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Proyecto pionero

Son das Flores: una orquesta que sube nota y transforma vidas

El proyecto psicosocial y pedagógico del colegio Vicente Risco de Vigo emplea la música como herramienta para fortalecer el sentimiento de permanencia y mejorar la capacidad intelectual de sus jóvenes músico, procedentes de 17 países

la orquesta de Son das Flores, durante una actuación reciente en Vigo.

la orquesta de Son das Flores, durante una actuación reciente en Vigo. / FDV

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Vigo

«Música para la transformación». Este es el lema de Son das Flores, un proyecto psicosocial y pedagógico de carácter altruista que crea comunidad y sube nota. Creado por Sandra Fernández, graduada en Piano y profesora de música del CEIP Vicente Risco de Vigo, en el Barrio das Flores, marcado por un contexto socioeconómico complejo y una gran diversidad cultural, la iniciativa, pionera en Galicia, utiliza la música como dinamizador social y pedagógico. A través de una orquesta y coro, Son das Flores aprovecha los beneficios de esta disciplina y el trabajo en equipo para generar sentimiento de permanencia —su fundadora prefiere este término al de inclusión—, hacer comunidad, crear oportunidades para niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad y mejorar la capacidad intelectual de sus jóvenes músicos.

Los resultados hablan por sí mismos. Los alumnos que participan en esta iniciativa —75 de 17 nacionalidades este curso que acaba de terminar— no solo se sienten parte del barrio donde viven, sino que su rendimiento académico ha mejorado visiblemente. Siete de cada diez afirman que han mejorado de «forma significativa» en Lengua y Matemáticas, y un 70% reconoce que cuida «mucho» mejor sus materiales que antes.

«Los alumnos adquieren valores como la responsabilidad, la constancia, la creatividad y la sensibilidad, al mismo tiempo que refuerzan otros como la tolerancia, el respeto y la empatía. Además, a través de la práctica musical desarrollan competencias cognitivas como la atención y la concentración, lo que repercute directamente en su rendimiento académico», explica su fundadora.

Y un dato que puede resultan más llamativo aún en la era de las nuevas tecnologías: el 87% prefiere la orquesta a la televisión o los videojuegos. «Los niños se divierten tocando y crean relaciones cara a cara», comenta su directora.

De hecho, al menos la mitad de sus integrantes afirma que han mejorado «bastante» su relación con otras familias. «El trabajo en una gran orquesta exige desarrollar habilidades sociales fundamentales. Aprenden a escucharse, respetarse, ser tolerantes, colaborar y entender que forman parte de un equipo. Todas esas capacidades terminan trasladándose a su vida diaria y mejoran también la convivencia, dentro y fuera del colegio», explica.

Y por si esto no resultara suficiente, las experiencias que viven gracias al proyecto fortalecen su autoestima. «Actuar en conciertos, y recibir el reconocimiento del público y de sus propias familias les aporta confianza y les ayuda a creer en sus capacidades y en la posibilidad de construir un futuro diferente», sostiene su alma mater.

El seguimiento del proyecto no podría ser más positivo, ya que, de los 95 alumnos del centro, 75 participan en esta práctica musical, en la que siguen involucrados estudiantes que pasaron antes por el colegio y que ahora estudian en institutos de la zona.

Fernández explica que el proyecto surgió al detectar que muchos menores del barrio no podían acceder a actividades extraescolares por razones económicas o familiares, y está inspirado en el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, creado por el maestro José Antonio Abreu y Yehudi Menuhin en 1975. «El proyecto nació para cubrir una necesidad de atención educativa por las tardes. Detectamos que muchos niños y niñas no realizaban actividades extraescolares, bien porque sus familias no podían permitírselas económicamente o porque tenían otras prioridades y no podían acompañarlos. Nuestro objetivo era acercar la música a estos niños y convertir el colegio, durante las tardes, en un espacio de ocio educativo y saludable, donde estuvieran acompañados por referentes adultos y alejados de situaciones de riesgo», explica Fernández.

El proyecto arrancó en el curso 2021-2022 con una única orquesta compuesta por 43 escolares de Primaria. «Comenzamos sin recursos. No teníamos ni instrumentos, así que construimos una primera orquesta con instrumentos de cartón: violines, violonchelos y contrabajos. Con esos instrumentos empezamos a dar los primeros conciertos. Aunque no sonaban como instrumentos reales, los niños utilizaban su voz y aprendían la técnica, la posición, las partes del instrumento y el cuidado del mismo», explica la profesora.

