Un juicio complejo. Así es como a priori se presenta una vista oral que se celebrará el próximo 22 de noviembre en Vigo -tras suspenderse ayer- y en la que se deberá dirimir si el atropello que sufrió un joven en un paso de peatones de Arcade fue accidental o intencionado. Esta última, la de un arrollamiento realizado a propósito, es la postura que defenderá inicialmente la Fiscalía, que solicita una condena de cuatro años y medio de prisión y que basa su tesis en la denuncia que realizó la víctima ante la Guardia Civil, en la que aseguró que el conductor aceleró contra él para embestirlo. La sorpresa es que el mismo perjudicado, a través de su abogado, que ejerce la acusación particular, sostiene ahora una versión distinta y relata que lo que sufrió fue un accidente en el que no hubo ninguna intencionalidad.

“En este juicio habrá mucha tela que cortar”, decían ayer fuentes cercanas al caso. Y es que al margen de la tesis que sostenga la abogada del imputado -que pide la libre absolución-, las acusaciones acudirán a la vista defendiendo versiones contradictorias y que, en caso de condena, tendrían consecuencias muy distintas para el procesado por unos hechos ocurridos la madrugada del 20 de abril de 2008 en un paso ubicado en la N-550 a la altura de una discoteca de Arcade.

La Fiscalía sostiene en su escrito que se trata de un delito de lesiones con instrumento peligroso -el coche-, por el que pide cuatro años y medio de prisión y una indemnización de 8.100 euros que, de demostrarse que hubo dolo, debería pagar íntegramente el acusado. Según el fiscal, basándose en la declaración inicial ante la Benemérita del joven atropellado, el conductor iba a “gran velocidad” por la N-550 cuando, a la altura del paso de cebra por el que cruzaba la víctima, tuvo que frenar de manera brusca. El peatón le recriminó su conducta y es entonces cuando el acusado -siempre según el escrito fiscal- acelera y embiste a la víctima, que se cae encima del capó del coche. Con el joven sobre el vehículo, el conductor continúa a gran velocidad, llegando a saltarse un semáforo en rojo y conducir en zig zag, hasta que la víctima salió despedida y cayó al suelo, sufriendo lesiones como esguinces cervical y lumbar y policontusiones.

Imprudencia

Frente a la calificación del ministerio fiscal, el abogado de la acusación particular que intervendrá en el juicio en representación del chico atropellado sostiene que se trata de un simple accidente: el letrado acusa de un delito de conducción temeraria y otro de lesiones por imprudencia grave, y demanda dos años y medio de cárcel, seis años de privación de carné y 7.016 euros de indemnización. De admitirse esta tesis, el responsable civil para el pago de este dinero sería la compañía de seguros, y no el procesado, como ocurre en la petición que formula el ministerio público.

Esta acusación afirma en su escrito que cuando su cliente cruzaba la PO-550 es atropellado por el acusado -no se habla en ningún momento de intencionalidad en este arrollamiento-. El resto de los hechos sí coinciden con el relato del fiscal: señala que el conductor, en una “infernal marcha”, guió su coche con la víctima sobre el capó hasta que 200 metros después dio un volantazo y el herido cayó al suelo.