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Poesía

Versos que sostienen la memoria

Diagnosticada con la enfermedad de Alzheimer hace tres años, a un mes de cumplir los 77, Esther González Sánchez prepara el que será su último poemario, «El latido de la memoria», un libro que será posible gracias a que sus familiares y amigos recopilaron sus escritos de los últimos años

Esther González Sánchez ha escrito el poemario 'El latido de la memoria'

Pablo Hernández Gamarra

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Carolina Sertal

Carolina Sertal

Vigo

«¿Y cuál es ese?¡Ah, el de ‘Alzheimer’! Lo escribí y no volví a leerlo porque no sabía dónde lo tenía... A ver, me gustaría leerlo ahora, me gustaría leerlo para saber si se corresponde lo que escribí con lo que estoy viviendo, ¿me lo lees tú? ¿Cuál era tu nombre? Perdona, ¿cómo te llamabas?». Escucha atenta los versos que escribió hace años en voz ajena y, al morir el poema, concluye que «aunque lo escribí imaginando cómo sería la vida de una persona con la enfermedad antes del diagnóstico, sí que lo podría aplicar tranquilísimamente a mi vida».

En el salón de su domicilio en Vigo, Esther González Sánchez continúa perfeccionando el que será su último poemario, «El latido de la memoria», y bolígrafo en mano repasa un verso para averiguar por qué se equivocó al recitarlo, tacha alguna palabra y escribe encima la que considera más certera. Revisa también los títulos, aunque dice que de muchos ya no se acuerda, y a su lado es posible comprobar el vaivén de su mente, puesto que tras recitar a cámara el que ella misma indica que tituló «Mujer desconocida», apenas unos minutos después solo acierta a referirse a esos versos como aquellos que dedicó a una mujer que se había encontrado en el autobús, que consigue recordar triste y casi sin rostro.

Diagnosticada con la enfermedad de Alzheimer hace tres años, a un mes de cumplir los 77, esta autora viguesa presentará el próximo mes de septiembre en la ciudad olívica un libro que será posible gracias a que sus familiares y amigos se han ocupado de recopilar sus escritos de los últimos años y que conservaba inéditos en su domicilio en el ordenador, en cajones, en carpetas. Con el manuscrito próximo y algún poema suelto del mismo, Esther González indica que «este poemario me hace muchísima ilusión porque va a ser el último. La poesía para mí es un escape y, aunque no me sale como antes, es algo que viene de dentro, me ha acompañado toda la vida. Ahora ya no escribo nada, tengo otras prioridades, si aparece un pensamiento, lo plasmo a veces, pero poemas ya no escribo, porque ya no es exactamente poesía, es más bien un flash que me viene y lo escribo».

VIGO. ESTHER GONZALEZ CON ALZHEIRMER. ALEXANDRE BOVEDA

Esther González con el manuscrito de su próximo poemario, ayer en Vigo, junto a Ana Ghersi, a la izquierda, y su amiga Luz. / Pablo Hernández Gamarra

Preguntada por los inicios y su relación con el género lírico, Esther González cuenta que «la poesía yo creo que nació conmigo, porque me gustó desde siempre. Leía mucha poesía y empecé ya desde muy jovencita a hacer mis renglones poéticos. A medida que fue pasando el tiempo, me volqué más en ella y participé en recitales aquí, en Vigo. La poesía ocupó una gran parte de mi vida y fue muy importante porque me sirvió tanto cuando estaba contenta como cuando estaba triste, de hecho, mis poemas son de toda clase».

Buena prueba de ello son el casi centenar de poemas compilados para «El latido de la memoria», puesto que su amiga Ana Ghersi señala que abarcan temáticas de todo tipo, desde el amor o la sensualidad a composiciones vinculadas a la denuncia social alrededor de las personas migrantes perecidas en el mar o de las sin hogar, tal y como reflejan sus siguientes versos: «El mundo era una patria y también un volcán/ santuario de titanes y cantos gregorianos,/ afinando el indulto de ser pobre./ Yo te reconocí/ enhebrándote lívido/ a un pulmón en cuclillas/ y viéndote pasar/ a cuestas con el atlas desnudo de tu cuerpo/ y caminando torpe de musgos y humedades./ Llevabas demacradas las pasiones/ y tu ojo derecho perdido en un naufragio./ No supe más de ti y luego me contaron/ que te hundiste en sus aguas,/ y te llevó aquel frío/ a morir en la calle».

Sobre la enfermedad con la que convive desde hace varios años, Esther González asegura que tiene «una gran capacidad de aceptación», por lo que afirma: «La vivo con mucha paz y aceptación, porque creo que tenemos que estar dispuestos para lo bueno y para lo malo». Sin embargo, esta autora natural de Catoira y viguesa de adopción desde los 18 años, que se dedicó profesionalmente a la docencia de Matemáticas y Ciencias Naturales en Educación Primaria, también hace referencia a que el avance del alzhéimer lo siente como «un vacío tan grande... ¿Qué tengo que hacer hoy? ¿Qué tengo que hacer mañana? Recuérdame esto o lo otro ¿Cuándo tengo la consulta? ¿Cómo era aquello? ¿A dónde fuimos? Y no tengo ni idea. Tengo que pensar mucho, porque me olvido de todo y tengo que llamar a mi hermana, porque tengo muchos vacíos y mi recurso es ella».

Entre esos vacíos que menciona Esther González está el de los versos de su anterior obra poética, «Pleamares», de los que directamente dice no darse cuenta, aunque sus ojos sí se emocionan si habla de la persona a los que estaban dedicados, su compañero de vida, su marido, con quien sabe que fue «muy feliz».

El día de ayer «fue bueno» para Esther González puesto que, tras la visita en su domicilio, charlando con su amiga Ana Ghersi sí recordaba detalles de la conversación. Para cuando se desvanezcan, estas líneas a las que volver.

Poema 'Alzheimer', por Esther González

Si cesa la memoria,

¿a dónde va el recuerdo si cesa la memoria?

¿Dónde la identidad hundida y pálida

se inclina a vertebrar

esa espiral de humo que ensombrece el instante

andariego de auroras?

¡Ah, noche virginal, oscura y fría

y de áspero racimo!

¿Por qué pones raíces en todo lo que se ama

y te llevas los cantos

y el cántaro del agua en que bebimos?

¡Cuánto espacio ocupa considerar las rejas

en que viven tus pájaros como reos al uso,

y la precariedad de imaginarte

en ese cerca-lejos que te hace indiferente,

cuando vuelca en ti el mutismo

de apagados jardines

y sabemos por qué ciegan sus fuentes!

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