La Tierra se encuentra a dos minutos y medio de la "medianoche". Por primera vez en los 70 años del reloj del Juicio Final, el Boletín de los Científicos Atómicos -que incluye 15 premios Nobel- lo ha colocado 30 segundos más cerca de las doce.

El consejo de esta entidad auspiciada por la Universidad de Chicago ha decidido actuar, en parte, sobre la base de las palabras de una sola persona: Donald Trump, el nuevo presidente de los Estados Unidos. La decisión de mover las manecillas del reloj del día del Juicio Final es tomada por la Junta de Ciencia y Seguridad del Boletín de los Científicos Atómicos en consulta con la Junta de Patrocinadores del Boletín, según un comunicado. En enero de 2016, la manecilla del reloj del Juicio Final no cambió, permaneciendo a tres minutos antes de la medianoche. El reloj fue cambiado en 2015 de cinco a tres minutos a medianoche, lo más cerca de las doce que había estado desde la carrera armamentista de los ochenta.

En el comunicado se señala: "A lo largo de 2016, el panorama de la seguridad global se oscureció cuando la comunidad internacional no pudo abordar eficazmente las amenazas existenciales más urgentes". Esta situación mundial ya amenazante fue el escenario de un aumento del nacionalismo estridente en todo el mundo en 2016, incluso en una campaña presidencial de Estados Unidos durante la cual el eventual vencedor, Donald Trump, hizo comentarios inquietantes sobre el uso y la proliferación de armas nucleares y expresó incredulidad hacia el abrumador consenso científico sobre el cambio climático.

La decisión del consejo de mover el reloj menos de un minuto completo -algo que nunca antes había hecho- refleja una realidad simple: Trump ya es el presidente de EE UU y tanto sus declaraciones como sus acciones "han roto con precedentes históricos de manera inquietante". Al examinar el estado de las cuestiones climáticas, la Junta concluyó: "La perspectiva del cambio climático fue algo menos lúgubre en 2016, pero sólo un poco. A raíz del acuerdo climático de París, las naciones han tomado algunas medidas para combatir el cambio climático, y las emisiones mundiales de dióxido de carbono fueron esencialmente planas en 2016, en comparación con el año anterior. Sin embargo, todavía no han comenzado a disminuir. El mundo continúa calentándose. Mantener las futuras temperaturas en niveles menos que catastróficos requiere reducciones en las emisiones de gases de efecto invernadero mucho más allá de las acordadas en París".