10 de febrero de 2019
10.02.2019

Las huellas palmares delatan al excolaborador de Miñanco que decía ser empresario peruano

Los microinjertos en las yemas de los diez dedos a los que se sometió Manuel Miranda no engañaron a la Policía -Cayó tras 15 años de fuga

10.02.2019 | 03:29

La Policía Científica desmontó la última boutade del asturiano Manuel Miranda Velasco, un suministrador de barcos para narcos gallegos, antiguo colaborador de Sito Miñanco y Laureano Oubiña capturado tras 15 años de fuga en un hotel de Getafe el pasado 30 de enero. Se había cambiado las huellas de los diez dedos de las manos por las de los pies, mediante dolorosos microinjertos, y se ocultaba bajo la identidad de un falso empresario peruano. Tanto dolor le sirvió de poco, porque las huellas palmares y las de la segunda falange de sus dedos demostraron quien era. El "narco" no pudo con la ciencia, pese al viaje a España desde Perú de una mujer que aseguraba ser su esposa y que traía documentos para demostrar su nacimiento en aquel país.

Perennes, inmutables y diversiformes o, dicho de otro modo, únicas. Así son nuestras huellas dactilares desde que tenemos cuatro meses. Hartos de ver manos y yemas, a los investigadores de la Unidad Central de Identificación de la Comisaría General de Policía Científica les saltaron las alarmas con las huellas dactilares del falso peruano. Había cicatrices en los diez dedos y sospecharon de que todos habían sido modificados.

Se lo comunicaron a sus compañeros de la Unidad Central Drogas y Crimen Organizado que ya tenían claro que, pese a que sus crestas capilares no lo dijeran, que el detenido era Manuel Miranda, afincado en Málaga desde donde al parecer seguía desarrollando operaciones de narcotráfico. Además llevaban meses siguiendo su pista desde que en una conversión telefónica entre narcos saltó su nombre.

Begoña Sánchez, inspectora jefa de la sección de lofoscópica, reconoció a EFE que nunca se habían encontrado con un caso de diez huellas alteradas de forma tan "sofisticada", por lo que lograr su verdadera identificación fue un reto. Al detenido se le hizo la reseña dactilar, en total 18 impresiones que incluyen, entre otras, las huellas de las diez yemas, las palmas de las manos, la impresión del resto de falanges de los dedos o las huellas rodadas de algunas dedos.

El cotejo a la base de datos dio inicialmente la razón al arrestado con la identidad que manifestaba. Sus huellas eran las que ya tenía la Policía en 2008 cuando fue arrestado en Málaga, pero no coincidían con las que de 2002 tenía también la Policía e Instituciones Penitenciarias por su paso por prisión. El análisis se centró entonces en el resto de la reseña tomada y fue entonces cuando saltó el positivo con su identificación. Las palmas y las segundas falanges sí correspondían en doce características (las que son necesarias para que el cotejo sea afirmativo) con las del narcotraficante huido.

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