06 de agosto de 2014
06.08.2014
Crimen machista de una mujer embarazada

La Audiencia de Pontevedra juzgará al marido de Lupe Jiménez por asesinato al inhibirse Lugo

Un juzgado de Cangas asume la instrucción y ratifica prisión para José Luis Cortiñas » La víctima se había refugiado con sus hijos en la casa familiar de Vilaboa, donde fue secuestrada

06.08.2014 | 01:40
José Luis Cortiñas, asesino confeso de su mujer, Lupe Jiménez.

La Audiencia Provincial de Pontevedra juzgará el asesinato de Lupe Jiménez a manos de su marido el pasado mes de febrero, como solicitó su familia, tras inhibirse el juzgado de Lugo que inició las actuaciones, ya que el matrimonio residía en la capital lucense.

La mujer, embarazada y madre de seis hijos, se había refugiado con sus pequeños en la casa de sus padres en Vilaboa meses antes del crimen para huir de los malos tratos de su marido, pero José Luis Cortiñas, de etnia gitana como ella, se presentó en la vivienda y se la llevó a la fuerza a Lugo. Lupe, de 37 años, nunca llegó al domicilio que ambos habían compartido: su cuerpo apareció cosido a puñaladas entre unos matorrales cerca de Lavacolla.

El Juzgado de Instrucción número 2 de Cangas, partido judicial al que corresponde el término municipal de Vilaboa, se hizo cargo del caso hace unos días y ratificó la prisión provisional de José Luis Cortiñas tras aceptarse el recurso presentado por el abogado Víctor Bouzas, que ejercita la acusación particular en representación de los hijos y la familia de Lupe Jiménez, que cuentan con el apoyo de la Sociedad Gitana en Galicia.

El letrado alegó que en los casos de violencia machista el juzgado que debe entender la causa es el del domicilio de la víctima, que residía con sus padres en Vilaboa los meses previos a su muerte. El juicio, por tanto, se celebrará en la Audiencia Provincial de Pontevedra como quería la familia.

José Luis Cortiñas, homicida confeso de su mujer, se encuentra ingresado en la prisión de Mansilla de las Mulas (León), a donde fue trasladado junto a uno de sus hermanos desde la cárcel de Monterroso con carácter preventivo ante el temor de que ciertos ánimos de venganza pudieran llegar al interior de la prisión.

Su familia, que residía en la calle Orquídea de la ciudad de Lugo, abandonó -tras el crimen- la ciudad y la provincia luguesa para evitar "vendettas" entra las familias de la víctima y del agresor. Todos los Cortiñas abandonaron Galicia nada más conocerse el crimen; todos los integrantes del clan abandonaron las localidades donde residían en Vigo, Lugo, Ferrol y A Coruña camino de Castilla y León antes de conocer la orden de destierro dictada por el Consejo Gitano de Galicia. La ley gitana se aplicó para "evitar baños de sangre".

La acusación particular pedirá en nombre de los hijos de Lupe Jiménez una condena de 50 años de cárcel para José Luis Cortiñas: 25 años por el asesinato de la mujer y otros tantos por su hijo nonato, ya que estaba embarazada cuando falleció. Además, exigirán que se contemple el agravante de alevosía, que se asigne una "indemnización importante" para los hijos de la mujer. y que se dicte una orden de alejamiento de 25 años a partir del momento en que salga de la cárcel.

La familia de Lupe Jiménez no es la única acusación personada en la causa. La Asesoría Jurídica de la Xunta también se ha constituido como parte, por instancia de la Secretaría Xeral de Igualdade, para ejercitar la acción popular en este caso de muerte por violencia de género.

A raíz del asesinato de Lupe Jiménez la Sociedad Gitana en Galicia promovió un movimiento de mujeres gitanas en la comunidad. Esta iniciativa está liderada por María Jiménez, la hija "coraje" de Lupe y su objetivo es "luchar por la igualdad" y ayudar a las mujeres víctimas de violencia de género o maltrato.

Lupe Jiménez se casó a los 14 años con José Luis Cortiñas y a a los 37, cuando murió mientras esperaba su séptimo hijo, era ya abuela. Unos celos enfermizos, según explicó su familia y la Sociedad Gitana en Galicia, fueron el móvil del crimen: Su marido creía que el niño que esperaba no era suyo, sino de su propio hermano. La vida de la mujer quedó segada, previsiblemente, en el interior del Opel Corsa en el que su marido pretendía llevarla a Lugo. La autopsia determinó que había recibido al menos doce puñaladas, la mayoría en el cuello.

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