21 de agosto de 2017
21.08.2017

Lady Di: ni en su tumba descansa

La Princesa no estaría enterrada en Althorp, sino a 2 kilómetros, en la cripta familiar de los Spencer

21.08.2017 | 02:39
La princesa de Gales en uno de sus viajes humanita-rios. // P.G.

Lady Di no da para más, pero de ella se seguirá hablando eternamente. Inevitablemente cada 31 de agosto (fecha de su muerte) y sobremanera cuando se cumpla una fecha redonda, como la de ahora: en 2017 tiene lugar el vigésimo aniversario de su desaparición, en París, a la prematura edad de 36 años. Diana de Gales es otra Marilyn Monroe, quien cada 5 de agosto tiene reservado un espacio en los informativos y varias páginas en revistas y periódicos para recordar su fatídica muerte, en 1962 y a la misma edad que la princesa, 36 años. Hace ya más de medio siglo, pero no falla: siempre hay fotografías "inéditas" que salen a la luz, escritos de la propia Marilyn "hasta ahora desconocidos", datos "nunca revelados" sobre las "oscuras" circunstancias de su muerte? Y así sucede con la añorada Lady Di.

En su caso van ya varios meses de historias, entrevistas y testimonios sobre el personaje; análisis de su legado en la moda, su influencia posterior en la monarquía británica, su papel en la familia Windsor; sus cuernos (los que llevó y los que puso), sus miedos, sus aficiones, sus enfermedades, sus causas sociales, las similitudes con la nuera que nunca conoció? Y también sobre algo que se ha instalado en el imaginario popular: los misterios en torno al accidente de tráfico en el que perdió la vida aquella madrugada junto a su novio de entonces, Dodi Al Fayed, el chófer y un mayordomo que logró sobrevivir.

En este último escenario se enmarca "Diana. Réquiem por una mentira" (Arcopress, 2017), de la periodista Concha Calleja, quien ha buceado en la biografía de la madre del futuro rey de Inglaterra, "la mujer más popular de todos los tiempos", con el objetivo de poner negro sobre blanco algunas cuestiones que, para la autora, no están de todo claras.

La de cómo murió es una de ellas. Otra duda, quizás la menos difundida hasta la fecha, es la del lugar donde descansan los restos de Diana Frances Spencer. Para Calleja este lugar no es Althorp, la finca familiar de los Spencer en el condado de Northampton, sino a poco más de dos kilómetros, en la pequeña capilla-mausoleo de la iglesia Santa María la Virgen, en Great Brington, donde están sus antepasados, incluido su padre, junto al cual la princesa dejó escrito que quería ser enterrada.

Son varios los argumentos que cita Calleja. Algunos realmente dan que pensar. El más escalofriante es quizás que el sepulcro de John Spencer fue abierto el 1 de septiembre, al día siguiente de morir Diana, y cerrado el día 4, dos días antes de su funeral en Londres, lugar desde el que cortejo fúnebre partió hasta Althorp para enterrar su cuerpo en la intimidad familiar en la finca, convertida en memorial por su hermano Charles.

El actual Conde Spencer informa a los turistas de que el ataúd no está exactamente en el templete de la isla, al que peregrinan al año miles de personas previo pago. Dice que está "en los alrededores". Por si acaso (no vaya a ser que el bucólico pueblo se llene de autobuses turísticos), el documento de la iglesia de Great Brington referente a la cripta de la familia aclara que Diana "no está" enterrada allí, sino en Althorp. ¿Por qué una aclaración?, se pregunta Calleja, a quien le costó Dios y ayuda que los lugareños hicieran alguna referencia a la princesa y a sus vínculos con el pueblo.

Son estos mismos vecinos los que, con la boca pequeña, han contado en alguna ocasión que la noche del 4 de septiembre funcionó el crematorio local, si bien nadie de allí o del entorno había fallecido. Así las cosas, todo en torno a Lady Di da para muchos libros y muchos reportajes según se avecinen los aniversarios en torno a una mujer que rompió moldes, para bien y para mal, quizás sin pretenderlo.

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