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Entrevista | Nacho Carreras Escritor

«Yo escribo mejor desde el amor que desde el odio»

El periodista y escritor vigués ambienta en Baiona, Monteferro y Vigo su nueva novela, «Nudos de sal», un thriller donde cada revelación obliga al lector a plantearse todo lo que creía saber

El periodista y escritor Nacho Carreras en Vigo.

Pablo Hernández Gamarra

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Vigo

Gran admirador de Domingo Villar y Pedro Feijóo, Nacho Carreras (Vigo, 1990) se define como un puntilloso, a quien le gusta construir sus historias palabra a palabra y conceder el mismo peso a la trama, la ambientación y los personajes. El periodista vigués, que sorprendió en 2024 con Marea muerta, un «thriller» ambientado en las islas Cíes, se consolida como una de las nuevas voces del fenómeno bautizado como Galician noir con Nudos de sal, su segunda novela publicada con un sello editorial (Roca Editorial) -anteriormente autoeditó otras dos: El ángel fiel (2020) y El abrazo del Oso Rojo (2021)-.

Nudos de sal combina la investigación policial con un retrato humano de la amistad, la culpa y los secretos familiares, en una historia que arranca tras un asesinato aparentemente resuelto y que transcurre por escenarios de Baiona, Monteferro y Vigo. Carreras, que en los últimos siete años ha ejercido de guionista en los programas La mañana y Mañaneros, de La 1, presentará esta novela el 21 de agosto (20.00 horas) de agosto en la librería Atlántica de A Guarda y el 22 (12.00 h.) en la librería Ideas de Baiona. Su presentación en Vigo no será hasta principios de otoño.

-¿Cómo surge esta historia?

-La novela surge de dos ideas germen. La primera nace hace tres años, cuando estoy en la playa de Frades. Me había comprado unas gafas de sol y venían con una libretita. Entonces, viendo Monteferro, me empiezo a imaginar una urbanización allí, que llamo Cala Asterpot, y escribo el que ahora es uno de los primeros capítulos de la novela. Esa historia, de apenas un folio, se queda abandonada en la libreta. Después pasan dos años y tengo el cumpleaños de uno de mis tíos en una urbanización donde hay una piscina comunitaria y nos bañamos de noche. Entonces me pongo a pensar y digo: «Esto es una historia de una novela espectacular». Me acuerdo de una novela de John Verdon que leí hace muchos años. Y ahí empiezan a surgir las dos ideas. Tengo un crimen y tengo un lugar. Las dos cosas empiezan a converger y comienza a desarrollarse la trama. Luego sucede un tercer acontecimiento: justo después de publicar Marea muerta, fallece mi antiguo jefe, Alfredo Estévez, que además era de aquí. Entonces entiendo quién es mi protagonista. Su forma de ser y todo lo que lo rodeaba crean a Alfredo Otero, que, junto a Teo Costas, que ya estaba en mi cabeza desde hacía mucho tiempo, protagoniza la trama.

-¿Qué papel juega en la historia el paisaje gallego?

-El paisaje es clave. Creo que las descripciones de los personajes tienen que permitirte crear tu propio mundo como lector. Si te digo que una persona tiene cara de ratón o de rata, ya intuyes por dónde va la historia; o si te digo que parece un vikingo. Pero en los paisajes creo que es fundamental ser muy descriptivo y muy preciso, sobre todo si son ubicaciones reales, porque es la forma en la que el lector entra directamente en la novela y se ubica en ella. Eso es algo que, para mí, tuvo su inicio en Galicia con Domingo Villar, que fue maravilloso. Creo que él, inconscientemente, creó una corriente de escritores que ubicamos, o queremos ubicar, prácticamente todo aquí. Es ese género de Galicia noir. Para mí, el escenario, la ubicación, todo tiene que ser siempre un personaje más. Si no estás perfectamente ubicado, si mientras estás leyendo no piensas: «Yo estuve aquí, yo estuve en esta playa de Cíes, yo estuve dando la vuelta a la fortaleza de Baiona», para mí es un fallo de novela.

-¿Cree que el Galician noir tiene identidad propia de la novela negra española?

-Creo que el Galicia noir ya tiene un peso específico dentro del thriller español. Es un subgénero muy alimentado y muy leído. Hay muchos autores: Pedro Feijóo, Arantza Portabales, Laura Portas y muchos más. Me hace mucha ilusión incluirme ahí, porque somos muchos, pero es verdad que yo lo ubico todo aquí. Me parece que Galicia es una zona que se presta mucho a este tipo de misterios.

«La premisa principal del libro es entretener»

-¿Cuánto hay de morriña en esto?

