La influencer viguesa Lucía Bárcena se casó en el Pazo de Oca en A Estrada con el aristócrata Marco Juncadella el pasado sábado 24 de julio, pero la celebración comenzó días antes en el Gran Hotel de la Toja, que reunió a rostros muy conocidos del papel cuché.

La novia invitó a iconos de las redes sociales de la talla de María y Marta Pombo, Lucía Argüelles, María Fernández Rubíes o Lucía Vidaurrueta; por parte del novio asistieron al evento Jaime de Marichalar, José Antonio Primo de Rivera Cano, Cristina Blázquez y Mery Turiel.

Las grandes ausencias fueron Tamara Falcó, Marta Ortega y Carlos Torretta y varios miembros de la casa Alba.

En el programa de actividades que los novios prevén realizar antes de darse el 'Sí quiero', la pareja organizó una carrera de karting, una escapada a las Islas Cíes y un torneo de golf.

La princesa Cristina de Hohenlohe, madrina y madre del Juncadella, fue la primera en llegar a las 15:45. La ceremonia comenzó a las 16.45 h y se prolongó hasta las 17:30.

Debido al tamaño de la iglesia del Pazo de Oca (propiedad de la familia del novio), gran parte de los invitados siguieron el enlace al aire libre, sentados en una hilera de sillas ante la capilla.

Sin mascarillas ni distancia de seguridad

Entre las sillas no había distancia de seguridad y solo un invitado tenía la mascarilla puesta Laura Filloy

Todos los invitados a la boda se realizaron PCR antes de asistir al enlace, en donde se exigían pruebas con resultado negativo como en cualquier evento de estas características.

Todos los asistentes a la boda de Lucía Bárcena y Marco Juncadella son muy activos en redes sociales y compartieron imágenes del enlace en directo.

Los seguidores en redes sociales de todos los rostros conocidos no tardaron en criticar la falta de prudencia ante los protocolos sanitarios en plena quinta ola de coronavirus.

Ni en las actividades previas al enlace ni durante el mismo se respetó la distancia de seguridad; por otro lado, los asistentes parecían no percatarse de la gravedad de mostrarse públicamente sin mascarillas, un detalle que no pasó desapercibido en redes sociales tanto por la falta de responsabilidad de la que hacían gala como por el gesto de compartirlo alégremente sin pensar en las consecuencias.

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En las fotografías de la ceremonia se aprecia que las sillas de los jardines del Pazo de Oca estaban pegadas unas a otras y, lejos de preocuparse, sólo uno de los invitados se cubre la nariz y la boca.

Cabe recordar que el riesgo de contagio sigue existiendo y que las nuevas mutaciones del coronavirus amenazan tanto a la población que no está vacunada como a la que lo está dado que ya se han dado casos de contagio entre personas con la pauta completa.