"Déborah se ha muerto, pero su voz es nuestra voz. Queremos saber la verdad, no apuntamos a nadie". Así de contundente se muestra Rosa Neira, la madre de la joven cuyo cadáver apareció un aciago 10 de mayo de 2002 desnudo en una cuneta de O Rosal, a más de 40 kilómetros de su casa en Vigo, tras diez días desaparecida. Casi 17 años después las redes sociales y la plataforma Change.org han dado un nuevo impulso a este caso criminal aún sin resolver y sobre el que pesa un archivo judicial desde 2010.

Los hermanos de Déborah, especialmente Rosa y José, han tomado el relevo de su padres en la lucha para intentar reabrir la causa -"estamos ya mayores", asegura su madre- y continúan investigando la muerte de la joven. Ellos fueron los que han visibilizado el caso a través de la página "Justicia para Déborah" en Facebook e Instagram y ahora también en Change.org, donde han recibido toda una marea de solidaridad. En solo dos semanas ya han firmado más de 161.000 personas y la familia además recibió apoyos clave que no dejan de agradecer, como el del padre de Diana Quer.

"Estamos impactados, gratamente sorprendidos y agradecidos, sobre todo por la presión social y mediática que esto conlleva. Las firmas no tienen valor por sí mismas para reabrir el caso, confiesa emocionada Rosa Fernández-Cervera, una de las hermanas de Déborah. Ella y su hermano José fueron quienes pusieron en marcha la campaña en las redes sociales "a escondidas" de sus padres, contando para ella con el apoyo de la abogada de SOS Desaparecidos María Teresa Rojas.

Déborah Fernández, en la memoria de todos

A los testimonios, fotografías y recuerdos que familiares y amigos de Déborah han ido colgando las últimas semanas en internet, se suman nuevos indicios fruto de la colaboración ciudadana que han hecho recobrar la esperanza. Ahora están cotejando los datos reunidos, estudiando la validez de las pistas y, en definitiva, ordenando la información para pedir la reapertura de la causa en el Juzgado de Instrucción número 2 de Tui. "No queremos precipitarnos, vamos a tener muy clara toda la información antes de presentarla; pero este tipo de delitos prescriben a los 20 años, así que solo nos quedan tres", incide Rosa.

Una de las principales bazas es que han dado con un testigo que habría visto a Déborah algo más tarde que el amigo que la saludó en la curva del matadero de Alcabre el día de su desaparición, lo que cambiaría la última ubicación en la que se la vio con vida. "Por primera vez en mucho tiempo estamos esperanzados porque hay nuevos datos de los que tirar", explican. Y es que la familia Fernández-Cervera descubrió "mentiras, errores y falta de testimonios importantes" en las diligencias del caso: "El secreto de sumario se prolongó tanto tiempo que no teníamos acceso a él, y nos dimos cuenta tarde de esta circunstancia".

Relevo generacional

La madre de Déborah está satisfecha con el relevo generacional en la lucha que emprendió tras la muerte de su hija: "A mi me lo dieron hecho, pero estoy impactada y agradecida por los apoyos. Mi marido y yo no estamos en las mejores condiciones físicas para seguir al frente".

La familia consiguió una copia del sumario en 2010, cuando el caso se archivó provisionalmente por falta de autor conocido. Aunque la Policía Nacional tuvo un claro sospechoso, esta persona nunca llegó a estar imputada judicialmente.

Rosa Fernández se lo estudió a fondo. Asegura que no hay ningún testimonio en la causa de su madre, de su hermano, ni de ella misma, y que faltan declaraciones "vitales" que se prestaron ante las fuerzas de seguridad, como el "olor a muerto" que el empleado de un parking notó en el coche del sospechoso y que éste justificó con que eran unos langostinos que se habían podrido.

Junto a la esperanza de que el procedimiento tome un nuevo impulso, la hermana de Déborah está emocionada con la respuesta de los amigos en Facebook. "Teníamos pocas fotos de ella. Déborah era la artista, la fotógrafa de la familia, pero nos retrataba a los demás. Ahora cosas que habían caído en el olvido han vuelto: su risa y su alegría".