-Mucho. Por trabajo, vivo en Madrid, y escribir y, sobre todo, ubicar las historias aquí es una forma de combatir mi propia morriña. Es una forma de volver aquí mentalmente. Creo que alguna vez lo he dicho: puedo hacer la vuelta al castillo de Monterrei de memoria. Si cierro los ojos, puedo dar cada paso y sé perfectamente dónde está cada planta y cada cosa, de la cantidad de veces que lo he hecho y de las veces que voy allí como refugio para escribir y para crear. Físicamente, si estoy allí, puedo sentarme tranquilamente y pasar un rato pensando, recreando una escena. Pero mentalmente, si voy allí, es como un momento en el que la cabeza se para. Se detiene todo el ruido que tengo en la cabeza. Es como decir: «Estoy aquí, no pasa nada, estoy tranquilo». Y ahí puedo desarrollar más.

-Nudos de sal alterna la mirada de Alfrero Otero, un periodista jubilado, y de Teo Costas, el policía. ¿Qué le permitía esta doble perspectiva?

-Creo que hacer un papel fuera del policía es más complejo y, por eso, me parece un reto porque nosotros, como civiles, no tenemos ni las herramientas ni los medios que un policía. Además, me gustaba mucho esa idea. En Marea Muerta, pese a que Nora es un personaje que amo, el peso de la novela está en la historia. Es una historia en la que todo explota, está llena de giros: de repente no entiendes nada, luego vuelves a entender y después parece que vuelves a dejar de entender. La historia de Nudos de sal es potente o, al menos en mi cabeza lo era, pero el peso real está en Alfredo y Teo, porque son quienes te van guiando desde diferentes formas de ser y puntos de vista. Eso me parece muy importante. Cuando creas una novela, es fundamental la verosimilitud de los personajes y de sus acciones en función de su carácter. He tardado cuatro novelas en entenderlo.

-¿Cómo son estos dos personajes?

-Alfredo es un personaje familiar, tranquilo y reposado. No puede generar de repente una explosión de furia porque sí; tendría que existir un desencadenante que lo justificara. Teo, en cambio, es todo lo contrario. Por su parte, Teo habla directamente, dice muchas palabrotas y tiene un humor negro terrible. A veces incluso se pasa de faltón. Hay momentos en los que te puede caer bien, pero otras veces piensas: «Aquí se ha pasado cuatro pueblos». Creo que ese contraste entre los dos personajes es muy importante. Alfredo es siempre muy correcto y Teo es todo lo contrario. Esa diferencia genera la sensación de que te están contando algo desde dos puntos de vista distintos. Sabes que acabarán enlazados, pero no sabes dónde. Y creo que eso también es una forma de mantener el misterio.

«El humor me parece un signo de inteligencia»

-¿Es difícil sorprender a un lector cada vez más curtido en el género del thriller?

-Sí. Creo que la forma de sorprender es, primero, pensar qué te sorprendería a ti mismo y dónde no esperarías el giro. Para mí, la premisa principal de un libro es entretener. Si no estás entretenido leyéndolo, el resto pierde importancia. Si además puedo dejar un poso vital, fenomenal, pero lo primero es entretener. Yo escribo historias que a mí me gustaría haber leído, historias que creo que a mí mismo me sorprenderían. Eso me parece muy importante. Para mí, lo importante es que los giros tengan verosimilitud en función de los personajes y que no queden cabos sin cerrar.

-¿Le da muchas vueltas al texto antes de darlo por bueno?

-Sí. Soy muy puntilloso. Muchas veces puedo estar intentando dormir y pasar tres horas despierto dándole vueltas a un párrafo, a una historia o a cómo enlazar algo.

-Cuando comienza a escribir la historia, ¿ya sabe quién va a ser el asesino?

-Normalmente sí. Aunque creo que para escribir tienes que ser un poco abierto. Si tienes la historia totalmente cerrada y no quieres moverte de ahí, pierdes parte de la creatividad. Hay una frase que se atribuye a Borges, aunque creo que está mal atribuida y que él nunca la dijo, que viene a decir: «Yo no quería matar a ese personaje, pero él me pedía que lo matase». Creo que, cuando desarrollas una historia, los propios personajes te van pidiendo cosas, te van pidiendo acciones, y yo me dejo guiar un poco por eso. Lo que monto previamente es un esqueleto y, a partir de ahí, empiezo a desarrollar. Creo que tienes que tener cierta libertad creativa para acabar ejecutando bien la novela.

-Uno de los temas de la novela son los secretos familiares. ¿Todas las familias los tienen?

-Creo que lo que mejor resume la historia de esta novela, y además creo que es una realidad, es la frase de portada: «Una familia es perfecta hasta que alguien decide contar la verdad». Como dice siempre mi madre: «En todas las familias cuecen habas». ¿Quién no tiene secretos? Todo el mundo tiene alguno. No tiene por qué ser siempre malo. Un secreto depende de para quién. Si tienes algo que te hace feliz, para otra persona puede ser un secreto horrible, pero para ti puede ser fantástico porque te hace feliz. El secreto también tiene diferentes prismas. En un momento concreto de la novela, a un personaje le dicen que la verdad es un caleidoscopio, como esos que mirábamos de pequeños, con un montón de prismas. La verdad es eso: todo depende de cómo la mires.

«El 'Galicia noir' ya tiene un peso específico dentro del 'thriller' español»

-Otro tema que aborda es la culpa.

