucinante. Mientras que la ausencia de la madre es pecado social, cultural, juicio público y debate infinito.
La corresponsabilidad no es un hashtag ni una ley ni una moda ni una obligación. La corresponsabilidad debería de garantizarse.
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