Biología / Ciencias de la Información
La desinformación no es solo un problema humano: está presente en toda la naturaleza
Un estudio revela por qué la información errónea es inevitable en diversos sistemas biológicos, desde bacterias hasta bandadas de aves. No es algo exclusivo de la era digital

Transmisión en serie de mensajes desinformativos en una bandada de aves, propagando una alarma en ausencia de una amenaza real. / Crédito: Journal of the Royal Society Interface (2025). DOI: 10.1098/rsif.2025.0161
Redacción T21
No hay nada nuevo en las llamadas "noticias falsas" o "fake news", según un reciente estudio. Los investigadores sostienen que la desinformación es una consecuencia inevitable de la comunicación en la naturaleza. Desde animales hasta microorganismos, la mala información cumple un rol estructural en los sistemas biológicos.
La idea en torno a que la desinformación es un mal exclusivo de la era digital choca con las conclusiones de un nuevo estudio publicado en Journal of the Royal Society Interface, que revisa décadas de evidencia biológica: desde bacterias hasta bandadas de aves, los sistemas vivos generan y transmiten información errónea como parte de su estructura de comunicación social.
Los autores sostienen que la “mala información” o la desinformación no es una anomalía cultural, sino una característica inevitable de los procesos comunicativos en la naturaleza. El equipo, liderado por Ling-Wei Kong y sus colaboradores de la Universidad Cornell, en Estados Unidos, agrupó ejemplos empíricos y desarrolló modelos matemáticos para definir y medir el fenómeno en distintos niveles de organización biológica, de acuerdo a un artículo publicado en Phys.org.
De bacterias a humanos: la desinformación como fenómeno natural
El estudio revista casos concretos: llamadas de alarma falsas que hacen huir a una bandada de aves, poblaciones animales que siguen rutas migratorias desactualizadas y señales engañosas entre bacterias. A partir de esos datos, los investigadores proponen marcos formales para cuantificar hasta qué punto la información social induce creencias incorrectas en individuos y grupos.
¿Por qué surge la desinformación en la naturaleza? Aunque la comunicación social supone claras ventajas, al permitir un aprendizaje rápido, coordinar respuestas colectivas o evitar riesgos casi de inmediato, también abre canales por los cuales puede filtrarse ruido, errores de percepción o señales motivadas por distintos intereses.
En algunos casos, esas informaciones erróneas tienen costes bajos y amplios beneficios adaptativos; en otros, desencadenan efectos colectivos perjudiciales, como falsas alarmas que consumen la energía del grupo o migraciones fallidas que reducen la supervivencia.
Lecciones evolutivas para la era digital
El estudio propone que la desinformación debe entenderse como un elemento estructural de los ecosistemas comunicativos. Esta realidad invita a buscar leyes universales que expliquen cuándo y cómo la mala información se propaga, y qué factores la amplifican o la reducen, incluyendo la estructura de la red social, los costes de señalización o los mecanismos de verificación, entre otros aspectos.
Referencia
A brief natural history of misinformation. Ling-Wei Kong et al. Journal of the Royal Society Interface (2025). DOI:https://doi.org/10.1098/rsif.2025.0161
Ante el avance de la desinformación en las sociedades humanas, los científicos creen que las soluciones puramente tecnológicas o punitivas serán insuficientes: en cambio, proponen diseñar intervenciones que reconozcan las tensiones evolutivas entre rapidez de comunicación y fidelidad del mensaje.
Para ello, apuntan a estrategias inspiradas en la ecología de la información, como reforzar mecanismos de verificación interna, modular las redes de transmisión y considerar los costes y beneficios de mantener señales erróneas en circulación. Se trata de un marco comparativo que puede ayudar a evaluar qué intervenciones tendrán mayor impacto y por qué algunas formas de desinformación son más persistentes que otras.
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