La periodista gallega Irene Cacabelos vive con su pareja y su hijo de dos años en el número 90 de la calle Toledo, en Madrid. A cuatro edificios del suyo, en el número 98, se produjo la dramática explosión. Era la hora de comer. "Estaba con mi pareja en casa y el niño estaba en la guardería. La última vez que había visto el reloj marcaba las dos y media de la tarde, así que calculo que eran cerca de las tres cuando oí una explosión que hizo temblar toda mi casa", recuerda a FARO, unas horas después del siniestro, y aún con las persianas de su piso bajadas, como así les recomendaron los efectivos policiales a los vecinos de la zona, "supongo que por precaucion ante la posibilidad de una nueva explosión o por peligro de derrumbe", aclara.

"Fue un desconcierto total. Me asomé por la ventana de mi vivienda, que da a un patio interior, y lo único que pude ver fue mucho humo y cascotes cayendo, pero era imposible comprobar si había afectado a alguna persona", dice Irene, que lo primero que se le pasó por la cabeza fue la posibilidad de que fuera un atentado. "Me dije: 'Esto es una bomba'. El estruendo era de tal magnitud que di por hecho que se trataba de un atentado", confiesa.

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"Enseguida llamé al 112, que aún no se había enterado de lo sucedido, y bajé a la calle. Ya empezaban a llegar patrullas de la Policía y la Guardia Civil, y me puse a grabar unas imágenes, pero no me dejaron acercarme al lugar de la explosión, por eso en el vídeo que tengo sólo se ve a las fuerzas de seguridad llegando a la zona", unas imágenes que cedió a la cadena para la que trabaja, la Televisión Autonómica de Castilla La Mancha, y también a la edición digital de Faro de Vigo.

"Fue un desconcierto total. Me asomé por la ventana de mi vivienda, que da a un patio interior, y lo único que pude ver fue mucho humo y cascotes cayendo, pero era imposible comprobar si había afectado a alguna persona"

Las fuerzas del orden acordonaron el área perimetral a una distancia de cuatro o cinco edificios de un lado y del otro del inmueble de la deflagración, y el tránsito se vio interrumpido. "Mi marido pudo salir sobre las cuatro y pico, para recoger a mi hijo , pero después ya no le dejaron entrar, así que hoy dormirán en casa de mis suegros, y yo en la mía de la que, además no me permiten salir", comenta.

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Paso obligado cada día con su hijo de dos años

La periodista cambadesa, que lleva 15 años residiendo en Madrid, confiesa que "ahora estoy más tranquila, pero nadie me quita esta angustia que tengo", y es que ella transita todos los días por delante del edificio donde se produjo la explosión "para llevar al niño a la guardería", además, recuerda que al lado hay un colegio, "aunque afortunadamente, los niños hoy no habían salido al patio, pero podían estar perfectamente fuera jugando", advierte, de ahí que el balance de víctimas -tres muertos, un desaparecido y varios heridos, en el momento de su testimonio a FARO- "poco me parece para lo que podía haber pasado", comenta Irene, aún con el susto en el cuerpo.