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Sanidad

Un médico de Vigo se suma a una llamada internacional para revisar el nuevo nombre del síndrome de ovario poliquístico

El ginecólogo Elkin Muñoz Muñoz, vinculado a IVI en Vigo, firma junto a especialistas de México, Murcia y Estados Unidos una carta en The Lancet que reclama mayor inclusión lingüística del idioma español y pacientes españoles y latinos antes de implantar el cambio de denominación

La citología puede detectar el cáncer de ovarios y otras patologías.

La citología puede detectar el cáncer de ovarios y otras patologías. / Freepik

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Elena Ocampo

Elena Ocampo

Vigo

El debate internacional sobre cómo llamar al síndrome de ovario poliquístico suma una voz con acento gallego.

Tras el cambio de nombre recién registrado, que pasó a Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino y que se produjo de manera oficial el pasado mes de mayo, tras un consenso global de 14 años en el que participaron más de 22.000 profesionales sanitarios y pacientes, una prestigiosa revista de impacto internacional recoge un alegato.

El doctor Elkin Muñoz Muñoz, director de la clínica IVI en Vigo, figura entre los especialistas que han publicado en The Lancet una carta científica en la que piden cautela antes de sustituir de forma global el término clásico de síndrome de ovario poliquístico, conocido como SOP o PCOS, por la nueva denominación propuesta: síndrome ovárico poliendocrino-metabólico, PMOS. La correspondencia aparece en el volumen del 4 de julio de 2026 de la revista médica.

La carta está firmada por Jorge Alejandro Michel Vergara, Elkin Muñoz Muñoz, Eric Saucedo de la Llata y Julio Ricardo Loret de Mola, un grupo con representación de México, España y Estados Unidos.

En el caso de Muñoz, el artículo lo vincula a IVI-RMA Global Alliance Research en Vigo y al Departamento de Obstetricia y Ginecología de la Universidad del Cauca, en Colombia. También participan especialistas ligados a la Clínica IMAR y Proyecto SOP, en Murcia, y a centros académicos y hospitalarios de Illinois, en Estados Unidos.

Los autores reconocen el valor del esfuerzo liderado por Helena J. Teede y colaboradores para revisar una nomenclatura histórica que consideran imperfecta.

El término «poliquístico», recuerdan, no refleja con precisión toda la complejidad de una enfermedad endocrina y metabólica muy heterogénea. Sin embargo, advierten de que cambiar el nombre por PMOS tampoco resolvería por sí solo el principal reto clínico del SOP: la gran variabilidad biológica, hormonal y metabólica entre pacientes.

Elkin Muñoz, de IVI Vigo.

Elkin Muñoz, de IVI Vigo. Uno de los firmantes del estudio / Marta G. Brea

La petición central del grupo es clara: no implantar una nueva denominación global sin garantizar antes una representación real de las distintas regiones, fenotipos y lenguas.

Según los firmantes, la participación española y n latinoamericana fue limitada en un proceso que aspira a redefinir una de las enfermedades endocrinas más frecuentes en mujeres. Además, subrayan un punto especialmente sensible para España y América Latina: los cuestionarios del consenso no se tradujeron al español, pese a ser una de las lenguas nativas más habladas del mundo y pese a que la adecuación cultural y lingüística había sido identificada como principio clave del cambio. Sí a otras mucho más minoritarias.

Los especialistas también alertan de que la nueva etiqueta podría ser «biológicamente imprecisa». A su juicio, el término «poliendocrino» no delimita con claridad la enfermedad, el componente «metabólico» podría sobredimensionar el riesgo cardiometabólico en algunas pacientes y la palabra «ovárico» seguiría centrando en un solo órgano un trastorno que es sistémico.

Además, consideran que la propuesta deja en segundo plano el hiperandrogenismo, una de las características endocrinas más constantes del SOP.

La carta no rechaza el objetivo de mejorar el lenguaje médico ni de reducir el estigma asociado al diagnóstico. Lo que plantea es que el cambio debe hacerse con más evidencia, más diversidad y más participación de los países hispanohablantes. «Una mayor inclusión lingüística y regional podría fortalecer futuros esfuerzos hacia un consenso verdaderamente global», sostienen los autores, antes de aplicar una terminología destinada a redefinir una enfermedad de alta prevalencia.

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