“Desde (los motivos de) el nombre hasta los planes de futuro, pasando por las personas que constituyen su entorno, todo lo que se sabe acerca de la primogénita del Rey más teóricamente transparente de la Historia es pura especulación”. Lo dice Carmen Remírez de Ganuza en su libro Leonor. El futuro condicionado de la Monarquía. Su afirmación lleva también algo de lamento, de queja implícita extensible al resto de los analistas y encargados de la información de la Casa Real en España, a la que se reprocha habitualmente su opacidad en cuanto a las cuestiones personales de sus miembros (el Rey, la Reina y sus hijas), que, no obstante, interesan y son fundamentales para entender y asimilar la faceta pública de la institución monárquica.

Valga como prueba que el libro de Remírez de Ganuza es de hace dos años y es de los pocos que hay sobre Leonor de España, Princesa de Asturias y heredera de la Corona, que alcanza mañana 15 años. Esta edad, fundamental en cualquier adolescente por traspasar esa línea en la que uno deja de ser un niño y pasa a ser adulto, una transición nada fácil (es la de la rebeldía ante la autoridad paterna, la del primer amor, la de pensar ya qué se quiere ser de mayor, la de empezar a salir de fiesta, etcétera), cobra especial relevancia en el caso de la hija de Felipe VI y Letizia por ser quien es: alguien que nació con el destino marcado y la trayectoria vital y “profesional” trazada, convertirse algún día en Reina de España, jefa del Estado, con todo lo que eso conlleva. Un camino que no se aventura fácil para la Princesa en la España de hoy en día, con republicanos e independentistas aprovechando cualquier resquicio para poner en solfa la Monarquía consagrada en la Constitución de 1978.

La princesa Leonor al salir del hospital tras su nacimiento DIEGO GÓMEZ

A día de hoy poco se conoce de quién es como persona Leonor, cuya infancia y preadolescencia, al igual que la de su hermana la Infanta Sofía (año y medio menor), han sido blindadas, se dice, por expreso deseo paterno y materno. A los 15 años, los españoles tenían prácticamente un completo retrato de puertas adentro del joven Príncipe Felipe, pero de su hija “no sabemos casi nada”, advierte la periodista Pilar Eyre. Del padre “sabíamos que pasaba la edad del pavo, tenía malas notas y debían ponerle profesores particulares”. Por saber, añade Eyre, se sabía cómo tenía decorada su habitación, las mascotas que le acompañaban y hasta concedió ya su primera entrevista. El desarrollo de la proyección pública de Leonor, acelerada en el último año (en octubre de 2019 dio sus dos primeros discursos, en Asturias, con motivo de los premios “Princesa”, algo que ha vuelto a repetir hace apenas quince días), ha sido similar a la del hoy Rey. Pero solo eso.

La línea roja que separa la vida pública de la privada (que no íntima) de la primogénita de los Reyes de España es más gruesa en el caso de la quinceañera heredera, cuyas apariciones son tan contadas y tan poco lo que de sus gustos personales se sabe que cada vez que se deja ver se la somete a un exigente escrutinio para encontrar algo que aporte luz sobre sus gustos, comportamiento, aficiones... Valga como ejemplo la gran atención y el exhaustivo análisis que suscitaron, el día que comenzó el curso escolar, unos simples llaveros colgados en las mochilas que llevaban tanto ella como su hermana.

La princesa Leonor junto a la reina Letizia y a la reina emérita Sofía un verano en Mallorca BALLESTEROS

Con todo, no hay que poner solo el ojo sobre Zarzuela y su hermetismo con la Princesa de Asturias, que forma parte de una generación de futuras reinas de cuya vida privada se conoce igualmente más bien poco. De Isabel de Bélgica (19 años), Amalia de los Países Bajos (16 años), Ingrid de Noruega (16 años) y Estela de Suecia (7 años) se sabe básicamente lo mismo que de Leonor de España: dónde estudian, alguna de sus aficiones de forma superficial y ya. Unas han tenido más proyección pública que otras (la pequeña Estela inauguró un parque infantil con 2 años), pero en general lo que hacen dentro de sus palacios y sus inquietudes personales son todo un misterio.

En este ya conocido como “club de las cinco herederas” de Europa solo hay, generacionalmente, un heredero: Cristian de Dinamarca. El primogénito de Federico y Mary acaba de cumplir 15 años y en la casa real danesa lo han celebrado con un reportaje fotográfico en el que posa en plan modelo, ya todo un chaval. Cualidades no le faltan al guapo adolescente que, de manera inevitable, ya se le ha adjudicado como posible novio a Leonor.