Entrevista | Paula Deiros Escritora
«Creo que la conciliación no existe; es una mentira»
La música lucense debuta en el panorama literario con «El eco de la niebla», un thriller en el que las leyendas gallegas y las experiencias personales se dan la mano

La escritora y música Paula Deiros. / Nuria Atanes
El cuerpo de una mujer, sin aparentes signos de lucha, aparece en las aguas de la ría de Arousa, envuelto en un sudario blanco y rodeado de una inquietante escenografía. Laia Ramuín, psicóloga forense, profesora de Criminología y colaboradora de la Policía, y Tristán Castro, un policía recién llegado a la comisaría, se harán cargo de la investigación. Así arranca El eco de la niebla (Suma de Letras), el debut en el panorama literario de Paula Deiros (Vilalba, Lugo, 1986), compositora y profesora de música en Vilagarcía con una comunidad muy sólida en redes -más de 16K de seguidores en Instagram-. Se trata de un thriller que bebe de las leyendas, rituales y atmósfera gallegas al mismo tiempo que pone sobre el tapete temas actuales como la maternidad, la conciliación y la presión mediática. Escribir esta novela le sirvió de refugio, afirma Deiros, durante la maternidad y acompañó noches en vela durante el posparto. Admiradora de escritores como Domingo Villar, reconoce que aún está asimilando que a partir de hoy su novela ocupará un lugar en las librerías junto a los grandes maestros del género. «Todavía no he aterrizado, así que lo estoy asimilando poco a poco», afirma. Deiros presentará El eco de la niebla hoy en la Librería Nobel de Vilagarcía, el 8 de septiembre en Prensa de Santiago, el 9 en Librería Lume de A Coruña y el miércoles 16 en Vigo de Papel, en Vigo.
—En la solapa del libro dice que encontró refugio en la escritura tras la maternidad. ¿Fue entonces cuando se puso a escribir por primera vez?
—Lo cierto es que he escrito toda la vida. Siempre me he presentado a certámenes, animada por los profesores del instituto, y he ganado varios, tanto de poesía como de prosa. Pero nunca me había puesto de lleno con una novela. Había tenido un contacto breve después de haber preparado las oposiciones, porque soy profesora de música. Entonces, en ese momento estaba más relajada y dejé una distopía y otra de ciencia ficción, ahí aparcadas, para aprobar. Pero durante la maternidad cuando comencé a escribir esta. Mi hijo nació en 2024 y fueron unas noches de vigilia terribles, con lactancia materna exclusiva. Al verme a ciertas horas sin poder conciliar de nuevo el sueño, se me ocurrió esa idea. Era una forma de canalizar todo ese posparto tan grande y tan potente que estaba viviendo. Mi hijo, que hoy tiene dos años, sigue sin dormir. Por eso, al final, nos animamos y acabo de ser madre de nuevo hace tres meses y medio. Creo que la maternidad me ilumina porque saco una mayor resiliencia. Es un aprendizaje de que no hay que desesperarse y hay que canalizar toda esa potencia. Hay momentos que son muy duros, pero también muy bonitos; tiene sus luces y sus sombras.
—La maternidad y la conciliación son dos de los temas que trata la novela. ¿Qué le interesaba contar?
—Aunque es un thriller con una investigación criminal muy potente detrás, también quería reflejar, porque no lo encontraba en otras novelas, la parte de la protagonista: ahondar un poco más en cómo es la vivencia desde dentro, cómo son sus pensamientos y sus introspecciones. Para mí era importante reflejar eso, porque muchas veces, en las películas o incluso en las novelas, preguntamos: «¿Y dónde está el niño? ¿Adónde llevan al niño?». El niño existe. Parece que está ahí, que es un ser latente que se apaga cuando nos interesa y otras veces no. Era muy importante ser realista con esa situación.
—¿Por qué cree que la maternidad y los hijos no aparecen en las novelas?
—Yo creo que porque no interesa esa parte. Yo creo que la conciliación no existe; es una mentira, realmente. Es algo que nos ha vendido a las mujeres. Es como el tema del parto, el embarazo y todos estos meses en los que deberías descansar con el permiso de maternidad, que no se ajustan a la realidad de lo que necesita una mujer e incluso una familia. Son contextos que están muy desactualizados y considero que habría que darles una vuelta de tuerca.
