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Salud

Anticipar la vuelta al cole, la clave para un regreso feliz

Las especialistas recomiendan ajustar progresivamente los horarios de sueño y comidas dos semanas antes para facilitar la adaptación de los ritmos biológicos

Un grupo de niños con sus madres, en la puerta del colegio.

Un grupo de niños con sus madres, en la puerta del colegio. / Casteleiro/Roller Agencia

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Vigo

La vuelta al cole está cada vez más cerca y, con ella, el regreso a la rutina y las obligaciones cotidianas. Recuperar los horarios, anticipar los cambios y preparar al niño para el inicio del nuevo curso escolar favorece una incorporación más tranquila y ayuda a reducir la ansiedad ante esta nueva etapa. Estas pautas, sin embargo, no son exclusivamente válidas para los menores. Alba Fernández, psicóloga educativa, matiza que la reincorporación laboral también resulta más narural y llevadera si se anticipa. «Preparar la vuelta nos permite adaptarnos de manera progresiva a las rutinas escolares y laborales», señala.

Según la especialista, esta adaptación puede hacerse sin dejar de disfrutar del verano, que está para recargar pilas, disfrutar y pasar más tiempo con la familia y los amigos. «En el caso de los niños, podemos ir poco a poco ajustándonos a los horarios de sueño, cenas, duchas y otras rutinas, para que la vuelta al día a día más amable», explica.

Hacerles partícipes de la compra de nuevos materiales y accesorios para el nuevo curso, y compartir con ellos la planificación de las posibles actividades extraescolares son gestos que también tienen un impacto positivo y favorecen la transición. «Con esto último no me refiero que les dejemos hacer el horario a su antojo, pero sí que tengamos en cuenta sus apetencias y necesidades a la hora de escoger actividades y las podamos conciliar tanto con nuestras agendas como con las de ellos, dejándoles tiempo para el estudio, el descanso, el disfrute y la socialización», comenta.

En este sentido, la psicóloga Diana Rodríguez destaca la importancia de implicar a los niños en los preparativos de la vuelta al cole de una forma natural y positiva. «Implicarlos con ilusión en cosas como la compra del material favorece la vuelta al día a día», afirma.

La especialista señala también que establecer las rutinas de forma progresiva puede ayudar a prevenir el malestar asociado a la vuelta de las vacaciones y facilitar la adaptación de los ritmos circadianos. Por ello, recomienda comenzar a ajustar los horarios aproximadamente dos semanas antes. «De este modo, damos tiempo a nuestros ritmos biológicos —como el sueño y el hambre— para adaptarse gradualmente a los horarios que marcarán nuestra rutina habitual», afirma. Estas pautas favorecen el bienestar físico y mental, y son igualmente aplicables a niños y adultos.

Niños neurodivergentes

Según las dos psicólogas, aunque los cambios de rutina pueden afectar a todos los niños, en el caso de menores con trastorno del espectro autista (TEA), trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), trastornos del lenguaje, dificultades de aprendizaje u otras condiciones del neurodesarrollo, su impacto puede ser especialmente significativo. En estos casos, la anticipación cobra aún más importancia, ya que les ayuda a prepararse para los cambios, reduciendo la incertidumbre y facilitando la adaptación a la nueva rutina.

En este sentido, Fernández asegura que las pautas para preparar la vuelta al día a día dependerá del tipo de neurodivergencia y las necesidades individuales de cada niño, así como del funcionamiento de cada familia. «No existen familias tipo y entrar en una etiqueta diagnóstica no nos debería de encasillar en unas pautas rígidas. Sí puede haber ciertas orientaciones, pero es importante revisar de manera individual si encajan en nuestra realidad», sostiene.

«Preparar la vuelta nos permite adaptarnos de manera progresiva a las rutinas»

Alba Fernández

— Psicóloga educativa

Por su parte, la psicóloga educativa detalla que, tanto en niños con TEA como con TDAH, es importante anticipar la nueva rutina y establecer los cambios de forma progresiva, evitando modificar demasiadas cosas a la vez. «Lo recomendable es comenzar por las necesidades básicas, como regular los horarios de sueño y las comidas, así como reducir progresivamente el tiempo dedicado a las pantallas y a la tecnología. Estas pautas, en realidad, pueden beneficiar a cualquier niño», expone.

En el caso de los menores dentro del espectro autista, además, resulta especialmente útil hacer visibles los cambios mediante calendarios, agendas, pictogramas u otros apoyos visuales. Respecto a esto, Rodríguez propone la elaboración de un calendario con una cuenta atrás a modo de juego visual que permita que el menor vaya familiarizándose de forma progresiva con la llegada del nuevo curso y los cambios que supondrá en sus rutinas. Asimismo, recomienda adaptar de forma gradual los horarios de las comidas y del sueño a los que tendrá durante el curso escolar, para facilitar la adaptación de los ritmos circadianos.

Por su parte, Fernández, esta anticipación cobra aún más importancia cuando se producen modificaciones relevantes, como un cambio de centro educativo, de profesor o de auxiliar de autobús. «Conocer de antemano estos cambios puede ayudar a reducir la incertidumbre y la ansiedad. En estos casos, también puede ser beneficioso visitar previamente el centro, conocer los nuevos espacios o realizar con antelación el recorrido que tendrán que hacer para familiarizarse con el entorno», comenta la psicóloga educativa.

«Implicarlos en la adquisición del material escolar y hacerlo con ilusión favorece la transición»

Diana Rodríguez

— Psicóloga

La vuelta a la rutina suele ser más amable en aquellas personas, ya sean menores o adultas, que han cambiado paulatinamente sus ritmos circadianos para adaptarlos a los nuevos horarios, según Rodríguez. «Pasar de un día a otro a un cambio tan radical genera en el cuerpo una necesidad de reajuste rápido en sueño, apetito, temperatura, actividad cognitiva… de ahí esa sensación de malestar», explica.

En la mayoría de las personas, este conjunto de emociones y síntomas desagradables asociados a la conocida como depresión postvacacional, suele remitir en unos días o, como máximo, en un par de semanas, según las psicólogas. «Si el malestar se prolonga, se intensifica o interfiere en otras áreas de la vida, es importante atenderlo y valorar consultar con un profesional», aconseja Fernández.

Para facilitar la adaptación, añade esta especialista, es recomendable, además de recuperar las rutinas de forma gradual, evitar la sobrecarga laboral los primeros días y revisar las agendas para reservar también tiempo para el descanso y el disfrute. «El placer no debe ser un premio que dejamos para el fin de semana o las vacaciones, sino una forma de autocuidado», afirma Fernández.

Según Fernández, cuidar la higiene del sueño, mantener horarios regulares, limitar el uso de dispositivos y practicar ejercicio, preferiblemente al aire libre, también puede ayudar a hacer la transición más fácil.

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