A medida que el proyecto fue ganando visibilidad, comenzaron a llegar donaciones de instrumentos y aportaciones económicas que hicieron posible la adquisición de nuevo material. «Al final de curso, teníamos 16 instrumentos para los 43 niños, por lo que debían turnarse. Cada nuevo instrumento nuevo que llegaba era una celebración. Con el tiempo, todos los niños pudieron disponer de uno propio», comenta.

Cuatro años después, el proyecto ha crecido hasta contar con cuatro orquestas organizadas por niveles y un coro en el que participan todos los integrantes. «El proyecto ha ido creciendo de forma natural, casi por inercia, y está transformando muchas vidas, permitiendo incluso que algunos alumnos inicien estudios en conservatorios y vivan experiencias que antes no habrían imaginado», sostiene.

Para hacer posible este crecimiento, en 2023 se creó una asociación sin ánimo de lucro para recabar fondos, lo que permitió contratar profesorado especializado. Actualmente participan seis docentes contratados de distintas especialidades y otros seis voluntarios procedentes de conservatorios, escuelas de música y del ámbito educativo, entre ellos una catedrática del Conservatorio Superior de Música de Vigo, maestros jubilados y estudiantes en prácticas del conservatorio, incluidos alumnos Erasmus. A este equipo se suman otros profesores del colegio que colaboran de forma voluntaria y altruista cuando hay conciertos, desplazamientos u otras actividades.

«El proyecto ha ido creciendo de forma natural y está transformando muchas vidas»

Sandra Fernández

— Creadora y directora de Son das Flores

Los alumnos nuevos comienzan cada año con la orquesta de cartón, mientras se incorporan a la orquesta real cuando se consiguen instrumentos suficientes. «Esto también facilita la implicación de las familias, ya que participan en talleres para construir los instrumentos, lo que favorece la creación de redes sociales y de apoyo en un contexto de gran diversidad cultural», sostiene Fernández.

La actividad artística de Son das Flores se ha multiplicado durante los últimos cursos. Además de las actuaciones habituales en el barrio, durante este curso escolar han participado en el concierto del Día de la Paz en el Auditorio de Teis, en la gala de premios de la Diputación de Pontevedra —donde recibieron un reconocimiento como proyecto inclusivo— y en un acto organizado por la Consellería de Sanidade, donde se valoró la contribución del proyecto a la salud mental.

También obtuvieron tres premios en un concurso de coros infantiles celebrado en el Teatro Afundación, organizaron conciertos didácticos para escolares de Vigo y promovieron actividades comunitarias como la Fiesta de las Flores. Asimismo, el año pasado actuaron en el festival PortAmérica, en la Cidade da Cultura y participaron en el programa Talento Solidario de la Fundación Botín. Incluso han presentado un cuento musical, escritos por los propios alumnos, en el Auditorio del Concello de Vigo.

Una de las experiencias que recuerdan con más cariño es su participación en el programa televisivo «Got Talent España» en 2023, donde consiguieron los cuatro votos favorables del jurado. «Esta vivencia ayudó a muchos niños a comprender que sus sueños también pueden hacerse realidad», asegura Fernández.

La orquesta Son das Flores, en uno de sus ensayos.

La orquesta Son das Flores, en uno de sus ensayos. / FdV

Si algo distingue a Son das Flores es la diversidad cultural de sus jóvenes músicos, un riqueza que forma parte de su propuesta artística. Durante este curso, la orquesta ha preparado un repertorio formado por música tradicional de los países de origen de sus integrantes, interpretando piezas de lugares tan dispares como Brasil, Palestina, Senegal, Venezuela y España. Además de tocar instrumentos de cuerda, los jóvenes músicos cantan en diferentes idiomas, entre ellos wolof y ucraniano. Ese trabajo culminó recientemente con un concierto en Castrelos, donde ofrecieron un viaje musical por distintas culturas que reflejó la realidad multicultural del barrio.

El proyecto ha crecido con el paso del tiempo, pero su filosofía siendo la misma. Cualquier niño o niña puede participar, independientemente de su experiencia o habilidades musicales. No existen pruebas de acceso ni procesos de selección ni se necesita tener un instrumento. «El objetivo no es formar virtuosos, sino utilizar la música como una herramienta de desarrollo personal y para generar sentido de permanencia», sostiene.

De hecho, el nombre del proyecto, «Son das Flores», tiene ese doble significado. Por un lado, hace referencia a «el sonido de las flores», entendiendo la diversidad de sonidos que cada niño aporta con su instrumento y su voz, cada uno con sus características y particularidades. Por otro lado, también expresa la pertenencia al barrio de las Flores, reforzando la idea de comunidad. «No se trata de incluir a alguien desde fuera, sino de que cada niño y niña sienta que forma parte del proyecto desde el principio. Utilizamos la música como herramienta de justicia social», sentencia su fundadora.

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