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Ciencia y sociedad

Descubren por qué los inmigrantes apenas se implican en las elecciones de Europa

Las experiencias vitales, y no el origen, determinan que los ciudadanos de origen inmigrante tengan baja participación electoral

El voto no está en el pasaporte, sino en la biografía. La implicación política se forja a través de las experiencias vitales de cada ciudadano, independientemente de su origen.

El voto no está en el pasaporte, sino en la biografía. La implicación política se forja a través de las experiencias vitales de cada ciudadano, independientemente de su origen. / ChatGPT/T21

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EDUARDO MARTÍNEZ DE LA FE/T21

EDUARDO MARTÍNEZ DE LA FE/T21

Madrid

La falta de socialización política en la adolescencia y un menor acceso a redes de discusión en la edad adulta explican la escasa participación electoral de los inmigrantes en las democracias europeas. El voto no está en el pasaporte, sino en la biografía, según un estudio alemán.

En las democracias europeas, la voz que se expresa en las urnas es, cada vez más, la de ciudadanos con raíces en otros lugares del mundo. En Alemania, por ejemplo, el 13% del electorado en 2021 era de origen inmigrante, ya fuera por haber llegado al país ellos mismos o por ser hijos de quienes lo hicieron. La observación de que la participación electoral de los partidarios de origen inmigrante tiende a ser menor que la de los nativos no es una mera intuición, sino una realidad confirmada por datos de distintos países.

En las elecciones generales de Suecia de 2022, por ejemplo, la participación fue del 90% entre los suecos con ambos padres nativos, pero descendió al 77% para los nacidos en Suecia con dos padres extranjeros, y quedó en un 67% para los propios inmigrantes. Un patrón similar se observó en Alemania en 2021, donde la participación de los ciudadanos con un trasfondo migratorio de fuera de la UE fue del 70.9%, muy por debajo del 87.9% registrado entre la población sin lazos migratorios directos.

Ciclo de vida política

Esta brecha, que no deja de crecer, plantea una de las preguntas más relevantes para el futuro del continente: ¿cómo se conectan estos nuevos ciudadanos con la vida política de sus países de acogida? La cuestión abre la puerta a explicaciones simplistas que apuntan a diferencias culturales o a una supuesta apatía.

Sin embargo, un nuevo estudio sobre esas mismas elecciones alemanas, centrado en la diversa ciudad de Duisburg, ofrece una perspectiva mucho más profunda y reveladora: la investigación propone que para entender esta brecha no debemos mirar el pasaporte, sino la biografía. Las diferencias no nacen de una esencia cultural, sino de la acumulación de ventajas y desventajas a lo largo de lo que los autores denominan el "ciclo de vida político".

Este marco teórico es una herramienta útil para desentrañar el complejo viaje que convierte a una persona en un votante activo y que se estructura en tres grandes etapas.

Adolescencia, clave

La primera parada es la adolescencia, esos años formativos entre los 14 y los 16 en los que se siembran las semillas del interés político. El estudio identifica dos factores cruciales: el entorno familiar y el contexto nacional. Crecer en un hogar donde se habla de política y se le da importancia es un motor de movilización para toda la vida. Igualmente, haber crecido en una democracia consolidada deja una huella duradera que facilita la participación futura, un factor que, por definición, juega a favor de los nativos.

Recursos propios

La segunda fase es la acumulación de recursos a lo largo de la etapa educativa y la vida laboral. Participar en política requiere herramientas como conocimiento del sistema, capacidad para procesar información y redes de contacto. El estudio de Duisburg revela aquí un matiz interesante: en contra de lo que podría esperarse, el estatus socioeconómico de los votados de origen inmigrante no era, en promedio, inferior al de los nativos. Sin embargo, sí se detectó una brecha en el conocimiento político específico sobre el sistema alemán; no es tanto una cuestión de recursos económicos, sino de familiaridad con las reglas del juego.

Movilización electoral

Finalmente, llega la tercera fase: la movilización justo antes de unas elecciones. Aquí, el contacto directo de los partidos y las conversaciones en nuestro círculo de confianza son determinantes. De nuevo, los datos arrojan sorpresas: los ciudadanos de origen inmigrante en Duisburg reportaron tener más contacto directo con los partidos, pero, al mismo tiempo, contaban con menos personas en su entorno cercano con las que discutir sobre las elecciones. Esto sugiere que, si bien los partidos se esfuerzan por llegar a ellos, pueden carecer de las redes sociales informales que refuerzan el mensaje y convierten la intención en un voto real.

Referencia

The political life cycle and electoral mobilisation among immigrant-origin and native citizens during the 2021 German election. Achim Goerres et al. West European Politics, 1–26. DOI:https://doi.org/10.1080/01402382.2025.2524879

Implicaciones europeas

La conclusión más importante es que, al considerar estos factores biográficos, la etiqueta "inmigrante" o "nativo" pierde su poder explicativo. Como afirman los autores en su artículo, "los votantes de origen inmigrante se comportan exactamente igual que los votantes nativos cuando se ven expuestos al mismo ciclo de vida política".

Esta idea tiene implicaciones profundas para toda Europa, donde en las elecciones al Parlamento de 2019, solo un 10% de los ciudadanos de la UE que vivían en otro Estado miembro se registraron para votar.

El caso alemán nos invita a dejar de tratar a los ciudadanos de origen inmigrante como un grupo excepcional y a entender que la clave no está en diseñar estrategias "para inmigrantes", sino en identificar y derribar las barreras específicas que se encuentran en cada etapa de su viaje, concluyen los investigadores.

Fuente: Levante - EMV

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