Nuevas tecnologías
Alumnado con móviles «secuestrados» durante un mes: el desafío digital del Instituto Politécnico Marítimo Pesqueiro do Atlántico en Vigo
El centro impulsó este curso un reto digital pionero: depositar el teléfono en una urna bajo llave durante 30 días consecutivos para optimizar el bienestar de los estudiantes
La «desintoxicación» de pantallas mejoró un 30% su concentración y un 50% sus habilidades sociales, y todos reportaron un descanso más reparador

Alba Villar

«El módulo de Sanitario del Instituto Politécnico Marítimo Pesqueiro (IPMP) do Atlántico de Vigo reta a un desafío digital para mejorar el bienestar. ¿En qué consiste? 30 días sin el uso de pantallas, se dejarán los dispositivos en el centro y se podrán recuperar en caso de abandonar el reto o por emergencia. ¿Por qué unirse? Mejora la concentración, disminuye la sobrecarga de información y presión social, mejora el sueño y aumenta el tiempo para ti». Fue el mensaje que sirvió de gancho a Melisandra Rubio para «captar» a alumnado que se animara a participar en el que constituyó todo un reto pionero en un centro educativo español a través del cual, con el objetivo de comprobar los beneficios de una «desintoxicación» de pantallas, se «secuestraron» los móviles de un grupo de estudiantes durante un mes.
Finalizado el curso y con el balance de este experimento social en la mano, junto a dos alumnos de los grados de Máquinas y Puente que participaron en el desafío, esta docente del IPMP do Atlántico de Vigo aporta cifras contundentes que revelan de qué manera afecta el uso cotidiano de los dispositivos móviles y qué esconde la dependencia que generan. Y es que, al cabo de 30 días, gracias a unos test comparativos que los participantes cumplimentaron antes y después de finalizar el reto, Melisandra Rubio afirma que se pudo constatar que el alumnado no solo mejoró radicalmente la concentración, superando el 30%, sino que «también desaparecieron síntomas como dolores en cuello y muñecas por las malas posturas y uno de los datos más destacados fue el de las habilidades sociales, que mejoraron un 50%», indica la profesora del módulo de Sanitario del instituto vigués.
El participante más joven en esta iniciativa contaba con 17 años recién cumplidos y el más veterano fue un alumno de 68 años de edad. En este sentido, Rubio explica que inicialmente se apuntaron al desafío 28 alumnos del centro, sin embargo, cuando llegó el día de depositar el móvil en la urna para «requisarlos» bajo llave, tan solo fueron 19 los que efectuaron la entrega: «De todos, solo hubo una estudiante que decidió abandonarlo porque le generaba mucha ansiedad no poder estar actualizada, pero el resto, con más o menos ansiedad, lo completaron perfectamente. Es la primera vez que se lleva a cabo un reto así de 30 días en España y participamos también en él dos profesoras. Mientras lo hacíamos, había que rellenar en unas libretas tanto las sensaciones como el estado de ánimo, qué habían hecho ese día, qué esperaban mejorar o qué cosas les habían costado más. Y, aunque solo se les retiró el móvil y se les permitía dos horas de pantalla al día, para mí es todo un éxito la mejoría de su atención sostenida, comprobada también en las aulas por otros profesores; de la socialización y también del descanso, ya que todos los participantes detectaron una importante mejora», detalla Melisandra Rubio.
En primera persona
Estudiante del primer año del ciclo medio de Puente, Iago Gómez confiesa que solo la idea de no tener a mano el teléfono móvil durante un mes le generaba bastante «ansiedad», pero al mismo tiempo confiesa que «sentía curiosidad por conocer cómo era la sensación de estar sin él, de vivir el día a día de la misma manera que lo hacían nuestros padres y nuestros abuelos antes, cuando no tenían ni móviles ni internet».

La docente Melisandra Rubio junto a Ariel Cagliari e Iago Gómez, alumnos participantes en el reto digital. / Alba Villar
El reto coincidió en época de exámenes y este estudiante del IPMP de Vigo destaca que ese fue uno de los aspectos que peor llevó del desafío digital, apuntando: «Soy un poco despistado y sí que lo eché de menos para preguntar cosas sobre las clases, si había deberes o cuáles eran las fechas exactas de los exámenes, además de alguna duda cuando estaba estudiando. Personalmente, este fue mi mayor miedo al dejar el móvil, porque del resto tenía también mucha curiosidad por ver qué aspectos mejoraba».
A su lado, alumno del primer año del ciclo superior de Máquinas, Ariel Cagliari aborda su propia experiencia mencionando que «no fue nada complicado porque hace un año hice algo parecido, pero con Instagram. Es cierto que me costó, pero lo acabé llevando, y en este reto, es que nadie se murió por no usar el teléfono durante un mes. Lo peor son los primeros días y luego los últimos, y también es cierto que al coincidir con exámenes fue un poco molesto. Lo que más eché de menos fue pagar con el teléfono y también ChatGPT para consultar algunas dudas cuando estudiaba». Al margen de vivir una «aventura» viajando hasta A Estrada sin el dispositivo, como aspectos positivos, Cagliari hace alusión a que «como experiencia está muy bien porque te das cuenta de que ya no estás pendiente de las notificaciones y, por ejemplo, puedes estudiar más tranquilo».
Iago Gómez coincide con su compañero de centro formativo y afirma que «al estudiar es cuando más lo notas, porque sabes que ya no tienes el móvil y que no vas a estar pendiente de notificaciones, por lo que estás más concentrado». Asimismo, este alumno señala que otro aspecto positivo de la experiencia fue que retomó «aficiones que tenía olvidadas, como tocar la guitarra o el piano». Por su parte, Cagliari apunta que «aunque traté de leer, me duró una semana, pero después como juego a muchos juegos de mesa con mi novia, realmente es que hice mi día a día normal».
A modo anecdótico, Rubio hace referencia a que muchos de los participantes adquirieron teléfonos rudimentarios con los que solo podían efectuar llamadas y pone en valor que estar sin pantallas, además de un aumento de la socialización en el recreo, cuando se incrementaban las interacciones entre compañeros, también se agudizaba el ingenio para «buscarse la vida». Tras haber «sobrevivido» un mes sin móvil, tanto esta docente como Iago Gómez y Ariel Cagliari animan a otros centros educativos a replicar la iniciativa: «Es una experiencia muy interesante».
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