Sus largas pausas, entre incómodas y solemnes, envuelto él, y su entrevistado, en el humo de su cigarrillo, una imagen que se repetía en cada entrega de El loco de la colina, marcaron un estilo muy particular y le hicieron legendario. La afección respiratoria que le llevó a una muerte plácida este lunes, mientras dormía, a sus 82 años, en la residencia en la que permanecía ingresado, no logrará apagar una figura que revolucionó la radio y la televisión entre finales del siglo XX y principios del XXI. Porque la suya ha sido una larga y fructífera carrera profesional desarrollada entre ambos medios.

Nacido en Huelva en San Juan del Puerto (Huelva), el periodista comenzó su carrera en la radio onubense. La creación del Centro Emisor del Sur de RNE le llevó a presentarse a una oposición, obteniendo una plaza. Uno de sus primeros programas, Estudio 15-18, que presentó junto a Marisol Valle, alcanzó gran éxito y se erigió en el programa estrella dentro de la normalización de la programación de la radio pública, que dejaba atrás el franquismo para iniciar un nuevo periodo.

Una revolución

Pero su pequeña revolución del medio la lideró con los programas El hombre de la roulotte y El loco de la colina, espacio este que emitió RNE entre 1980 y 1982 y en la Cadena SER hasta 1986. Un éxito que traspasó las fronteras (Argentina y Uruguay) y que, posteriormente, daría el salto, con el mismo título, en 2006, a TVE, medio al que había llegado de la mano de Pilar Miró. Tras 23 programas, ese verano se emitieron resúmenes en La noche del loco y luego vendría La noche de Quintero, donde explotaba de nuevo la entrevista profundamente intimista que le caracterizaba. A esos programas les siguieron otros espacios en los que el ‘estilo loco’ se había convertido ya en imagen de marca. Casi un género.

Antes, también en la televisión, se había puesto al frente de programas como Trece noches en Canal Sur (1991-1992) en el que realizaba 13 entrevistas de una hora de duración en 13 noches a Antonio Gala; La boca del lobo, ya en Antena 3 (1992-1993), cadena en la que presentaría Cuerda de presos –espacio en el que se inspiró Jordi Évole para su Lo de Évole carcelario–, en el que escuchaba a personajes marginales que nunca habían tenido cabida en la televisión: les daba todo el tiempo del mundo para explicarse. Luego vendrían El vagamundo (1999-2002, Canal Sur 2, Canal Sur y Telemadrid) y Ratones coloraos (2002-2004, en Canal Sur).

En su currículum figuran, asimismo, facetas desconocidas para el gran público, como que fue productor de la cantante Soledad Bravo y del guitarrista Paco de Lucía. Como escritor, fue autor de los libros Trece noches (1999), junto a Antonio Gala; Cuerda de Presos (1997), y Jesús Quintero: entrevista (2007). Asimismo, ha sido creador y director general de Radio América, de la productora Babilonia, así como de otras productoras de radio y televisión.

Los reconocimientos

Muchos han sido los premios que ha recibido a lo largo de su carrera, entre los que se encuentra un premio Ondas en 2001 al programa más innovador por El vagamundo, que le había valido también una Antena de Oro en 2003. Años antes, en 1990 había recibido el Premio Rey de España de Periodismo y un Premio Ondas Internacional.

En 2020, a sus 80 años, decidió que, muy a su pesar, ya era hora de retirarse de la televisión y se volcó en el proyecto de la Fundación Quintero, ubicada en San Juan del Puerto, el pueblo onubense que le vio nacer. Al centro le cedió las más de 10.000 horas de televisión que conservaba, sus premios, su biblioteca personal (con libros, la mayoría, firmados por sus autores) e incluso el mobiliario de algunos de sus programas. El mejor legado que podía dejar.