José Enrique Abuín Gey, conocido como "El Chicle", autor confeso del asesinato de Diana Quer, ha sido clasificado como preso de segundo grado concedido por la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias. El recluso, que cumple condena en la cárcel de Mansilla de las Mulas (León), podrá así solicitar permisos y beneficios en un plazo de 5 años, aunque teóricamente su condena fijada en noviembre de 2020 indica la condición de reo permanente revisable, y limita la posibilidad de disfrutar de un segundo grado hasta cumplir 8 años de condena. El recluso tiene privada su libertad desde diciembre del 2017.

Desde Instituciones Penitenciarias matizan cómo se realiza dicha clasificación, que atañe al régimen de vida que los presos llevarán en prisión. Hasta la sentencia firme, el Chicle era un preso preventivo. Una vez condenado, se procede a esta clasificación en la que el 98% de los reclusos -incluidos los culpables de crímenes como el caso Bretón o Marta del Castillo- entra directamente en segundo grado. Tan solo se determina primer grado para aquellos reclusos que puedan suponer dentro de prisión un alto riesgo para sí mismos o terceros y suele ser una clasificación transitoria.

El chicle fue condenado por el asesinato de la joven Diana Quer en el verano del año 2016, en el municipio de A Pobra de Caramiñal (A Coruña). Su cuerpo no fue encontrado hasta un año después dentro de un pozo en una nave. Recientemente la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo ha confirmado la pena de prisión permanente revisable por asesinato con la finalidad de ocultar un delito previo de libertad sexual.

En esta última resolución tribunal se afirmaba que "el Chicle" trató a su víctima "como si fuera un mero objeto" y silenció durante tiempo lo ocurrido, hasta que no tuvo más remedio de reconocer ante los agentes policiales el lugar donde estaba su cuerpo, un silencio "que también daña, como lo hizo, al entorno familiar de Diana, por el sufrimiento de no saber lo que había pasado con ella, y que se agrava de forma desgarradora cuando percibe lo que realmente ocurrió con ella, y el carácter execrable e inhumano con el que fue tratada por el recurrente, lo que debe suponer el reproche del Estado de derecho y la gravedad de la respuesta punitiva".