—También le da una vuelta de tuerca al thriller en esta novela, llena de giros.
—Para mí era muy importante reflejar muchos submundos que existen. Es una denuncia de ciertas cosas que la protagonista va encontrando. Son cuestiones que se nos escapan a veces, aunque están muy de actualidad. No encontramos solo la historia de un crimen con solo la parte policial, sino que también tenemos otra historia detrás.
«Galicia es un personaje más de la novela»
—¿Por qué elige el thriller como género para tratar estos temas, estas subhistorias?
—Porque me encanta. Las barrenadas, como digo yo, me encantan, sobre todo cuando creo todas estas historias y subtramas. Mientras escribía, veía todo desde una perspectiva cenital: tenía que moverme y, si movía una ficha, era como un efecto dominó; la otra también se movía. Me gusta el misterio, crear ese efecto que reverbera, ese eco, como dice la novela, de la niebla, y que impulsara al lector a sumergirse en ese código que no puede entender, pero en el que percibe que algo está pasando. Todos son secretos y quieres saber más.
—¿Y qué fue primero: el crimen, la protagonista o los secretos de los que habla?
—Yo no soy una escritora ni de mapa ni de brújula, sino una mezcla. La idea la tenía clara y también que quería jugar con el flashback: presentar al principio una situación comprometida para la protagonista, volver dos meses atrás y ver qué sucedía, para conseguir ese ritmo trepidante, y el final de la trama. A raíz de ahí, para mí fue muy fácil escribir. Nacía como un torrente, como un géiser que abres y no eres capaz de parar. Me encantó, me sigue encantando porque no paro de escribir.
—¿La atmósfera de Galicia y sus leyendas dan para muchas historias?
—¡Vaya si da! Lleva dándolas desde hace ya años. Aquí existe una no creencia, pero sí algo que tenemos un poco arraigado e intrínseco todos los gallegos: sabemos que hay algo más allá. Está el famoso Alén, todo lo relacionado con la Santa Compaña y muchas cosas que se hacen por detrás, sobre todo en las aldeas y las zonas rurales. Yo quería reflejarlas aquí. Me parece muy interesante porque es una de las cosas más diferentes que tenemos con respecto al resto de España.
—Usted es compositora y profesora de música. ¿Qué papel juega la música en la novela?
—No puedo desvelar mucho, pero es importante. A mí me gusta escribir sobre lo que conozco. No me gusta inventarme cosas ni tener que pensar demasiado en ellas. Como buena música, que estudió desde pequeñita en el conservatorio, quise reflejar esa parte de mí. Hay mucha música, ya sea por una parte o por otra.
—¿Cómo se ha documentado para construir el personaje de Laia Ramuín y la parte de la novela que tiene que ver con la investigación criminal?
—Quise ser lo más rigurosa posible. Tengo la suerte de que me rodeo de familia que es médica y que me ayudó conlos aspectos forensen de la trama. En la parte de psicología tiré de amigos a los que podía preguntar y, además, investigué mucho. Me encanta estudiar e intentar entender cómo trabaja un asesino o una asesina. Para mí fue muy divertido. Gracias a comisarios, comandantes, la Policía Científica e incluso la Comandancia Marítima de la Guardia Civil, porque hay una parte marítima muy importante, pude contar con asesoramiento. Me encantó esa parte porque aprendes cosas que desde fuera no se perciben. Incluso cuando lees una novela o ves una película, los tiempos cambian: no es todo tan rápido, es mucho más lento. Sí que he introducido algo de ficción, con el permiso de algunos policías, pero he intentado que todo tuviera el mayor rigor posible.
—O sea, que ha disfrutado también documentándose.
—Es que me encanta. Además, es divertidísimo crear un personaje. Me parece muy interesante porque tiro de recuerdos y de personas, sobre todo para construir esos personajes y enriquecer un poco su idiosincrasia, sus voces y su forma de hablar. Ves cada personaje y sabes perfectamente qué frase pertenece a cada uno. La gente que lo ha leído hasta ahora, mi entorno más pequeño, me dice que les encantaría un spin-off de tal personaje o del otro, que se alargara muchísimo más porque ahí hay muchas cosas sueltas.
