Biología
El secreto de los ojos de los camaleones, revelado tras 2.400 años de investigación
Nervios ópticos que se pliegan como "cables telefónicos" permiten la extraordinaria ductilidad de los ojos de los camaleones

Los camaleones se caracterizan por el nervio óptico enrollado, que les da más holgura a los ojos. / Crédito: Collins et al. (2025).
Redacción T21
Los ojos veloces del camaleón son fáciles de observar, pero los científicos nunca han comprendido completamente cómo funciona el nervio óptico que hace posible ese movimiento: una nueva investigación revela que su asombrosa capacidad de mirar en dos direcciones diferentes a la vez se basa en dos nervios ópticos largos y enrollados, una estructura que no se aprecia en ningún otro lagarto.
Durante más de dos milenios, los ojos del camaleón han sido objeto de asombro y teorías contradictorias: desde la afirmación de Aristóteles en torno a que carecían de nervios ópticos hasta los dibujos incompletos de los naturalistas posteriores.
Ahora, gracias a la tomografía computarizada de alta resolución y a la apertura de colecciones digitales, un equipo internacional de científicos liderado por el Museo de Historia Natural de Florida, en Estados Unidos, ha puesto fin al misterio: detrás de cada ojo de camaleón se esconde un nervio óptico extremadamente largo y enrollado, comparable a un “cable telefónico”, que otorga a estos reptiles la holgura necesaria para girar sus ojos casi 360 grados.
Como cámaras de seguridad
“Los ojos camaleónicos son como cámaras de seguridad que se mueven en todas direcciones. Mueven los ojos de forma independiente mientras escanean su entorno para encontrar presas. Y en el momento en que la encuentran, sus ojos se coordinan y van en una dirección para poder calcular dónde disparar sus lenguas”, explicó en una nota de prensa el profesor Juan Daza, uno de los líderes de la investigación.
El hallazgo, que se desarrolla en un estudio publicado en la revista Scientific Reports, se basó en imágenes de contraste y reconstrucciones tridimensionales, que permitieron observar la disposición de los nervios sin dañarlos. Los investigadores analizaron tomografías de más de 30 reptiles y modelaron el cerebro y los nervios de 18 de ellos: en los camaleones estudiados, los nervios ópticos resultaron ser proporcionalmente más largos y adoptar una trayectoria en espiral única, frente a lo apreciado en otros lagartos.
Esta arquitectura explica cómo los ojos pueden moverse de forma independiente y, al coordinarse, calcular con precisión la distancia del objetivo antes de disparar la lengua en el momento de cazar. En la Antigüedad, Aristóteles llegó a afirmar que los ojos se conectaban “directamente” al cerebro sin nervios, en tanto que siglos después Isaac Newton teorizó sobre la ausencia de cruce de fibras e imaginó una configuración parcial.
Referencia
A new twist in the evolution of chameleons uncovers an extremely specialized optic nerve morphology. Emily Collins et al. Scientific Reports (2025). DOI:https://doi.org/10.1038/s41598-025-20357-3
Ojos móviles
Muchos estudios posteriores se acercaron a la realidad, pero solo los escáneres y la disponibilidad de datos abiertos permitió ver el nervio entero en todo su esplendor. En la investigación, los especialistas siguieron el desarrollo del rasgo en embriones del camaleón velo (Chamaeleo calyptratus). En etapas tempranas los nervios son rectos, pero luego se alargan y comienzan a formar las vueltas que posteriormente se aprecian en adultos. De esta manera, las crías ya nacen con ojos plenamente móviles.
En términos evolutivos, determinar cuándo apareció este enrollamiento del nervio óptico resulta complejo: los fósiles de camaleones más antiguos datan del Mioceno, hace entre 16 y 23 millones de años, y no preservan tejidos blandos. Sin embargo, la nueva evidencia indica que la vida en árboles y la limitada movilidad del cuello favorecieron soluciones en la anatomía neural, hasta llegar al plegamiento del nervio óptico.
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