24 de julio de 2008
24.07.2008
40 Años

Más de 6 años de cárcel para el británico que fingió su muerte y para su esposa

24.07.2008 | 10:43

Hicieron creer hasta a su hijos que se había ahogado para cobrar los seguros

John Darwin, el británico que "volvió de la muerte", y su esposa, Anne, fueron condenados hoy a más de seis años de prisión por fingir el fallecimiento del hombre, incluso ante sus propios hijos, para estafar a las compañías de seguros.

Anne Darwin, de 56 años, convenció a las aseguradoras y la policía británica, pero también a amigos y familiares, de que su marido había muerto en un accidente cuando salió a navegar con su canoa en marzo del 2002, desde cuando permanecía en paradero desconocido.

La mujer fue condenada a seis años y seis meses de prisión, tras ser declarada culpable de seis cargos de fraude y 9 de blanqueo de dinero por su participación en una estafa que asciende a 250.000 libras (más de 315.000 euros).

John Darwin, un ex funcionario de prisiones de 57 años, fue condenado a seis años y tres meses de cárcel tras declararse culpable, en una vista previa, del fraude que la pareja urdió mientras se precipitaban a la bancarrota.

La pareja planeaba comenzar una nueva vida en Panamá, pero el complot quedó al descubierto después de que John Darwin fuese detenido bajo sospecha de fraude tras presentarse el pasado diciembre en una comisaría de Londres.

Durante el juicio, que duró una semana, la señora Darwin alegó "coacción marital", es decir, que había actuado en contra de su voluntad presionada por su marido, pero el jurado desestimó esos argumentos de la defensa después de que la acusación presentase los correos electrónicos que la pareja se había intercambiado.

Al dictar sentencia, el magistrado aseguró que las "verdaderas víctimas" de la pareja habían sido sus hijos, Mark, de 32 años, y Anthony, de 29, quienes abandonaron hoy el tribunal sin hacer declaraciones.

Su alegría inicial por la reaparición de su padre se tornó en el odio y angustia que expresaron durante el juicio, en el que prestaron declaración como testigos de la acusación.

Aunque las sumas implicadas no son tan altas como en otros casos, "la duración del delito, su naturaleza polifacética y, en particular, el dolor infringido durante años a aquellos que eran sus verdaderas víctimas, sus propios hijos, cuyas vidas han aplastado, hace que merezca una sentencia particularmente severa", dijo el juez.

Según la agencia británica de noticias PA, la pareja no intercambió ninguna mirada cuando escuchó la sentencia desde el banquillo de los acusados.

Esta historia, que podría ser el guión de un telefilme, arranca el 21 de marzo de 2002, cuando el hombre desapareció tras salir a navegar con su canoa en Hartlepool (noroeste inglés).

Tras una intensa búsqueda por mar y aire, los equipos de rescate hallaron los restos de su canoa roja en una playa cercana al lugar en el que fue visto por última vez y un juez procedió, al año siguiente, a darlo por muerto.

Pero en vez ahogarse en el mar del Norte, como hizo creer su esposa, John Darwin vivió durante meses a la intemperie en el distrito de los lagos (uno de los paraísos turísticos del Reino Unido), antes de volver a la casa familiar, donde permaneció varios años escondido en un anexo a la vivienda de cuya existencia sólo sabía la pareja.

El hombre, incluso, se dejó crecer barba y utilizó la identidad de un niño fallecido en la localidad, Jonh Jones, con la que consiguió un nuevo pasaporte y un carné de la biblioteca.

Tras lograr cobrar 250.000 libras (más de 315.000 euros) de pólizas de seguros y pensiones y vender sus dos casas en pleno "boom" inmobiliario por 500.000 libras (635.000 euros), Anne se reencontró con su marido en Panamá, donde la pareja planeaba montar un centro de ecoturismo.

Pero los planes se desbarataron cuando el hombre reapareció en la comisaría de Londres, lo que, según sospecha la policía, pudo deberse a una pelea entre la pareja o los remordimientos de John Darwin por haber engañado a sus hijos.

La mentira que habían vivido durante los últimos años quedó al descubierto después de que un diario británico publicase una fotografía del matrimonio tomada en 2006 en Panamá.

"No hay duda de que éste ha sido un fraude cruel y calculado", afirmó hoy la Fiscalía tras el juicio, mientras que el inspector de policía que llevó el caso describió a Anne Darwin, recepcionista en la consulta de un médico, como una "mentirosa compulsiva".

Ahora tendrá que celebrarse una vista para determinar cómo pagará la pareja las 250.000 libras que han defraudado. queo de dinero por su participación en una estafa que asciende a 250.000 libras (más de 315.000 euros).

John Darwin, un ex funcionario de prisiones de 57 años, fue condenado a seis años y tres meses de cárcel tras declararse culpable, en una vista previa, del fraude que la pareja urdió mientras se precipitaban a la bancarrota.

La pareja planeaba comenzar una nueva vida en Panamá, pero el complot quedó al descubierto después de que John Darwin fuese detenido bajo sospecha de fraude tras presentarse el pasado diciembre en una comisaría de Londres.

Durante el juicio, que duró una semana, la señora Darwin alegó "coacción marital", es decir, que había actuado en contra de su voluntad presionada por su marido, pero el jurado desestimó esos argumentos de la defensa después de que la acusación presentase los correos electrónicos que la pareja se había intercambiado.

Al dictar sentencia, el magistrado aseguró que las "verdaderas víctimas" de la pareja habían sido sus hijos, Mark, de 32 años, y Anthony, de 29, quienes abandonaron hoy el tribunal sin hacer declaraciones.

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