—¿Y se lo está pensando?
—Yo dejo todo abierto. De momento, como digo, sigo escribiendo y ojalá que todo esto vaya para adelante.
—¿Tenía claro desde el proncipio cómo iba a ser Laia Ramuín o el personaje fue creciendo a medida que avanzaba la trama?
—Tenía una imagen clara de lo que quería transmitir. Evidentemente, no es un alter ego, pero sí tiene muchas cosas de mí, pensamientos que me surgen cada vez que trabajo y ahondo en el personaje. Sin embargo, hay muchísimas cosas que he dejado influir, sobre todo en las tramas y en los diálogos, según lo que me iba saliendo en ese momento. Creo que eso es lo bonito, porque la novela no está condicionada por saber desde el principio que iba a salir a la luz. Esto ha dejado que todo avanzara de la forma más natural posible.
«Estamos en un momento de auge del 'noir' gallego, que es potente»
—¿Y cómo es Tristán Castro, el coprotagonista?
—Es una persona que da un aire fresco a la comisaría a la que llega. Tiene un talante muy bueno. Podría describirse como alguien muy austero, pero, sin embargo, es muy cuidadoso. Creo que es una persona que le viene muy bien a la vida de Laia, y esto también es importante.
—Mantener el misterio para un lector cada vez más formado en el género del thriller es complicado. ¿Espera haberlo logrado?
—Esa era mi intención. Conseguirlo es más complicado porque yo, por ejemplo, soy una lectora muy exigente. Cuando en algún libro descubro en el capítulo tres quién puede ser el culpable o por dónde va la trama, a veces me aburro. Lo termino porque soy muy perfeccionista en ese aspecto y me gusta darle una oportunidad y no juzgarlo solo por el principio. Pero he intentado jugar todo el rato con giros, con subtramas... Por eso te decía lo de esa vista cenital, que permite verlo todo desde arriba. Además, la mayoría de los lectores son lectoras, son mujeres que tienen una visión diferente en ese aspecto. Tienen un ojo crítico muy desarrollado, así que es complicado despistar. Hay un mensaje secreto que he dejado con los apellidos de los protagonistas. Es algo muy chulo y me gustaría que lo resolvieran los lectores.
—Laia Ramuín y Tristán Castro tienen que trabajar bajo una presión mediática cada vez mayor. ¿Qué quería explorar de la relación entre investigación, poder y opinión pública?
—Sin desvelar cosas del final es muy complicado explicar esto, porque hay muchos mensajes detrás. He dejado una visión relacionada con situaciones que vivimos muchas veces y que se pueden denunciar. Lo he hecho a través de un personaje y de una situación que le sucede. Hay diferentes tipos de presión: política, mediática e incluso del propio pueblo, porque también existe una presión del pueblo para muchas cosas.
—¿Hasta qué punto Galicia es un personaje más de la novela?
—Lo es absolutamente. Y el mar. Creo que el mar es lo que baña y envuelve toda esta novela, junto con la niebla. Por eso el título: es un eco que reverbera. Hay música y misterios, suceden cosas, todo está cubierto por una niebla espesa que no se deja entrever hasta el final. Eso es lo bonito: vas leyendo y vas desvelando secretos que se van intuyendo, que poco a poco van tomando forma, y hasta el final no lo sabes todo.
—Ha comentado antes que como lectora le encanta el thriller. ¿Algún escritor gallego que le guste especialmente?
—Muchísimos. Mi favorito es Domingo Villar. Creo que sabe retratar muy bien Galicia, su idiosincrasia… Todo en sus novelas es fantástico. También me gustan mucho Arantza Portabales, Pedro Feijoo, Óscar Reboiras, Ledicia Costas... Creo que tenemos la suerte de estar ahora mismo en un momento de auge del noir gallego, que es muy potente. Por fin los gallegos sacamos a relucir algo que teníamos ahí latente y que hasta ahora estaba un poco escondido. Hay que aprovecharlo.
—¿Qué significa para uster compartir ahora las estanterías de las librerías con estas firmas?
—Me parece algo inverosímil. Creo que ni cuando lo vea me lo voy a poder creer.
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