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El Chicle, tercer asesino gallego que afronta la prisión permanente revisable

-El magistrado presidente del Jurado debe dictar ahora sentencia acorde con el veredicto -El máximo castigo penal español se ha aplicado once veces desde su aprobación en 2015

El Chicle, tercer asesino gallego que afronta la prisión permanente revisable

El Chicle, tercer asesino gallego que afronta la prisión permanente revisable

España está pendiente de la sentencia contra José Enrique Abuín Gey, el vecino de Rianxo declarado por un tribunal popular culpable del secuestro, agresión sexual y asesinato de la joven de 18 años, Diana Quer Lopez-Pinel, a la que abordó en A Pobra do Caramiñal la madrugada del 22 de agosto e 2016, en plenas fiestas de las localidad. Durante 500 días, hasta su detención, el Chicle mantuvo oculto el cadáver de la chica en el pozo de gua dulce de una nave abandonada en Asados, Rianxo. La Fiscalía y la acusación particular, ejercitada por los padres de la víctima, tras oír el veredicto del jurado el pasado sábado, han reiterado que debe ser condenado a la pena de prisión permanente revisable. "Es un depredador sexual y un peligro para la sociedad. A mi hija ya no podemos salvarla, pero espero que a otras jóvenes si", sostiene Juan Carlos Quer, padre de Diana.

La prisión permanente revisable es la pena máxima privativa de libertad en España y se impone en casos de excepcional gravedad, como asesinatos por terrorismo; crímenes contra niños y menores de 16 años o asesinatos en los que concurre un delito sexual. Fue incluida en el Código Penal en 2015 a iniciativa del PP en solitario, y algunos partidos políticos, caso del PSOE, han manifestado que quieren derogarla De ahí las campañas promovidas por familiares de las víctimas que han reunido millones de firmas para mantenerla.

Desde su entrada en vigor, once personas han sido condenadas a prisión permanente revisable si bien el Tribunal Supremo anuló una de ellas. El primer condenado a esta máxima pena fue el gallego David Oubel, que asesinó a sus dos hijas, de 4 y 9 años, en su domicilio de Moraña en julio de 2015. El parricida suministró un cóctel de medicamentos, diluidos en cacao, para adormecer a sus dos hijas antes de matarlas cortándoles el cuello con una radial y las remató después con un arma blanca. El informe forense apunta que acabó en primer lugar con la vida de su hija más pequeña, mientras que la mayor intentó escapar y fue maniatada, a la vez que sufrió "múltiples acometidas" de su padre.

Otro gallego, Marcos Javier Miras, el parricida de Oza-Cesures que mató a golpes con una pala a su hijo de 11 años, también cumple condena de prisión permanente revisable por un delito de asesinato cualificado con alevosía, con las agravantes de parentesco y de género, en concurso medial con un delito de lesiones psíquicas a su exmujer.

La crónica negra de los condenados a la máxima pena incluye a Daniel Montaño, el profesor de música que lanzó un bebé por una ventana en Vitoria y trató de matar a su madre; al descuartizador de Pioz, Patrik Nogueira, de 21 años que mató a sus tíos y a los dos niños de la pareja; Roberto Hernández, violador y asesino de Sara, una niña de 4 años en Valladolid; Francisco Salvador García, que violó y degolló en Huércal de Almería a su excompañera sentimental; Enrique Romay, el violador y asesino de Pilas; Pablo Catalán, que violó a una mujer inconsciente en su casa durante un cumpleaños y la estranguló con sus manos y Rafael García, que asesinó a cuchilladas a su mujer, en situación de dependencia por una enfermedad rara, en la localidad de Mora en Toledo.

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