12 de junio de 2018
12.06.2018
HEMEROTECA

Veinte años del crimen machista que conmocionó Vigo: mata a su novia y a su hijo y los tira a la basura

El 12 de junio de 1998, los cadáveres de Laura Jurkiewicz, de 23 años, y su pequeño Boris, de uno, aparecieron en dos contenedores de la calle Chile

12.06.2018 | 10:48
Concentración de repulsa ante el brutal crimen ante el antiguo Palacio de Justicia. // MAGAR

Crespón negro y flores

  • El mismo día que fueron hallados los cadáveres la escalinata del antiguo Palacio de Justicia de Vigo (el MARCO) acogió una concentración en repulsa al atroz crimen con una gran pancarta que decía "Basta", un crespón negro y flores.

Tal día como hoy hace 20 años Vigo era el escenario de uno de los crímenes machistas más atroces que se recuerdan en la ciudad. Los cuerpos sin vida de Laura Elizabeth Jurkiewicz y su bebé yacían envueltos en mantas en dos contenedores de la calle Chile. Su pareja, Manuel Enrique Suárez Barbosa, los había asesinado a golpes con un hacha y los tiró a la basura. Fue condenado a 32 años de prisión por el doble asesinato.

Por aquel entonces no existía la tipificación de estos crímenes como machistas, sino que se atribuían a "móviles pasionales". Esta calificación no se desterró de la judicatura y de la sociedad hasta la aprobación unánime de la Ley Integral contra la Violencia de Género en 2004.

"La basura que tenía en casa"

Así respondió el condenado a un conocido cuando este le preguntó qué tiraba aquella mañana del 12 de junio de 1998. Este testigo describió en el juicio que, sobre las 10 de la mañana, vio a Manuel Enrique Suárez Barbosa cargar un bulto y echarlo dentro de un contenedor. Al ver que una mano sobresalía de la manta enrollada inquirió al joven, que entonces tenía 24 años. Esperó a que se fuese para comprobar qué había arrojado: era el cadáver de Laura.

Media hora antes, otro testimonio situó a Manuel en el mismo lugar portando un cuerpo de menor envergadura y "extraño, parecía un bebé o un animal" que lanzó a otro depósito: era el pequeño Boris, al que le quedaban 11 días para cumplir un año.

El levantamiento de los cadáveres. // CAS

La Policía pronto señaló al novio de Laura como principal sospechoso del doble asesinato. La pareja vivía como "okupa" en una casa de la calle Chile. Allí fueron detenidos sus compañeros, tres hombres y una mujer, que en los juzgados declararon "no haber visto ni oído nada". Sin embargo, las manchas de sangre en la vivienda delataban el escenario del brutal crimen.

La búsqueda y captura duró un día y sobre ella circularon dos versiones contradictorias. La primera: que la colaboración de los vecinos ayudó a situar al huido en el parque Camilo José Cela, donde fue arrestado. La segunda: en el juicio él sostuvo que se entregó a la Policía tras "enterarse por la prensa" del asesinato y saber que andaban tras sus pasos.

El lunes 15 de junio fue enviado a prisión bajo la acusación de haber matado a su pareja y a su hijo a golpes con un hacha de filo grueso. El arma se encontró en el jardín de la casa donde vivían.

Desaparecidos

Quince días antes del crimen, Laura y Boris estaban oficialmente desaparecidos. La madre de la joven, Laura González, había denunciado su ausencia. Hasta finales de mayo, la víctima y su bebé residían en una pensión cuyos gastos eran sufragados por el ayuntamiento de Vigo, informaba entonces FARO. Ante la falta de recursos de la joven, el Concello le había tramitado un salario social y la guardería de AFAN había acogido al pequeño entre el 20 de octubre y el 11 de noviembre de 1997.

El 29 de mayo, el Servicio de Menores de la Xunta se desplazó hasta el domicilio conocido de Laura y Boris para hacerse cargo del menor y ponerlo al amparo de un centro tutelado. Pero ya no estaban allí. La familia de la joven sospechaba tanto como temía que se hubiesen ido con Manuel. Una decisión que resultó fatal.

"Incapaz de amar" y "carente de sentimiento de culpa"

Tras un proceso con jurado popular, celebrado en octubre de 1999, el juez declaró a Manuel Enrique Suárez Barbosa culpable del doble asesinato y lo sentenció a 32 años y medio de prisión: 17 y medio por la muerte de su pareja Laura, y 15 por la de su hijo Boris. Además del pago de 9 millones de pesetas (54.000 euros) como indemnización a la familia de las víctimas.

Las autopsias revelaron que la joven murió por golpes en la cabeza con un hacha y un cuchillo. Ella recibió el primer golpe mientras dormía y quedó inconsciente; no pudo defenderse. El bebé presentaba impactos en el cuello y las vértebras, por lo que el forense apuntaba a que debió de ser cogido por los pies para propinarle los hachazos.

El condenado, Manuel Enrique Suárez Barbosa, durante el juicio en 1999. // M. Riopa

Los dos psiquiatras que intervinieron en el juicio describieron a Manuel como una "persona incapaz de amar". Descartaron que se tratase de un enfermo mental, sino que lo calificaron de "un inadaptado social".

En el tiempo que pasó en prisión tras los dos asesinatos, se enfrentó a otros dos procesos judiciales: uno por colocar un artefacto explosivo casero de poco alcance en la viguesa Plaza de Compostela, proceso del que salió absuelto y que el juez calificó de "gamberrada"; y otro por robar en casa de su tío y luego irrumpir a la fuerza en la vivienda de su madre.

"Disminuido emocional", "carente de sentimiento de culpa", "incapaz de sentir compasión"... fueron algunas de las expresiones que usaron para perfilar su personalidad "fría, distante y ajena a lo que le rodea".

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