Ciencia y sociedad
El metrónomo de la luz: así afinan las cigarras su canto del amanecer
Su coro empieza cuando el Sol está exactamente a 3,8° bajo el horizonte, guiado por un umbral lumínico y reforzado por la fuerza social del grupo

Cigarras sincronizando su canto al amanecer, guiadas por un preciso umbral de luz. / ChatGPT/T21
Redacción T21
En los minutos previos al amanecer, cuando el cielo apenas comienza a aclararse y el aire es aún fresco, ocurre una coreografía sonora tan precisa como sorprendente: miles de cigarras inician a la vez su coro matinal al alcanzar un umbral de luz perfectamente definido, como si obedecieran a un mismo metrónomo ambiental y social.
Un estudio publicado en Physical Review E muestra que las cigarras del sur de India comienzan a cantar exactamente cuando el Sol se sitúa a 3,8° por debajo del horizonte, el momento astronómico conocido como crepúsculo civil , un nivel estable de luminosidad que marca el tránsito de la noche al día.
La clave no es la hora marcada por el reloj humano, sino la intensidad de la luz: un “gatillo” fotométrico tan replicable que el punto medio del crescendo diario coincide casi siempre con ese ángulo solar, independientemente de la hora concreta de la salida del Sol.
Semanas de grabaciones para un patrón perfecto
La investigación, firmada por un equipo de India, Reino Unido e Israel, analizó semanas de grabaciones de campo en dos enclaves cercanos a Bangalore, centradas en los coros de Platypleura capitata. Para interpretar los datos, aplicó herramientas propias de la física de transiciones de fase, capaces de detectar patrones críticos en sistemas complejos.
El resultado es una métrica de rara precisión en el comportamiento animal: el coro comienza cuando la luz en el suelo cruza un umbral estrecho y, una vez iniciado, crece hasta su máxima intensidad en apenas 60 segundos, siguiendo un ascenso sigmoidal idéntico día tras día. Incluso en ese breve minuto, la variación de luz es de solo un 25%, lo que revela una sensibilidad sensorial extremadamente fina y un fuerte acoplamiento social entre individuos.
Ferromagnetismo en el bosque
Para explicar esta coordinación, los autores proponen un modelo inspirado en el ferromagnetismo: cada cigarra se comporta como un “espín” con dos posibles estados —canta/no canta— que responde tanto a un “campo externo” (la luz) como a la interacción con sus vecinas (el sonido ajeno).
En este marco, el aumento gradual de luz empuja al sistema hacia el canto, pero es la influencia social la que desencadena la transición abrupta: bastan unas pocas cigarras para activar en cascada a todo el coro, que alcanza su clímax en un minuto. El modelo identifica, además, un pico de “susceptibilidad” —máxima sensibilidad a la luz— en torno al umbral crítico, junto con grandes fluctuaciones, un sello típico de las transiciones colectivas bien definidas.
Referencia científica:
Toma de decisiones fotométricas durante los coros de cigarras al amanecer . Rakesh Khanna A. et al. Phys. Rev. E 112, 024401; 1 de agosto de 2025. DOI:10.1103/4y4d-p32q
Fotometría coral: luz y contagio sonoro
El estudio también separa causalidad de simple coincidencia. Si la luz fuera el único factor, habría más variabilidad debido a diferencias en vegetación o sensibilidad neuronal; sin embargo, la sincronía es casi perfecta, salvo en mañanas muy nubladas, cuando el canto se retrasa. Esto refuerza la idea de que la decisión surge de la combinación entre un disparador lumínico preciso y el “arrastre” social del grupo.
Son reglas locales muy simples —medir luz y escuchar al resto— las que generan un patrón global altamente coordinado, un ejemplo de cómo los organismos toman decisiones colectivas frente a estímulos ambientales lentos y con inevitable ruido.
Un toque humano detrás de la ciencia
La historia tiene también un lado humano: el ingeniero de Bengaluru (antes Bangalore) Rakesh Khanna , apasionado por las cigarras, registró pacientemente semanas de amaneceres con equipos de audio. Luego se unió a Raymond Goldstein y Adriana Pesci para traducir esas observaciones minuciosas en análisis cuantitativo y teoría formal.
El resultado no solo describe un fenómeno cotidiano —ese zumbido veraniego que marca el despertar del entorno—, sino que revela cómo la naturaleza sincroniza miles de voces sin batuta: un umbral exacto de luz, un impulso social y un minuto trepidante bastan para que el bosque entero se ponga de acuerdo en cantar al alba.
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