-La culpa me parece un motor. Hay diferentes motores, pero solemos asociarlos a cosas más positivas, como el esfuerzo o la recompensa. A veces, simplemente, actúas por culpa, porque tienes un mal sentimiento y necesitas intentar enmendarlo de alguna manera.

-¿Cuánto hay de su oficio de periodista en el personaje de Alfredo?

-No mucho. Quizá hay más de mí en el humor de Teo. Ese humor negro sí es mío. Quizá haya más partes personales que profesionales en la novela. Hay un capítulo en el que Alfredo relata una situación muy grave que le sucede a su hija que en realidad le sucedió a la mía. La forma en la que él se la describe a su psicóloga es prácticamente la forma en la que yo se la describí a la mía. Cuando me senté allí, me preguntó cómo me sentía y qué estaba experimentando, yo le contesté: «Tengo el invierno dentro del cuerpo».Era un frío que no desaparecía. No conseguía entrar en calor. Podía estar con 27 mantas encima y continuaba teniendo frío. Es una sensación que no había vivido nunca.

-¿Qué valor le da al humor?

-Creo que el sentido del humor sirve para todo. Se puede hacer humor con cualquier cosa. No creo que el humor tenga límite. Entiendo que no a todo el mundo le puede gustar el mismo tipo de humor, pero a mí me parece un signo de inteligencia.

-¿Cree que ahora estamos más susceptibles con todo, incluso con el humor?

-Sí. Me parece que estamos en un momento de exceso de ofensa. El humor es humor. No pasa nada. Me parece absurdo ofenderse por un comentario. De hecho, Teo tiene un humor que es muy mío. Amigos que han leído el libro me han dicho: «Aquí eres tú». Me reconocen en algunos aspectos del personaje.

-Como lector, ¿su género favorito es también el thriller?

-No tengo un género favorito. Leo prácticamente todo y creo que es importante para construir historias y personajes. Por ejemplo, en Nudos de sal, la narrativa de Alfredo es muy pausada. A veces utiliza palabras bastante cultas; no diría que tiene un punto de pedantería, pero sí puede resultar demasiado culto. Para construir ese personaje he leído muchísimo a García Márquez, Vargas Llosa y Mendoza. Han sido referencias importantes para esa construcción. Con Teo, en cambio, que tiene una forma de hablar mucho más rápida y directa, me salía todo de manera mucho más natural. Para él he leído mucho a Donato Carrisi, un escritor italiano que me fascina, y también a Pedro Feijóo. Creo que siempre estás aprendiendo cuando lees.

-¿De dónde saca el tiempo para escribir, entre el trabajo y todo lo demás?

-Principalmente, de quitarme horas de sueño.

-¿Es un escritor nocturno o madrugador?

-Soy diurno. Tengo un horario relativamente cómodo: entro a trabajar a las cinco de la mañana y salgo a las doce. Llego a casa, saco a mi perra, como y, entre una cosa y otra, después de esas dos horas, me voy al gimnasio y me pongo a escribir. Escribo durante un rato, luego voy al gimnasio, juego con mi hija y por la noche leo. Suelo leer una hora, aproximadamente, aprovechando los ratos que tengo.

«Galicia se presta mucho a este tipo de misterios»

-¿Ya está trabajando en alguna historia nueva?

-Sí. Ya estoy escribiendo la siguiente novela. No paro de escribir.

-¿Qué puede adelantar de ella?

-Será un nuevo thriller, con una parte ambientada en Tui, aunque aún no sé si será la localización central. No sé si será la última novela de este estilo porque, aunque me gusta mucho, no quiero limitarme a un único género.

-¿Cómo está siendo la respuesta del público a Nudos de sal?

-Está siendo muy buena. Con Marea muerta estaba más nervioso. No sé muy bien por qué, pero con esta estoy muy tranquilo, sobre todo por los personajes. Le he dedicado muchísimo amor a esta novela. Yo escribo mejor desde el amor que desde el odio. Me resulta más fácil escribir una historia donde hay un personaje que siente amor y tiene buenos sentimientos que escribir un personaje que odia. En esta novela he descubierto lo importante que es escribir desde el amor. Y no me refiero únicamente al amor de pareja: también a la amistad, a los hijos... De hecho, Alfredo reflexiona mucho sobre eso, sobre la vida, el tiempo, los hijos y el amor de pareja. Estoy feliz con esta novela.

-¿Cree también que es la mejor que ha escrito?

-Siempre digo que la mejor novela que he escrito es la siguiente que voy a escribir, porque he aprendido más. Estoy seguro de que, si ahora cogiese El ángel fiel o El abrazo del Oso Rojo, probablemente tocaría cosas. Creo que es un ejercicio de madurez saber reconocer tus propios errores porque tú has mejorado. Tampoco estoy muy pendiente de las redes sociales. La crítica negativa no me afecta demasiado. No es una cuestión de soberbia, sino de entender que hay críticas que no están hechas de forma constructiva. mNo puedo gustarle a todo el mundo y lo tengo muy asumido.

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