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La mentoría social frena el aislamiento que provoca el racismo entre jóvenes migrantes

Un estudio con 157 participantes concluye que estos programas no eliminan la discriminación, pero sí amortiguan uno de sus efectos más dañinos: la soledad y la pérdida de vínculos con la sociedad de acogida

Varias personas se cogen de la mano

Varias personas se cogen de la mano / FdV

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R.V.

El racismo cotidiano no solo genera discriminación. También puede deteriorar el bienestar psicológico de las personas migrantes, aumentar la sensación de soledad y debilitar sus vínculos con la sociedad de acogida. Un estudio impulsado por el Observatorio Social de la Fundación ”la Caixa” y la Universitad de Girona concluye que la mentoría social puede actuar como un factor protector frente a estas consecuencias.

La investigación analizó a 157 jóvenes migrantes racializados, principalmente procedentes de África, Europa del Este y América Latina, y comparó a quienes participaron en un programa de mentoría con un grupo sin intervención. El resultado no muestra una mejora general del bienestar entre los primeros, pero sí una diferencia clara a la hora de afrontar la discriminación.

En el grupo sin mentoría, cuanto mayor era el racismo percibido, mayor era también la sensación de soledad. Entre quienes contaban con una persona mentora, en cambio, esa relación desaparecía. Es decir, la discriminación seguía existiendo, pero dejaba de traducirse en un mayor aislamiento social.

El estudio detectó además que, entre los participantes sin mentoría, los vínculos con personas autóctonas descendieron durante el seguimiento del 45% al 32%. En el grupo con acompañamiento, por el contrario, se mantuvo una red de relaciones más diversa incluso en contextos de discriminación.

Los lazos creados tampoco desaparecen al finalizar el programa. Tres meses después, el 81% de los participantes seguía considerando a su mentor una persona de confianza y el 90% mantenía contacto activo. Además, el 58% conservaba relaciones con otras personas conocidas durante la intervención, frente al 30% del grupo de comparación.

Las prioridades

Los autores recomiendan que estos programas den prioridad a la calidez emocional, formen a los mentores sobre racismo y trauma migratorio y ayuden a los participantes a construir redes propias que perduren más allá de la intervención.

La investigación advierte, no obstante, de que estos espacios de confianza pueden hacer aflorar experiencias traumáticas previas y generar malestar emocional. Por ello, reclama acompañamiento también en la fase de cierre y que las administraciones reconozcan la mentoría no solo como una herramienta de inclusión, sino también de salud mental y cohesión social.

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