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Caso Abierto - Faro de Vigo

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Juicio

Condenado un profesor de un centro de formación por abusar de ocho alumnas en A Coruña

Las mujeres denunciaron que el docente aprovechaba tutorías y clases para tocarlas | La pena incluye 14 años y 4 meses de inhabilitación para la docencia y multas por más de 44.500 euros

Una imagen de un coche patrulla de Policía Nacional. EP

El Juzgado de lo Penal número 4 de A Coruña ha condenado a un profesor de un centro de formación de estudios superiores de la ciudad por abusos sexuales a ocho alumnas en los cursos 2019-2020 y 2020-2021 y lo absuelve de haber cometido este delito contra otra estudiante. Desde que se inició el expediente, a principios del año pasado, el profesor está suspendido cautelarmente de la docencia. La Consellería de Educación abrió diligencias de oficio cuando fue informada por el centro una vez que las alumnas pusieron en conocimiento de la dirección los hechos. En la vista oral, la defensa de la Xunta solicitó la libre absolución del profesor y la rebaja de las indemnizaciones a abonar a las víctimas. Contra este fallo cabe recurso de apelación.

La sentencia califica los hechos acontecidos por su gravedad, de modo que el hombre está condenado por dos delitos de abuso sexual —cometidos sobre dos de las denunciantes— al pago de una multa con una cuota diaria de nueve euros durante 18 meses, a la prohibición de acercarse a las víctimas a menos de 100 metros dos años y a la inhabilitación especial para la docencia ocho meses. Estas mujeres recibirán, en concepto de indemnización, 500 euros cada una. En su caso, se considera probado que el profesor “puso la mano sobre el muslo” de una de las alumnas “por debajo de la mesa”, en el hall del edificio y que se lo acarició “durante toda la explicación”. A la otra estudiante se considera probado que “le puso la mano sobre el roto del pantalón por encima de la rodilla” manteniéndola durante una reunión.

En el caso de cinco de las denunciantes, el delito cometido es de abuso sexual continuado, ya que los hechos se sucedieron en varias ocasiones, por lo que la pena es más alta. La multa que el juzgado le impone por cada uno de los delitos es del pago de una cuota diaria de nueve euros durante 21 meses, una orden de alejamiento de dos años y también la inhabilitación de dar clase durante dos años. La indemnización para cada una de ellas es de mil euros.

A dos de las mujeres, según consta como probado en la sentencia, les tocó los muslos en varias ocasiones; a otra, le metió la mano por debajo del pantalón y le tocó las pantorrillas; a otra, en varias ocasiones, le metió la mano por debajo del jersey y, ante su incomodidad, “el acusado le dijo que eran cosas de personas adultas”. A otra de las alumnas que se quedó sola con él, “le puso la mano justo debajo de su nalga” y subió hasta que le tocó los glúteos, según recoge el fallo. Posteriormente, también le acarició la espalda en clase.

Los hechos con la pena más grave son los que cometió el profesor sobre otra alumna. En este caso, según consta en la sentencia, el profesor le tocó en varias ocasiones las piernas “llegando hasta la ingle”, entre otros tocamientos y, debido a las clases online, un día le dijo “que la echaba de menos” e, incluso, le propuso quedar fuera de la escuela para “tomar un café”. “También le dijo en alguna ocasión que lo que sucedía en el despacho tenía que quedar entre los dos”, según considera probado la sentencia. Por estos hechos, tendrá que pagar una multa de nueve euros durante 24 meses, no podrá acercarse a menos de 100 metros de la víctima en dos años y no podrá dar clase durante tres años. La indemnización establecida para esta mujer es de 2.000 euros.

En total, las multas ascienden a 44.550 euros y la inhabilitación para dar clase, a catorce años y cuatro meses. El hombre, de forma directa y la Consellería de Educación, de forma subsidiaria, tendrá que abonar las indemnizaciones de las víctimas.

La sentencia considera como hechos probados que el profesor, que en esos años daba clase en dos cursos diferentes de la escuela, “aconsejaba a sus alumnos que acudiesen a tutorías presenciales, que se desarrollaban generalmente en su despacho”. En estas reuniones era cuando realizaba las correcciones de sus trabajos y también donde les daba las notas. Tanto las víctimas como el acusado aseguraron que el profesor les tocaba la espalda, aunque no consta en el fallo que su intención fuese sexual. Hay otras actuaciones en las que la magistrada sí que considera probado que existió intencionalidad sexual y que el acusado se valía “de su superioridad respecto de las alumnas” y que era consciente de que esto limitaba su capacidad para resistirse.

El hombre, en su defensa, dijo que era “bastante tocón” y que daba “ánimos” y “palmadas” a sus estudiantes pero “no caricias”.

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