Bad Bunny reivindica el alma latina en la Super Bowl vestido de Zara
El astro puertorriqueño firma una actuación brillante en el intermedio de la máxima competición de fútbol americano, cargada de identidad, resistencia y mensajes, y con la simbólica y estelar aparición de Lady Gaga.

Bad Bunny, con el conjunto de Zara. / LYNNE SLADKY
I. Fortuny/ B. Bertonasco
Bad Bunny quería celebrar su cultura en la Super Bowl, icono de la América más americana posible. De la más estadounidense posible. Y plantó en medio del Levi’s Stadium de Santa Clara (California, EE UU) un Puerto Rico en miniatura, con su casita, su colmado, su puesto de venta de cocos y, claro, también esos malditos postes de electricidad que tienen a la isla en vilo cada dos por tres por los apagones que sufren. El astro puertorriqueño aprovechó el escenario más grande del mundo para firmar una actuación brillante y cargada de identidad, resistencia y mensajes: como el de no dejar de creer en uno mismo (mírenme a mí, dijo) o, sobre todo, el de la unión, la hermandad, la empatía y el de huir del odio y la diferencia.
La vestimenta del cantante también fue un llamado a sus raíces, ya que, el color usado, blanco roto, hace honor a los jíbaros de Puerto Rico. Lució un conjunto de Zara que consistió en dos piezas monocromáticas de camisa con cuello y corbata y al estilo de jugador de fútbol americano con el dorsal 64 (y con el nombre de su madre, Lysaurie Ocasio, en el dorsal), pantalones y zapatillas Adidas.
Interpretó una decena de canciones (buena parte de ellas del álbum del año, Debí tirar más fotos, según los Grammy) comprimidas en poco menos de 13 minutos, con todas las banderas del continente americano portadas por figurantes de ese pequeño pueblecito que montó la NFL durante el descanso de la gran final del fútbol americano. América no es solo Estados Unidos, vino a decir. O, vaya, que América es mucho más que Estados Unidos. Cogió prestado el sagrado «God bless America» y lo repartió por todo el continente mencionando todos sus países, uno a uno.
Prometió Bad Bunny que esto sería una fiesta, advirtió a la gente que esto iría de celebrar y bailar ya fuese con reguetón, dembow, salsa... «Qué rico es ser latino», decía un guitarrista a cámara antes de empezar el show situado en medio de una plantación de caña de azúcar. Y empezó sonando ‘Tití me preguntó’, con esa doble cara, primero rapeada, luego invitación a mover caderas, que enlazó con ‘Yo perreo sola para gloria de la fiesta’ y, de nuevo, del mensaje: «Que las mujeres del mundo entero perreen sin miedo».
Se había anunciado que esta actuación sería la primera únicamente en español en una Super Bowl y, de repente, apareció Lady Gaga, diva amada en todo el país, para convertir ‘Die with a smile’ —en inglés— en un clásico instantáneo de la salsa. Ambos, el pop estadounidense y el latino, se cogieron las manos y bailaron, a partir de las notas de la genial ‘Baile inolvidable’, para crear una de las escenas más simbólicas e imponentes del espectáculo.
Muchísimas cosas más en apenas 13 minutos: una boda sobre el verde (beso incluido), ‘EoO’ interpretada encima de una camioneta con un homenaje previo a leyendas del reguetón como Daddy Yankee, Don Omar o Tego Calderón... También apareció un niño que, tras observar en una televisión cómo Bad Bunny recibía el Grammy, veía cómo la estrella puertorriqueña se lo entregaba en medio de la actuación. Lo que se pudo interpretar, así circuló por el estadio en un primer momento, como un guiño al pequeño Liam, arrestado por el ICE luciendo un gorrito azul con grandes orejas, que ya se ha convertido en todo un símbolo de la brutal policía migratoria de Trump.
Y, de sopetón, el puertorriqueño Ricky Martin, cantando en una islita, con la icónica silla de la portada de Debí tirar más fotos, la reivindicativa ‘Lo que le pasó a Hawaii’. Después, Bad Bunny se subió al dichoso poste de electricidad, saltaron chispas con ‘El apagón’ y luego con ‘Café con ron’ en versión acelerada, que sirvió para el desfile de todas las banderas del gran continente americano en un metafórico «América somos todos».
Ayer, tras el show, los trabajadores de Zara en Arteixo, A Coruña, recibieron una tarjeta de agradecimiento personal del cantante puertorriqueño con un mensaje muy sentido: «Gracias por el tiempo, el talento y el corazón que pusieron en esto. Gracias por hacerlo real. Este show también fue de ustedes. Espero que lo disfruten. ¡Nos vemos pronto!».
Además, la tarjeta venía acompañada por una camiseta como la que vistió el cantante, una prenda que Zara ha descartado comercializar.
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