Crisis migratoria
El coste de la vida diaria empuja al ‘backway’ en Gambia
La falta de empleo, el encarecimiento de la vida y la presión familiar empujan a muchos jóvenes hacia el camino de atrás

Cuatro jóvenes reparan redes en la playa de Tanki, Gambia. / José Carlos Guerra
En Gambia, la ruta hacia Canarias no empieza en una playa ni cuando un cayuco —o kulung, como lo llaman en el país— se hace a la mar. Empieza mucho antes. En las casas donde el dinero no alcanza, en los mercados donde los precios suben y en los jóvenes que, tras estudiar o aprender un oficio, siguen sin encontrar un trabajo estable. Allí, a la migración irregular muchos la llaman el 'backway': el camino de atrás, la vía peligrosa que se presenta como una posibilidad de futuro.
Para Canarias, esa realidad no es lejana. Cada embarcación que llega al Archipiélago trae detrás una historia iniciada a más de mil kilómetros, en un país pequeño, joven y vulnerable. El salario medio ronda los 5.000 dalasis, unos 100 euros al mes, una cantidad insuficiente para cubrir necesidades básicas. La comida, la escuela, el transporte o la atención médica son una carga difícil cuando apenas existen redes de protección social.
La presión se entiende mejor al mirar algunos precios básicos. En los mercados gambianos, un kilo de arroz puede moverse entre los 50 y los 72 dalasis en zonas urbanas, y llegar hasta los 125 en áreas como Basse. Así, llenar la despensa puede consumir buena parte del presupuesto familiar.
Adrian Corish, activista y creador del Centro Africano de Asesoramiento Migratorio, resume esa realidad con crudeza: «En Gambia no existe un salario mínimo y lo que ganan muchas familias no alcanza para vivir. En ese contexto, la migración irregular acaba presentándose como la única salida posible».
La decisión de marcharse rara vez es individual. En muchas familias, los hijos son vistos como el futuro económico del hogar. De ellos se espera que ayuden a pagar comida, medicinas, matrículas o deudas. A esa presión se suman las imágenes que llegan desde Europa: casas con remesas, fotos en redes sociales y relatos de éxito que pocas veces muestran el otro lado del viaje: desapariciones, explotación o tumbas sin nombre.
En las comunidades costeras, la situación se agrava. Muchos jóvenes vinculados a la pesca aseguran que cada vez es más difícil vivir del mar. La falta de ingresos empuja a mirar hacia el mismo Atlántico que antes daba sustento como una ruta de escape. Gambia es punto de salida no solo para gambianos, sino también para migrantes de otros países africanos que buscan alcanzar Canarias.
El backway no es, por tanto, una aventura ni una simple llamada de Europa. Es el resultado de pobreza, desempleo, presión familiar, falta de expectativas y redes de tráfico que convierten la desesperación en negocio. Desde las Islas, donde la ruta atlántica se mide muchas veces en cifras de llegadas, mirar hacia la vida cotidiana en Gambia permite comprender que cada cayuco es también el síntoma de una crisis que empezó mucho antes de tocar la costa canaria.
Fuente: La Provincia - Diario de Las Palmas
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