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Un caso sin resolver

La enigmática desaparición de un joven profesor de Vigo resuelta 25 años después

El ADN ha dado nuevos indicadores de los restos hallados en la playa de Cantabria en 1994 - La familia de este profesor siempre descartó su marcha voluntaria y su coche no apareció

Dos agentes en el laboratorio de Criminalística de la Guardia Civil. // G.C.

Dos agentes en el laboratorio de Criminalística de la Guardia Civil. // G.C.

El perfeccionamiento en el estudio del ADN ha permitido identificar ahora unos restos humanos encontrados en una playa de Cantabria en abril de 1994 como los del joven vigués Ignacio G. LL., cuya familia había denunciado su desaparición en marzo de aquel año antes en la comisaría de la Policía Nacional de Vigo.

En su momento no se pudieron obtener resultados coincidentes con los perfiles que se estudiaron y durante los últimos 25 años las muestras biológicas han permanecido en el laboratorio del Servicio de Criminalística de la Guardia Civil. Hasta que en el año 2017 los avances en el Departamento de Biología permitieron obtener nuevos indicadores del ADN, por lo que se retomó la investigación. En mayo de este año, según informó ayer el Instituto Armado, se comprobó que los perfiles coincidían con los facilitados por la madre y uno de los hermanos del vigués.

El 23 de marzo de 1994 la familia de Ignacio G.L., un joven de 25 años, licenciado en INEF, cinturón negro y profesor, presentaba la denuncia por su desaparición. Había salido de la casa que compartía con su novia a primeras horas de la mañana del 18 de marzo en su coche, un Ford Sierra de alta gama, y nunca más se supo del docente ni de su vehículo. Su pista se pierde en la localidad coruñesa de Vimianzo, donde cargó gasolina.

Esta desaparición se consideró "inquietante" desde el primer momento y los investigadores no descartaron que fuese un posible caso criminal, si bien se cerró ante la ausencia de cuerpo y la dificultad de poder reconstruir los últimos pasos que había dado aquel día.

La familia del profesor de Educación Física siempre descartó su marcha voluntaria y sospechó de una muerte violenta, especialmente porque el vehículo no apareció, por lo que entendían que no podía haber sufrido un accidente.

No había pasado ni un mes de la presentación de la denuncia en Vigo cuando en la playa cántabra de la Tablía se abrieron unas diligencias por el hallazgo de unos restos humanos que habían sido trasladados por las corrientes marinas, desconociéndose en aquel momento a quien podían corresponder.

Esperanza

En el entorno del joven contemplan esperanzados que puedan abrirse nuevas vías de investigación para esclarecer lo ocurrido, pues apuntan que tenía un barco a medias con un socio en el puerto deportivo de Sada, con el que daba clases durante el medio año que le correspondía, aunque la investigación abierta entonces no lo pudo situar allí.

La confirmación mediante el ADN de que los restos pertenecen a Ignacio G.L. viene a demostrar que falleció poco después de su desaparición y pone fin a la incertidumbre que durante estos 25 años han sumido en un profundo dolor a su familia, aunque no da respuesta a los numerosos interrogantes que siguen abiertos. Hace apenas dos años, su progenitora solicitó en un juzgado de Primera Instancia de Vigo la declaración oficial de fallecimientofallecimie.

La Guardia Civil resaltó ayer en un comunicado que nunca "cesó en su empeño" en saber a quién correspondían los restos hallados en la playa cántabra. Con los avances en el estudio del ADN, subrayan, además de abrir un mayor campo a la obtención de indicadores para el esclarecimiento de hechos delictivos, se consigue -como en el caso del joven vigués- "la identificación de restos humanos y así que las familias puedan recuperar a sus seres queridos".

La familia del profesor contactada ayer por FARO no quiso hacer declaraciones públicas, ya que prefiere vivir en la intimidad estos momentos que ponen fin a 25 largos años de incertidumbre.

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