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política y moda

Elon Musk y la estética nazi

Más allá del polémico brazo extendido o su mano en el pecho, era interesante fijarse en cómo el magnate apretó su mandíbula, mordió su labio inferior, las comisuras de la boca se dibujaron hacia abajo y sus ojos se achicaron (odio y rabia)

Elon Musk, con el brazo  en alto, durante la toma de posesión de Donald Trump,  el  lunes en el Capitolio. |  E.P.

Elon Musk, con el brazo en alto, durante la toma de posesión de Donald Trump, el lunes en el Capitolio. | E.P.

Patrycia Centeno

«Elon, que tenía 5 años, le daba puñetazos (al padre) en la parte trasera de las rodillas para intentar que parara. Fue un alivio que (mi marido) dejara de pegarme cuando nuestros hijos todavía eran pequeños porque, de esa manera, quizá olvidarían esos episodios tan terribles. A partir de entonces, ya solo iba a tener que aguantar su maltrato verbal».

Hace unos años, Roca Editorial me envió un ejemplar de la biografía de Kamala Harris. En la caja encontré otro libro sobre una modelo sénior y del que mi madre se apropió rápidamente. A los días, debido a la insistencia y entusiasmo de mi madre con la dura historia de superación de aquella mujer, reparé que se trataba de la mamá de Elon Musk. La cita con la que inicio el artículo es un pequeño extracto de la biografía de Maye Musk con la que narra la brutal vida de tortura física y psicológica que recibió por parte del padre de sus hijos, del padre de Elon Musk. «Me amenazó con destrozarme la cara con un cuchillo y con dispararle a los niños en las rodillas si me atrevía a divorciarme de él (…). Estaba aterrorizada. Por eso no me separé de él, porque estaba muerta de miedo».

Una parte importante del psicoanálisis defiende que el tipo de infancia que vivamos marcará cómo seremos de adultos. Mi interés por estudiar las biografías de líderes dictatoriales y autoritarios me ha llevado a la misma conclusión. Si sufres una infancia de violencia y maltrato, o sales muy bien (huyes de la pesadilla y demuestras que tú eres diferente) o sales muy, muy mal (reproduces el esquema vivido y hasta lo superas). Y no hay término medio. Por lo menos, si nos referimos a los que acaban, además, alcanzando un gran poder social (ego) sin haber resuelto su falta de poder personal (autoestima).

El brazo en alto de Elon Musk, el lunes en la investidura de Donald Trump, se ha comentado del derecho y del revés. Para muchos está claro que reprodujo el saludo nazi, y para otros solo fue un gesto o torpe o, incluso, de amor hacia el público (porque antes se había tocado el corazón). El saludo, por cierto, lo repitió dos veces seguidas (se giró luego para reproducirlo ante los asistentes a sus espaldas). Para no errar, en comunicación no verbal los gestos no se analizan por separado y siempre se observan en conjunto. Por eso, más allá del brazo extendido o su mano en el pecho, era interesante fijarse en cómo apretó su mandíbula, mordió su labio inferior, las comisuras de la boca se dibujaron hacia abajo y sus ojos se achicaron (odio y rabia).

No es la primera vez que se habla de la exaltación estética nazi por parte del hombre más rico del mundo. Pocos días antes de las elecciones en EE UU, ya fue polémica la elección del Madiosn Square Garden como escenario para el mitin de Trump en Nueva York. Los críticos se apresuraron a señalar los paralelismos históricos con el gran evento masivo nazi que se organizó allí en 1939, siete meses antes que Hitler invadiera Polonia.

Para la ocasión, Musk asistió al evento de Manhattan vistiendo completamente de negro y autodescribiéndose como el «MAGA oscuro y gótico». La famosa gorra roja pro Trump también lucía negra y había modificado la tipografía habitual del lema Make America Great Again. Musk escogió la fuente Fraktur, popularizada durante los primeros años del régimen nazi y prohibida cuando sospecharon que podría ser de origen hebreo…

Y tal vez, ojalá, solo se trate de un genio provocador con muy poco gusto y nula sensibilidad histórica. Pero conociendo la terrible infancia que sufrió (al igual que Trump, Milei y tantísimos otros discapacitados emocionales que nos lideran); ese gesto no fue un simple espasmo.

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